jueves, 2 de julio de 2009

Los Ángeles de Vicente


Cuando me enteré del fallecimiento de una de las actrices de Los Ángeles de Charlie, muchas cosas pasaron por mi cabeza. Entre ellas, un sombrero tirolés que se me posó y me acompañó hasta ayer, cuando partió en migración junto a su bandada hacia testas más cálidas del norte de África.

Si tuviese que quedarme con un animal, sería sin duda el sombrero tirolés: es noble, elegante, fiel, aguerrido y tiene, junto con la camiseta imperio, uno de los rituales de reproducción más cómicos del reino animal. Ja, ja, sólo de recordar a dos sombreros tiroleses en época de celo me entra risa, ja ja. Lástima que un 89% de las sombreras no sobrevivan al parto y sus cuerpos inertes aparezcan varados en las costas, comidos por los peces y por los portalápices marinos. Ja, ja, los portalápices marinos, ja ja. Otro día les contaré más cosas sobre animales, recuérdenmelo cuando me vean por las calles dando saltitos con mi saltapic o asomado a una ventana lanzando miguitas de pan a los sinfonieres.

También me vino el recuerdo de cuando en un intento de modernizar la organización secreta en la que trabajo, mis superiores decidieron crear un cuerpo de élite femenino guiado por mí. Eran tres mujeres (de ahí lo de femenino) expertas en artes marciales y altamente cualificadas para desarrollar peligrosísimas misiones.
Formamos un equipo llamado, en un alarde de originalidad, Los Ángeles de Vicente (si esto fuera una historieta de Mortadelo y Filemón, ahora estaríamos en una viñeta muy grande con el nombre en letras gordas, o como las llaman los diseñadores gráficos, letrotas). Al igual que en la serie, ellas no me veían la cara, fue la única condición que pusieron para trabajar conmigo. Se llamaban Inga, Scarlett y Práxedes. Y eran de Noruega, de Suecia y de Sueca, che.

Nunca olvidaré cuando mi abuelo me regaló mi primer Werter's Original ni nuestra primera misión. Desde mi despacho apreté el interfono y dije: "Ángeles, dejad todo lo que estéis haciendo y venid, hay una misión urgente que cumplir."

Minutos después, entraron por la puerta:

- Perdona mi atuendo Vicente, pero es que estaba probándome el catálogo de lencería femenina de Women Secret y como has dicho que lo dejáramos todo...

- Y el mío, yo estaba experimentando qué se siente al embadurnar mi cuerpo de top model con nata. Nunca sabes cuándo te va a hacer falta.

- Yo me estaba duchando y para no venir desnuda, me he puesto una muñequera, aunque escotada.

Rediela, aquéllos sí fueron buenos tiempos. Eran auténticas profesionales y no fallaron nunca ninguna misión. Y si lo hicieron, a mí plim. Me bastaba con que lo intentaran y me pasaran vídeos de sus fiestas del pijama sin pijama. Nunca he sido un jefe excesivamente autoritario.

Sin embargo el tiempo es como Luis Cobos, que todo lo que toca lo estropea y al cabo de unos años me vi en la obligación de deshacer el equipo. Inga salió del grupo cuando me negué en redondo a acatar las órdenes de su sindicato que exigía cambiar el nombre por el de Los/Las Ángeles/as de Vicente/a.

A Scarlett le salió cara su afición al embadurnamiento de nata y murió obesa, con el colesterol por las nubes y devorada por una manada de calcetines salvajes.

Con Práxedes la ruptura aún fue más traumática: se me ocurrió decir que en Dénia se hacen mejores paellas que en Sueca y montada en cólera trató de asfixiarme apretándome la miembra con un cascanueces. Por suerte la llevo forrada de amianto para evitar constipados y la cosa no fue a mayores. Aunque al quitarme el forro para ver si me había dañado, me constipé. Je, si lo sabía yo.

Luego la organización decidió sustituirlas por un coche negro que hablaba, se ponía a dos ruedas para pasar por entre camiones cargados de hortalizas y estaba preparado para destruir carros de heladeros en persecuciones por las calles de San Francisco. Y a mí me asignaron como secretaria a la señora Angelines, una señora de Cuenca que no sabe kárate pero que en sus ratos libres amaestras camisetas imperio en la terraza de su casa.

Y de ella es de donde saco todos mis conocimientos sobre el mundo animal con los que impresiono a mis amigos. Y a la larga, compensa. Vaya si compensa...

viernes, 26 de junio de 2009

Mi lucha



Extracto de las memorias de Jacinto Estrada, agente secreto de las Brigadas Rosas al que asignaron la misión de asesinar a Hitler o, en su defecto, ponerle una pinza en la nariz sin que se diera cuenta.

(...) Y allí estaba yo, en plena noche, en su habitación, al pie de su cama. Y allí estaba él, con su bigotillo, con sus ojitos cerrados, con su impoluta raya al lado y agarradito a la cintura de Eva Braun cuyos ronquidos solapaban el ruido de mis pasos.

Burlar a los guardias de la GESTAPO que custodiaban la fortaleza fue mucho más sencillo de lo que imaginé. Bastó con usar el viejo truco de decir “Perdón, es que me he dejado esta mañana una cosa que me hace mucha falta y…” para ir pasando un control tras otro. En el último, el más férreo, usé la infalible técnica de ir andando hacia atrás para que creyeran que me estaba yendo. Todo salía a la perfección.

No era, no vayan ustedes a pensar, mi primera misión de alto riesgo. Ya durante la Guerra Civil me introduje dentro de una barra de pan en la cárcel de Alicante para abastecer de máscaras antigás a un grupo de compañeros arrestados y condenados a muerte por repartir panfletos a favor de Soraya en Eurovisión. Debido un error provocado por el caos reinante en el bando republicano la misión no acabó como debiera ya que todos ellos fueron fusilados al amanecer (eso sí, sin inhalar nada de pólvora) mientras yo me las veía y me las deseaba para escapar oculto dentro del mango de una gran lima.

Ese fracaso hizo que mis superiores decidieran enviarme a Siberia con una camiseta imperio y la prohibición de entrar en España hasta que Franco se presentase a las elecciones por Izquierda Unida. Pasé una temporada bastante constipado y con la pilila más arrugadita que una uva pasa, pero un tiempo después el Partido volvió a reclutarme: esta vez querían que pasara una noche de pasión con La Pasionaria, a lo que contesté que tampoco se estaba tan mal allí. Seguramente me hubiesen dejado morir congelado como una merluza en daditos si las noticias que llegaban desde Europa no hubiesen sido tan alarmantes: Hitler seguía avanzando, Mussolini ostentaban cada vez más poder y el Real Madrid había fichado a Di Stéfano. Los defensores de la democracia debían actuar. Y ahí entraba yo de nuevo.

Una mañana, mientras me hallaba yo componiendo una canción titulada Hielo Submarine recibí el encargo vía paloma mensajera con bufanda: debes matar al Fürher. Y cuanto antes. ¡¡Venga!! ¡¡¡Hop, hop, hop!!!

Una línea después estaba a la orilla del Rhin, parapetado tras una jarra de cerveza y ataviado con el traje típico alemán: una camiseta de Beckenbahuer. Tras pasar unas duras pruebas me infiltré en las SS que para mi sorpresa, significaba Somos Superguays y sólo dos meses después me destinaron al equipo de defensa personal del canciller. Ganarme la confianza de los nazis fue complicado ya que a los alemanes no les hacen risa los chistes de un inglés, un francés y un español. Por suerte, conseguí la amistad con Goebbles cuando le conté el truco de decir “correo comercial” en vez de “propaganda” para que le abriesen las puertas por el telefonillo. Y eso me facilitó mucho las cosas.

Y ahora estaba a sólo un metro de mi objetivo. Iba a matar al puerco más sanguinario que la humanidad ha tenido que soportar. Sin embargo, al bajar la mirada y ver junto a la cama sus dos pantunflas con forma de perrito con la lengua fuera me entraron dos dudas existenciales:

- ¿Se dice impreso o imprimido?

- ¿Quién soy yo para quitarle la vida a un hombre?

Fue entonces cuando comprobé que su existencia y la mía tenían nexos de unión: a los dos nos habían suspendido en dibujo. Y quién sabe, quizás sus palabras a favor del exterminio del pueblo judío se habían malinterpretado (todo el mundo sabe que en alemán cualquier cosa que digas parece peor). Entonces comprendí que no podía cumplir la misión.

Así que opté por una alternativa satisfaciera a mis superiores y que no me dejase pesos morales en la conciencia. Aprovechando su letargo y con la ayuda de mi navaja albaceteña le practiqué una circuncisión que me quedó niqueladita. Luego le adherí dos tirabuzones ondulados a ambos lados de las sienes y con un trocito de boina que siempre llevo puesta le fabriqué un birrete que le sentaba fetén.

Lo que sucedió al día siguiente cuando se despertó y se vio al espejo es algo que (con matices, eso sí) ya recogen los libros de historia y que desencadenó la confusión que aproveché para tratar de exiliarme a México oculto en una lata de mejillones de Baviera que, si se me permite el inciso, no tenían nada que envidiar a los de la ría de mi pueblo, a los que aprovecho para saludar.

martes, 23 de junio de 2009

Vida laboral


Quería que mi trabajo no me impidiera conservar a mis amistades. Por eso me hice taxidermista.

jueves, 18 de junio de 2009

Pioneros



Pocos, muy pocos, conocen la figura de Willy Belafonte, uno de los pioneros del rock&roll estadounidense y al que la historia y el destino maltrataron con ensañamiento sólo por el hecho de nacer y morir el mismo día y a la misma hora que Elvis Prestley. Su figura, hasta ahora marcada por el más absoluto de los anonimatos, supuso un vuelco radical en la música contemporánea y su influencia puede notarse en gran parte de las canciones que escuchamos hoy día por la radio o como prefieren llamarla los puristas, por el transistor.

Willy Belafonte se crió en un ambiente en el que la fama y el reconocimiento social no era algo ajeno. No en vano, su padre, William Fernando Belafonte pasó a la posteridad por ser la primera persona que confunció el tocino con la velocidad, razón por la cual toda su familia pasó pasó mucha hambre, pero la pasó rápido. También hay retazos de gloria en el currículum de su tío, Isaac Belafonte Alexandre, que en un asecensor fue el primero en pensar (y llevar a cabo, ahí está quizás, el mérito) que si con una navaja borrabas las letras "I" y "M" de la frase "Impidan que los niños viajen sólos", la diversión estaba más que asegurada.

Con estos antecedentes, no era extraño que cuando Willy sólo tenía 5 años, su familia ya notase que el niño mostraba unas más que evidentes inquietudes. A los 7 años y tras haber probado sin éxito el solfeo, el béisbol, las matemáticas, el kárate, la mecanografía, la papiroflexia y la esgrima, descubrieron que en realidad era que le molestaba la etiqueta del suéter.

A pesar de la poca fortuna del niño con la primera prueba de contacto con el mundo de las melodías (su profesor de piano lo definió como alguien muy similar a Beethoven: le gusta música pero debe ser completamente sordo) su madre siguió empeñada en que durante su adolescencia aprendiese a tocar un instrumento. Tuvo (cosas de la edad, ya saben) que insistir mucho y que añadirle que en la medida de lo posible, el instrumento debía ser musical y que dejase de hacer eso o se quedaría completamente ciego.

Fue durante una comida del Día de Acción de Gracias cuando toda la familia asistió asombrada al nacimiento de una leyenda. Al acabar la comida, el abuelo James Belafonte Ribs pidió a Jessica, la criada, que sacara las botellas de licor, a lo que ella obedeció sumisa, como no podía ser de otra forma. En una bandeja portó varias botellas que depositó sobre la mesa. Todos se sirvieron un par de copas y la mezcla del alcohol con la alegría de estar todos juntos hizo que el tío George Belafonte Fields se lanzara a cantar Sweet Home Alabama, pero en gallego. Y todos le siguieron, excepto Willy, que se había atragantado con un huesecillo del pavo y estaba comiendo migas de pan a ver si bajaba. Pero no.

Precavido como era, decidió no arriesgar a cortar sus cuerdas vocales con un gorgorito y pensó cómo podría él colaborar en la canción. Ya está, tamborilearé con los dedos, sin caer en la cuenta de que se los había abrasado por completo al intentar sacar el pavo del horno. Tampoco podía silbar, ya que la sopa que había tomado de primero estaba tan caliente que había quemado sus labios y su lengua, razón por la cual, además, no podía decir "aserradero" y dependiendo de cómo le diera la luz en la cara, se parecía cosa mala a Ana Torroja.

Total, que se dio por vencido y asumió que aquella fiesta no iba con él. Así que cogió una cucharilla y al ir a comer un trozo de pastel reparó en aquella botella sin abrir que había traído el tío Raoul Belafonte Hill de su viaje a España. Un mono con la cara de Darwin en su etiqueta y un líquido transparente. Y lo más importante: unas estrías en el cristal que, oh maravilla, al rasgarlo con la cucharilla produjo un sonido que estremeció al resto de comensales. Tras unos momentos de silencio para asimilar tanta belleza la canción siguió, ahora sí, acompañada por los acordes de Willy a la botella. Cuando acabaron todos estaban llorando de emoción, excepto tía Annete, que lloraba porque tratando de cortar la carne se había clavado no ya el cuchillo, sino el pavo entero, en pleno pulmón.

Quiso la casualidad que justo en la casa de al lado estuviese comiendo Andrew Ormaech, a la sazón cazatalentos de la prestigiosa Redound Records. Al oír aquello saltó por la ventana y fue corriendo a la residencia de los Belafonte, a la que entró (lo cortés no quita lo valiente), por la puerta. Allí mismo le ofreció un contrato de 5 años y 10 discos con su firma. Y empezó la carrera musical de Willy Belafonte.

¿Qué pasó luego? Muy sencillo, su primer éxito musical "Me, my bottle, my litlle spoon and me" le catapultó a lo más alto de las listas de ventas. Los éxitos, las entrevistas, los discos, las chicas... Y cuando parecía que todo iba a ir sobre ruedas, desde una emisora de radio se escucharon los primeros acordes de "Love me tender". El fenómeno Elvis arrasaba con todo. Para tratar de contrarrestarlo, los poco avezados representantes de Willy trataron de poner de moda un peinado consistente en cortarse las patillas incluso por encima de las orejas y en ponerle también un mote a Willy: "el cóxis".

Pero no hubo tutía. La caída de Willy era irremediable. Y pasó los años entrando y saliendo de la cárcel debido a sus problemas con las puertas giratorias y actuando en tugurios de mala reputación (y peor whisky). Y de ahí, a peor, al más absoluto de los olvidos.

¿Por qué no se conservan sus discos? Pues parece ser que porque alguien grabó encima un disco de los Indios Tabajaras. Sólo queda uno, que está en el museo del rock&roll de Tenesse, y sirve para sostener una pata de una mesa en la que están expuestas las pelucas que lleva el de Amaral debajo del sombrero, en una clara alegoría de la importancia de la música de este genio incomprendido y tan poco reconocido.

Cuenta la leyenda que Willy pasó sus últimos días en Kansas City, obeso y arruinado, lo cual le incapacitaba incluso para pedir limosna (¿darías tú dinero a un gordo?, ¿eh?) y triste, agarrado a su botella y a su cucharita, como un yonky cualquiera. Y que una anciana lo encontró muerto en un callejón mugriento, el 16 de agosto de 1977.

Aunque hay otros que dicen que Willy aún está vivo, escondido del mundo y que el día menos pensado volveremos a oír el dulce sonido de su música, ringa, ringa, ringa. Ringa, ringa, ringa.

Que así sea. Amén.





jueves, 11 de junio de 2009

Metamorfoseando la metamorfosis (4)


Por la mañana, y tras un sueño intranquilo, Gregor Samsa despertó y descubrió que quien se había convertido en un escarabajo era su coche.

viernes, 5 de junio de 2009

LA REVOLUCIÓN FRANCESA, THE SITCOM

Extracto del guión del episodio piloto de esta teleserie, que finalmente no verá la luz debido a presiones de diferentes estamentos, como la asociación de personas en contra de las teleseries (APCT) o la Federación Española Oligárquica Trapecista Española (FEOTE). Todos los derechos están reservados. Cualquier reproducción, total o parcial, de estas líneas, será castigado con una noche encerrado en una habitación con Ramoncín.

París, 14 de julio de 1789. Tiempos convulsos en Francia. Luis XVI ve cómo no sólo las masas están sublevadas, sino que además, Ikea ya tiene más muebles que él. La crisis económica es tan grave que Jaques Villenueve decide quitarse la vida al no ver futuro para su negocio, una empresa de guillotinas. Irónicamente, se suicida no cortándose la cabeza, sino el resto del cuerpo. Interior Día. Mientras las calles están siendo tomadas por el pueblo llano y la nobleza huye a escondidas disfrazados de gondoleros venecianos o silbando y andando con la cabeza gacha y las manos en los bolsillos, en una habitación algunos de los más importantes mentores de la Revolución tratan de poner los cimientos al nuevo estado de las cosas, en lo que se llamaría el comienzo de la Ilustración, y que años después sería seguido por gente como Ibáñez, Sonia Pulido, Escobar, Mewell o la Señorita M.

Allí tenemos a Rosseau, Montesquieu, Voltaire, Marat, Danton y Carla Bruni, que ya entonces tenía fama de buscona. Están comiendo baguettes rellenas de croissant, plato típico por aquella época. De fondo se oyen cañonazos y vemos por la ventana volar alguna sotana sin nadie dentro.

ROSSEAU: Necesitamos un lema. O como decimos nosotros los franceses, un slogan.

DANTON: Libertad, igualdad y…

VOLTAIRE: ¡El plus pal salón!

DANTÓN: No sé, no sé, le falta algo.

ROSSEAU: ¿Y Just do it?

DANTÓN: No me acaba, lo veo poco deportivo.

SFX: Llaman a la puerta.

MONTESQUIEU: ¿Quién es?

OFF: Soy yo, Larousse. ¡Abridme!

TODOS: ¡¡¡Que no queremos enciclopedias!!!

LAROUSSE (desde fuera): ¡Que no es eso, que traigo noticias! ¡La multitud ha tomado La Bastilla!

MARAT: (mientras abre la puerta) Ja, ja se me ha ocurrido una gracia con eso de tomar La Bastilla. ¿Os la cuento?

VOLTAIRE: No hay tiempo, la revolución ha empezado. Que alguien llame a Montblanc para que traiga un boli y un papel, tenemos que hacer la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

DANTON: ¡Y a la mujer que vive en un pueblo, que le den por le darriere!

VOLTAIRE: Artículo Uno, todos los franceses deberán llevar camiseta blanca con rayas horizontales azules. Y las francesas, gorrito de medio lado.

MARAT: Dos, queda totalmente prohibida la letra egue.

MONTESQUIEU: Los españoles no podrán participar en el Tour de Francia ni en Roland Garrós.

VOLTAIRE: Vale, estos serían los más importantes para salir del paso. En el resto, poned Loren Ipsun y ya lo sustituiremos por texto bueno.

SFX: Llaman a la puerta.

OFF: Abridme, soy yo, Cousteau.

TODOS: ¡¡¡Que no queremos colecciones en fascículos de tus peces!!!

COUSTEAU: Que no, que no, que traigo noticias frescas. La multitud ha decapitado a Luis XVI. Ahora es Luis X y VI.

MARAT: (abriendo la puerta) Esto se está poniendo interesante. Estamos escribiendo una de las páginas más importantes de la historia. Me voy a casa a darme un baño, que no querría que me recordaran como un tipo que no se ducha.

VOLTAIRE: Tienes razón, como me gusta decir a mí, Au Revoire.

MONTESQUIEU (emocionado): ¡¡¡VIVA LA REPÚBLICA!!!

Silencio. El resto de personajes lo miran extrañado.

MONTESQUIEU: Perdón, no sé por qué, he creído que estaría bien acabar así la reunión.

Todos van saliendo, excepto CARLA BRUNI, que se desnuda, tapa sus vergüenzas con una guitarra (española, eso sí) y se queda tarareando Alesanfándelapatrí con su voz dulce y aterciopelada. Y con esa música de fondo iniciamos un travelling sobre ella para quedarse en un plano general de la calle, donde la plebe se está ensañando con una aristócrata, a la que ya le han cortado la cabeza 15 veces, pero siguen, egue que egue.


lunes, 1 de junio de 2009

¡¡¡Hemos llegado!!!

¡¡¡Tatacháaaaan!!! Ya lo hemos conseguido, ya tenemos más entradas que Durán i Lleida. Cien entradas, que se dice pronto. Sobre todo si no vocalizas. Cientradas. Cientradas. Ciendas. Zas.

Quizás a ustedes les parezca baladí el tema. Pues entonces deberían saber que el camino ha sido tortuoso y lleno de baches. Sólo un par de datos para que lleguen a comprender la magnitud de la hazaña: hasta la entrada número 52 los medios que utilizábamos eran más que escasos: yo no tenía ordenador y debía echar mano de mi estupenda caligrafía Times Roman y mi boli de 10 colores. Y lo que es aún más importante, el Capitán no tenía cámara. Por suerte tenía memoria fotográfica. Y con eso íbamos tirando.

Luego ya llegó lo que ustedes conocen: aquel artículo en la revista Times en el que se nos nombraba como dos de los 450 millones de personas más sexys del mundo según se mirase y tomando la palabra sexy en el más amplio de sus sentidos y una bola de nieve que iba haciéndose cada vez más grande y que acabó con la estación de esquí de Baqueira Beret y que no tenía nada que ver con nosotros pero que siempre la nombro por si nos lee alguien de allí. Así quedo bien, que no cuesta nada.

Y como dijo Francisco Camps en la sastrería, hay que renovarse o morir. Y en eso estamos. En lo de renovarnos, no se vayan a pensar ustedes que nos estamos muriendo. O que si lo hacemos, lo hacemos adrede. No, no, a nosotros morir nos da nosequé. Por el qué dirán y porque hemos quedado y no nos gusta ir muertos a los sitios, ya que acaparamos toda la atención y aunque no lo parezcamos, somos tímidos (a la par que elegantes).

Empieza una época de cambios en el blog. Cambios radicales. Por ejemplo, yo escribiré ahora con la camiseta por fuera del pantalón para llegar a un público más juvenil. Y el Capitán se ha comprado una cámara más ligera, así que si alguien quiere un fotomatón, se lo dejamos a buen precio. También nuestro blog ha cambiado por fuera. Y ha sido gracias a dos personas que nos han ayudado desinteresadamente o pidiendo dinero muy flojito de forma tal que nos podíamos hacer los despistados: la señorita M que nos ha hecho unas ilustraciones que ríete tú de las de Miguel Ángel en la iglesia ésa y el señorito Dani LC que nos ha hacheteemeleado y aguantado como si fuera cualquier cosa. Muchas gracias majos, sois estupendos. Algún día esperamos veros colgando de un precipicio para poderos devolver el favor poniendo un cojín en el suelo o en su defecto, quitando las piedrecitas.

También queremos dar las gracias a una serie de personas sin las que este blog jamás hubiese sido posible: nosotros. Es un placer conocernos y si no existiésemos, tendríamos que inventarnos. Por suerte hemos podido ahorrar mucho tiempo exisitiendo.

Y no queremos marcharnos sin recordar a David Meca. Sí, sí, nos hemos burlado de él, nos hemos reído de sus hazañas, le hemos deseado las muertes más violentas y hemos descargado buques de medusas a su paso por los mares. Pero ha sido todo con una sonrisa en la boca y una recortada en la mano por si lo de las medusas fallaba. Y él sabe que esas cosas las hacemos con todo el cariño.

¿Y ahora qué? Pues nada, a seguir haciendo el zangolotino como buenamente podemos. Y ustedes sigan viniendo, prometemos reponer las cervezas todos los días y limpiar el baño de vez en cuando aunque sabemos que han perfeccionado la técnica para hacer sus necesidades sin tocar la tapa (ventajas de las microcámaras).

Y cuando llevemos 200, prometemos una foto desnudos. Así que vayan enviándonos las suyas, que empieza el cásting.

¡Muchas gracias!

jueves, 21 de mayo de 2009

Noventaynueve...



Alguien ha visto salir a Rita Barberá de una tienda de navajas. O sea, que se está armando la gorda. Y es que señores, aquí el Capitán y el menda leyenda cumplen 99 entraditas. Lo que empezó como un simple divertimento para matar las horas libres en nuestro relajado trabajo de broker en la bolsa de Tokyo se ha convertido en nuestro modus vivendi y nos ha permitido disfrutar de unos niveles de vida que nunca hubiésemos soñado. Top models, fiestas en áticos, mansiones, entrevistas, reconocimiento, operaciones de estética, alargamientos varios… todo ha sido posible gracias a ustedes. Y desde aquí, nuestro agradecimiento.

Creo que es un buen momento para contar cómo comenzó todo. Corría el año 1982. El Capitán era sólo un Alférez y yo ya era Superintendente no porque fuese un tipo precoz (bromas no, por favor, seamos serios), sino porque en realidad Superintendente es mi nombre y Vicente mi apellido, cosas de mi padre y su maldita afición a los tebeos. Yo vivía en la idílica localidad de Torrelodones, famosa por sus rimas y desde allí me desplazaba cada día a Tokyo para invertir en naranjas loretinas, que es una variedad muy recomendable (a la par que elegante) que inventó el padre de un amigo que me estará leyendo. Hola Pepe.

El viaje era largo, pero se hacía ameno porque llevaba un walkman con un cassette de los mejores chistes de Arévalo. Qué risa, nunca jamás nadie ha imitado a los gangosos como él. Sólo de recordarlo se me pone la piel de gallina. Sobre todo si lo recuerdo mientras me toco con un hielo en los pezones.

El Alférez Rumikel vivía en Sitges, donde su familia tenía un puesto de productos para heterosexuales que quebró irremisiblemente. Recién licenciado en Económicas por la Universidad de los Números y con su título CCC bajo el brazo, no le fue difícil encontrar una ocupación haciendo temblar el índice Nikkei. Concretamente, él era el encargado de atizar el gong cada mañana para empezar las pujas.

Un buen día, mientras descansábamos comiendo en un restaurante español sobre el que corría una negra leyenda relacionada con los gatos del barrio y su inexplicable mengua de número,  me comentó:      

-       ¡Qué ganas tengo de que alguien invente Internet!

-       ¿Y eso?

-       Pues porque sí, porque si alguien lo inventara podríamos hacer un blog con mis fotos y tus textos y la gente entraría y se descojonaría.

-       Tampoco son tan malas tus fotos.

-       En fin, habrá que aburrirse.

-       De eso nada, déjame hacer una llamada.

-       No puedo, aún no se han inventado los móviles.

-       ¡Mecachis!

Así que me puse manos a la obra. Me encerré en el garaje de mi casa y no salí hasta 1998, cuando hube inventado el teléfono móvil desde el que llamaría a alguien para que inventara Internet.

Ah, cuán ingenuo fui. Cuando abrí la puerta del garaje, la luz cegadora hizo su trabajo y su impacto en mis ojos, unido a que llevaba 16 años sin probar bocado propició que cayera desmayado. Varios años después, desperté en la misma posición, en el mismo sitio, lo cual dice bastante poco de mis vecinos y del servicio de recogidas de basura.

Lo primero que oí fue la voz del ya Capitán:

-       ¡Vicente! ¡Despierta! ¡Han inventado Internet!

Maldición. Se conoce que algún desaprensivo, aprovechándose de mi estado de laxitud, hurtó la fórmula del teléfono (tengo un sospechoso, Joan Airtel) y la usó para hacer el escalado de inventos con el que yo planeaba entrar en los anales (no hombre no, bromas con esta palabra nooo) de la Historia.

-       ¡Es el momento, montemos el blog!

-       Está bien, pero me gustaría antes, si es posible, comer algo y ducharme.

-       ¡No hay tiempo! ¿No ves que nos debemos a nuestros lectores?

-       Pero si no tenemos…

-       Ni peros ni peras (esta frase la copió de mi madre), ¡manos a la obra!

Y nos pusimos. Y hasta hoy.

Personalmente, además de hambriento, estoy muy contento de haber compartido con todos ustedes este trayecto. Pero no nos pongamos melodramáticos, no hemos descubierto la vacuna del SIDA (al menos, que nosotros sepamos), sino que hemos intentado que ustedes, viendo las fotos, tuviesen una excusa para toquetearse. Y leyendo los textos, les entrasen remordimientos y miedo a quedarse ciegos. 

Y habida cuenta del tamaño de sus gafas, lo hemos conseguido.

Pero es el momento de cambiar, así que a partir del próximo post, incluiremos novedades, como que yo escribiré con la cámara y el Capitán hará las fotos con tipografías. O algo sí creo recordar que acordamos. Además, cambiaremos el diseño del blog gracias a la inestimable ayuda de la Srta. M, a la que mandamos un beso que igual no le llega hoy porque nos han dicho los de correos que están a tope pero que a más tardar el lunes le llega. Y a todos los demás, decirles que hasta ahora ha sido un placer inmenso. Y creemos que a partir de ahora aún lo será más.

No porque lo vayamos a  hacer mejor, sino porque viene el calorcito y ya no molestará tanto el hielo en los pezones.

¡Venga, que nos queda uno!

 

 

P.D. Hoy es el cumpleaños del Capitán Rumikel. Tal día como hoy, en 1812, nació en el seno de una familia muy modesta. Tan modestos eran que no le decían a nadie que era su hijo, así como en plan, psé, no sé, ¿no?  Como biógrafo oficial del Capitán, me reservo el derecho a ser el primero en felicitarlo. Pero abro la veda, así que si quieren, ustedes mismos.

 

Felicitats Capità!! Per molts anys xiquet!!

miércoles, 20 de mayo de 2009

Metamorfoseando la metamorfosis (3)


Por la mañana, y tras un sueño intranquilo, Gregor Samsa despertó. Y cuando vio quien dormía a su lado, se sintió como una cucaracha.

lunes, 18 de mayo de 2009

COMUNICADO ESPECIAL (a la par que elegante)




Muy señores nuestros:

Como seguramente también ustedes lo habrán hecho, nosotros hemos notado últimamente algunos comentarios insertados en el blog que si haces click (con el ratón, no con la boca) sobre ellos, te vas a una página taiwanesa en la que aparecen mozas de buen ver y muy ligeritas de ropa. Reunidos con carácter de urgencia los dos miembros (con perdón) que dirigen esta publicación, y una vez descartada la opción de que tengamos un club de fans en Asia, hemos llegado a la conclusión de que un pirata informático nos ha colado un spam del tamaño tampón de Rita Barberá. Y por la escuadra.

Nosotros, que contra la gente que se dedica al mundo del porno sólo tenemos envidia, creemos que todo el mundo está en su derecho de mostrar la pilila al mundo. Pero también estamos convencidos de que como bien reza nuestro título, quien no tiene un blog es porque no quiere, así que si ustedes, muy taiwaneses y señores nuestros, quieren enseñar lo que mi abuela llamaría "las mamellas" a la concurrencia, pues se hacen un blog y las cuelgan allí. Nosotros, por nuestra parte, prometemos entrar, no por vicio, sino por solidaridad interbloggil.

Llegados a este punto entramos ahora a lo que sería propiamente el comunicado, ya que para evitar la entrada de estos spams, nos vemos obligados a introducir un filtro en los comentarios que de los posts hace nuestra bien amada audiencia. Y nos hemos dicho, oye, ya que nos ponemos, marquemos las normas de los comentarios que aceptaremos o no, según se mire.

NORMAS PARA INSERTAR UN COMENTARIO EN QNTUBEPQNQ (definitivamente, teníamos que haber escogido un nombre más corto).

-Quedan terminantemente prohibidos los comentarios en los que no haya loa o alabanza alguna al aspecto físico y la inteligencia de alguno de sus fundadores.

- Si se aprovecha la loa o alabanza para luego poner un link a señoras taiwanesas con los pezones enhiestos como percheros, nos quedaremos con lo primero y eliminaremos lo segundo. Y colgaremos el chubasquero.

- Si es usted anónimo y quiere continuar siéndolo, inserte el comentario con pasamontañas o diciendo el nombre muy rápido, de tal forma que si se llama Albert, nosotros entendamos Josefa Herminia.

- Si quiere comunicar a los autores que jamás había leído un texto tan bien escrito o que en su maldita vida le habían llorado tanto los ojos al contemplar la belleza de una foto, lo entendemos, a nosotros también nos pasa con el blog del que nos lo copiamos todo.

- Si un desconocido le regala flores, eso es impulso.

- Serán censurados o modificados convenientemente todos los comentarios soeces realizados mientras se silba el himno de España.

- Se entiende por soez un canal que hay en Panamá y toda frase que contenga las palabras "David", "Meca" y "deportista".

- Si es usted Pau Donés y quiere decir algo, hágalo sólo una vez, ya nos lo repetimos nosotros.

- Si es usted Lucía Etxebarría, lo sentimos mucho, de verdad.

- Si es usted Pablo Motos, métase la probeta por donde le quepa y por el amor de dios, ¡cállese!

- Si cree que algún fragmento de texto hiere la sensibilidad de algún grupo minoritario, únase a él y así no serán tan pocos.

- Todo comentario en el que se ponga en duda la calidad cinematográfica de la carrera de Mariano, Antonio o algún otro miembro de la familia Ozores, será eliminado con una goma de borrar Milan con plastiquito rosa.

- Los derechos derivados de la venta de canciones compuestas con las letras de sus comentarios serán destinados a la construcción de una mansión sin ánimo de lucro para los autores.

- Sí, señor Bautista, el 10% es para usted.

- Todas estas normas se resumen en dos, pero no sabemos cuáles.

Confiamos en que de este modo, las señoras taiwanesas y sus adláteres nos permitan continuar con el correcto discurrir de nuestras historias. Sabemos que para ustedes es un engorro eso que tienen en la cabeza, pero deben entender que una de las normas no escritas porque no teníamos boli que nos marcamos al comenzar esta aventura allá por 1942 en Madisonland (Wisconsin) fue dar al blog un marcado carácter cultural y didáctico, cosa que estábamos consiguiendo hasta que se metieron las mozas de rasgados ojos de la cara.

Sin otro particular y recomendándoles (lo cortés no quita lo valiente) que si se cansan de nosotros visiten nuestras parásitas amigas, nos despedimos andando tres pasitos hacia atrás, lanzando una pelota de humo y desapareciendo como lo haría un gintonic en el gaznate de Rita Barberá.


lunes, 11 de mayo de 2009

Metamorfoseando la metamorfosis



Por la mañana, y tras un sueño intranquilo, Gregor Samsa se despertó convertido en el quinto Beatle.

miércoles, 15 de abril de 2009

Ha nacido una estrella


Como soy un tipo de naturaleza aventurera, adicto a los subidones de adrenalina y al que gusta vivir al límite , decidí que había llegado el momento de lanzarme a tumba abierta a una de las pasiones que siempre habían despertado mi curiosidad: era el momento de hacer mi árbol genealógico.

Así que me encerré en mi despacho y me puse a buscar entre los legajos que había heredado de mis antepasados, muy generosos ellos. Tras horas de investigación logré llegar a la rama que me indicó que mi hermano no se llamaba Psit como yo había creído todo este tiempo, sino Juan José. Cansado y con la cabeza llena de nombres decidí airearme un poco. Y tuve que salir corriendo de la casa, malditas flatulencias.

Para poner en orden mis ideas me peiné con la raya al lado y fui a dar un paseo por la orilla del Duero, que debido a un complicado pero fructífero plan del presidente Camps, ahora pasa por Dénia. La noche había caído. La recogí y volví a ponerla en su sitio, por si venía visita que no lo viera todo desordenado. De pronto me crucé con un tipo extraño: vestía gabardina beige, sombrero de ala corta beige, pantalones beige, zapatos beige y calcetines beige. Me dije para mis adentros: "este año se lleva el beige". Cuando me detuve a tirar piedras al río se detuvo a mi lado y me dijo:

- Psit.
- Se equivoca, me confunde con mi hermano. Nos pasa mucho, como los dos tenemos las orejas puestas en el mismo sitio. Es de familia. Usted busca a Juan José (hice hincapié en el nombre para demostrar que soy un tipo leído pero al mismo tiempo sensible, que se entera de las cosas que pasan en su familia).
- No, no, le busco a usted, Vicente.
- Mire, Vicente sí que soy yo. Aunque muchos me llaman Oiga. ¿Quién es usted?
- Soy Pedro Almodóvar. Pero mis amigos me llaman El cineasta más internacional que salió de su pueblo manchego natal para revolucionar el panorama cinematográfico nacional y convertirse en un icono de la movida.
- Yo le llamaré Caballero, no sé por qué, me apetece llamarle así. ¿Qué desea, Caballero?
- Estoy aquí de incógnito.
- Beige incógnito, lo he reconocido enseguida.
- Necesito su ayuda. Me manda el presidente.
- ¿Laporta? ¿Qué quiere ahora? ¿Más protector solar para Iniesta?
- No, no, ZP. Necesitamos que nos ayude, el cine español se va a pique y sabemos que usted ya nos ha ayudado en alguna ocasión.
- Bueno, sí, yo convencí a Liberto Rabal para que se dedicara a la horticultura. Luego me encargaron que me cargara el incipiente Cinema Català y para ello tuve que conseguir que la Generalitat subvencionara varias películas de Ventura Pons. Y años después conseguí que en Francia pensaran que Juanjo Puigcorvé (Psit Puigcorvé para los amigos) era un buen actor y se lo llevaran.
- Aunque falló en lo de que Ariadna Gil se quedase en casa cuidando a los niños.
- Lo tenía ya casi, pero no conté con que su marido tendría tiempo libre para hacer películas.
- Bueno, el presidente dice que lo pasa por alto. Pero necesitamos una idea: debemos hacer LA GRAN PELÍCULA española. Una historia que nunca se haya rodado y con la que volvamos a ser lo que éramos. Y si puede ser un poco más, pues oye, ya te defecas.
- Está bien, está bien. Apunta. Vamos a hacer una película sobre La Guerra Civil.
- ¡¡Claro!! ¿Cómo no se nos había ocurrido antes?
- Pero no una historia de acción, sino una que demuestre que los falangistas eran malos que ponían Iglesias en los incendios y que los republicanos no sólo eran buena gente, sino que las tías estaban bien macizotas.
- ¿A quién llamamos?
- Entre los rojos no puede faltar Ana Belén. Que diga si eso que ella fue al cásting a acompañar a Loles León y que el director al verla quiso hacerle una prueba.
- Brillante, brillante, continúa.
- Bien, Jorge Sanz y Gabino Diego son dos niños separados por la guerra.
- Pero si tienen 45 años.
- ¿Y?
- Nada, nada.
- Y Juan Echanove hará de Franco. Y en las entrevistas dirá que para meterse en el papel pasó varios días dentro de su tumba, imbuíendose del personaje.
- Eres un genio del marketing.
- Una cosa que estaría bien: a Santiago Segura no le déis un papel, dadle una camiseta con el nombre de la peli, él ya sabe de qué va...
- ¿Y qué hacemos con Pilar Bardem?
- Dadle una medalla. La de bronce de 100 metros mariposa, por ejemplo. No nos conviene que nos griten en los Goya. ¿Lo tienes todo apuntado?
- Sí.
- Pues ahora corre. Corre como el viento y llévale mis palabras a Zapatero. Pide la subvención y ponte a rodar, gordito.
- Sólo una cosa: ¿y si los legionarios son travestidos sodomizados por curas y Carmen Polo de Franco es una coupletista frustrada interpretada magistralmente por Miguel Bosé?
- Vas aprendiendo, nos vemos en los Óscar. Venga, largo de aquí.

Sentado en un banco y con la luna como testigo, como si de Woody Allen en Manhatan me tratase, vi alejarse contento y zangolotino al genial director, capaz de convertir en cool el elemento más castizo, un tipo fiel a su carácter transgresor y que ha sabido siempre rodearse de su elenco de musas, que tan pronto le llevan al borde de un ataque de nervios como a la alfombra roja del Kodak Theatre. Un tipo inclasificable, ajeno a los estereotipos, como el juglar urbano Joaquín Sabina.

Me quedé mirando el reflejo de la luna en el agua y caí en la cuenta de que se me había olvidado decirle que la subtitularan. Así solucionaba el problema que me trasladó la Ministra de Cultura, tan preocupada como estaba con que la gente no leía.

Ah, dura vida la del adalid de las artes...

lunes, 6 de abril de 2009

Una de vaqueros

Lo mejor que tiene ir por el Oeste en diligencia respecto al tren es que no hay peligro de que te pongan una película de Steven Seagal o de Antonio Banderas de la que no puedas escapar.



¿Qué les parece como inicio de un relato? ¿Bien o qué? Es que hay que currarse muy mucho las primeras frases de cada post, porque ahora resulta que si alguien recomienda una entrada en Facebook, salen las dos primeras líneas y la gente, dependiendo de lo que salga, pues entran o no. Y una vez dentro, pues ya ven los anuncios de nuestros patrocinadores y compran, se dejan la pasta y nosotros seguimos engordando nuestras cuentas en paraísos fiscales, a la par que elegantes.

Iba a escribir algo más picante, como que con el traqueteo del galope caballil se me insertó en salva sea la parte el cañón de mi Winchester 73, Ron Negrita Joventut 48, pero uno, como español que es, debe ser celoso de su virilidad y no hacer siquiera chistes con ello. Es por ello que me he decidido por lo de Steven Seagal. ¿Lo entienden, no? Que como en la diligencia no hay tele, ¿saben? Es bueno, he tenido mejores, pero piensen que estoy en el Far West, que vengo desde Barcelona y que tengo los riñones molidos de tanto botecito. Además, en pleno desierto de Arizona, llamado así por el fermoso apéndice nasal de la señora del descubridor del desierto (tócate los huevos, he descubierto un desierto. Todo para ti, todo para ti...), nos han parado los pieles rojas (malditos comunistas) que amenazaban con cortarnos la cabellera si no les dábamos todo el dinero. Por suerte, gracias a mis dotes diplomáticas y a mi caidita de ojos, se han conformado con un mechón de mi cabello y con la promesa de que les añadiré como amigos en el Facebook en cuanto acabe con la misión que me ha traído a esta tierra de las oportunidades.

No sé si lo han notado, pero hemos llegado a un acuerdo con Facebook para promocionar su página, aprovechando el tirón de la nuestra. A cambio, nos han dado un sinfonier estilo Luis XVI, Ron Negrita Joventut 48 que queda fetén en el recibidor de casa.

Pues eso, que al final llegamos al pueblo. Aquello parecía mi piso de estudiantes: gente con barba de varios días y en camiseta durmiendo en los portales, olor a defecaciones de caballo y pelotas de polvo del tamaño de un rinoceronte pequeñito cruzando la acera sin mirar a los dos lados (de ahí lo del rinoceronte).

Bajé de la diligencia preguntándome el por qué de ese nombre tan extraño y me dirigí al Saloon. Notaba cómo las miradas de los lugareños se me clavaban en la nuca, no era bien recibido en aquél maldito poblacho. O quizás era porque iba vestido con la camiseta del Palamós y ellos eran del Terrassa. Daba igual, no iba a quedarme mucho tiempo para averiguarlo.

Necesitaba un golpe de efecto, debía demostrar quién mandaba allí, así que me detuve en medio de la calle y pregunté:

- ¿Quién manda aquí?

- ¡El sheriff!- contestaron todos.

- Bien, es lo que quería demostrar.

Y seguí mi camino. Para hacerme el chulo saqué una cerilla de mi bolsillo y traté de encenderla con los pelos de mi barbita. Dio resultado, demasiado resultado: con la cabeza ardiendo como un bonzo salí disparado cual flecha olímpica, entre aspavientos y alaridos tipo cantante de Communards, con tan buena suerte de tropezar con el abrevadero, que como su nombre indica, era dos veces bueno.

Ya repuesta mi dignidad y con la cara como un señor de Birmingham en agosto en Dénia, pero sereno, entré al Saloon con la energía de un tipo que sabe cómo se las gastan en el salvaje Oeste. Una vez más, se hizo el silencio.

Hasta que alguien gritó:

- ¡Que alguien ayude al tío de las llamas, que ahora se ha quedado atascado entre las dos puertas!

Con la ayuda de dos granjeros con sombrero de paja, banjo y mono con tirantes llegué hasta la barra.

- Una Mirinda, posadero. Mejor traiga la botella.

Desde el otro lado de la barra el camarero deslizó la botella, que se dirigía a mí mientras yo pensaba "ahora verás como no la pille, el descojono cómo va a ser". Sin embargo, antes de que llegara a mis manos, sentí cómo un silbido zumbaba a mis espaldas y vi cómo la botella explotaba en mil pedazos.

Me di la vuelta y ahí estaba él. Michael Dellobetis, el famoso foragido, que soplaba el hilillo de humo que salía de su Colt 45-Ron Negrita Joventut 48.

- Diría que me alegro de verte, pero mentiría- escupió.

- En cambio yo, hace tiempo que no miento. Y mucho más que no me alegro- contesté, sabiendo que esta frase no tenía sentido, pero que me ayudaría a hacerme el interesante.

- Vincent, sabes perfectamente que este pueblo es demasiado pequeño para los dos.

- Hombre, tampoco estoy tan gordo... Ah, vale, vale, ya lo pillo. Que me retas en duelo.

- Espero que seas más rápido con la pistola que tus neuronas.

- Yo, en cambio, espero que la rapidez sea igual a la masa por la aceleración (me estaba quedando con todos los parroquianos. Algunos incluso tomaban apuntes).

- ¿Vamos fuera?

- Venga. Pero no mucho rato, que luego refresca. Y una cosa es que lleve calzoncillos de manga larga y otra que sea inmune al viruji.

- Tranquilo, será rápido.

Y salimos. Oíamos cómo en el poblado las mujeres cerraban las ventanas. Algunos padres se llevaban a sus hijos dentro de casa. Otros los metían internos en colegios. La pelotilla de polvo había dado tantas vueltas que era una gigantesca bola en la que rodaban atrapadas vacas, ponys y unos percebes que habían venido a ver a unos escorpiones amigos suyos de cuando la mili.

La tensión se mascaba. El tabaco también. La diferencia entre una y otro se notaba, sobre todo, al escupir. Tenía frente a mí a Michael Dellobetis, el más fiero y famoso cuatrero desde el Missouri hasta el Ebro, que pasa por la Rioja, Navarra y Aragón, como todo el mundo sabe. Sus dedos ágiles habían dejado en la cuneta a más de mil osados que tuvieron el valor de retarlo. Y ahora, yo, estaba a punto de seguir su mismo camino o escribir mi página en un lugar destacado de la historia, posiblemente en la contraportada o, como mínimo, en página impar y a todo color.

Así como de reojillo miré con complicidad a mi Smith&Wesson (el Juventut no jugó ese día) y le dije mentalmente: vamos allá. Con la velocidad en la mano que me proporcionó una adolescencia sin amigas pero con mucha imaginación desenfundé mi revólver y apreté el gatillo.

Humo.

Polvo.

Y un ruido seco: plof.

Cuando se levantó la polvareda vi aparecer poco a poco la figura aún ergida de Michael. Creo que ambos nos llevamos la misma sorpresa:

- ¿No te he dado? - preguntamos al unísono.
- A mí no, ¿qué íbais a por mí, cabritos?- contestó el unísono.

De pronto, un grito:

- ¡¡¡Mi caballo!!! ¡¡¡Cabrooones!!!¡¡¡Rocinanteeee!!!

Un vaquero de los de lanza y armadura y perilla lloraba desconsoladamente sobre los lomos de un rocín flaco tendido en el suelo, inerte. Mi bala había ido en una dirección a la que yo no había apuntado, como me advirtieron al comprar la pistola en aquella feria.

Crucé la mirada con Michael y ambos comprendimos que esto no tenía sentido. Cogidos de la mano de la forma menos homosexual que nos fue posible volvimos a entrar en el Saloon y pedimos Mirinda para todos (sí, sí, Mirinda también nos patrocina) y bebimos y eructamos en las caras hasta que todos llevábamos el pelo hacia atrás.

Los eructos dejaron paso a las canciones sobre llaneros solitarios y picaduras de alacranes, mientras el sol se ponía en el poblado y sólo los gemidos del viudo equino turbaban el devenir normal de un ocaso en el lejano y salvaje Oeste.


Pero, ¿y la bala de Michael Dellobetis? ¿Qué fue de ella? Nunca se supo, nunca se supo. Mas cuenta la leyenda que sigue su curso por el aire en busca de un blanco. Así que si alguna vez estás tomando una Mirinda y oyes un silbido, cuidado, porque puede ser ella. O puede ser un tren que viene (todo depende de dónde te estés tomando el refrigerio).

O puede ser un señor silbando.

Vamos, un 99% de posibilidades que sea eso.

Qué nervios, ¿eh?







Fiuuuuuu....


martes, 17 de marzo de 2009

DESENMASCARANDO LA HISTORIA: EL ARCA DE NOÉ (ojo, historieta larga)




Dicen las escrituras que un buen día Noé miró al cielo y dijo a su padre, Matusalén.

- Huy, parece que va a chispear. Papá, tápate que no me quiero quedar huérfano pronto.

Y siguieron su camino. Noé dejó a su padre en el bar donde había quedado con sus amigos para jugar al dominó y se fue a ver cómo iban sus viñas. Allí, una voz más profunda que la de Constantino Romero haciéndose el machote, le dijo:

- Oro parece. Plata Noé. No, en serio, Noé, tengo un mensaje que darte. ¿Sabes quién soy?
- A ver, a ver, dame una pista.
- Va a caer del Diluvio Universal.
- ¡Mario Picazo!
- Noooo, soy Dios. O como dicen los modernos, Yavhé.
- Ya ves. ¿Decías?
- Que como estoy iracundo con los hombres he decidido inundarlo todo y salvarte sólo a ti y a tu familia.
- ¿Y por qué yo?
- Porque eres el único hombre justo de la tierra. Eres el único que no ha cometido jamás un pecado. Eres, lo que aquí arriba llamamos, un pringao de tomo y lomo.
- ¿Y qué tengo que hacer? ¿Me compro un chubasquero y unas katiuskas?
- Eso lo primero. Y luego, así disimuladamente, quiero que construyas un arca, el arca de Noé.
- Querrás decir una barca. La barca de Noé.
- Noé, Noé, Noé mpieces. He dicho un arca y es un arca. Pero para que veas que te quiero ayudar, te he dejado en tu granero un martillo y 98 clavos. Y una alcayata que me ha sobrado del Vaticano.
- Bueeeeeno, intentaré que nadie sospeche. Aunque no sé qué excusa diré si me preguntan por qué construyo un barco en medio del desierto.
- Tú sabrás, Noé. Pero no te demores, porque sólo tienes 120 años.
- ¡Sí hombre, encima con prisas!


Y así fue como Noé comenzó a construir su propia arca, a la que quiso llamar “La Dorada”, pero un mensajero de Dios apareció para decirle que si seguía en su empeño, se las tendría que ver con la SGAE. Así que la llamó “El Arca de Noé” y aquí paz y después gloria.

Noé, hombre bueno y recto donde los hubiera, avisaba a sus vecinos y les alertaba de la próxima catástrofe. Algunos de ellos se reían en su cara y otros no porque estaban tirados en el suelo tronchándose. Y Noé pensaba “como sea una broma, me sé de uno que se mete un barco por donde yo te diga…” pero como era justo, no decía nada y seguía clava que te clava, emocionándose y desilusionándose cada vez que del cielo caían cuatro gotas y luego volvía a salir el sol.

Con la puntualidad de un reloj suizo o de uno japonés con calculadora, 120 años después, Noé acabó su arca. Y volvió a su campo de viñas a ver si había crecido mala hierba en este tiempo.

- Noé, Noé, ¿sabes quién soy?
- Pues así, a bote pronto… Si no me das más pistas...
- Tienes que salvar a todos los animales.
- ¡Pesaos de Greenpeace! ¡Que no me quiero hacer socio, jopetas!
- Que nooo, que soy Dios otra veeeez. Que mañana es la hora, mañana suelto el grifo y aquí no se salva ni David Meca.
- Dios te oiga. O mejor dicho, tú te oigas. Ostris qué lío sólo de pensarlo.
- Antes de que caiga la del pulpo, tienes que llenar tu barco con todos los animales del mundo. Una pareja de cada especie. Julianesmuñoces no hace falta, si eso. Pero de los demás sí. Los metes en el barco y yo ya me encargo de matar a toda la humanidad y de dejaros sólos en todo el mundo a ti, a tu familia y a los animales. Ah, y no seas tan burro: los peces no hace falta que los subas.
- Yo no es por no hacerlo, si hay que ir se va, pero, ¿aún te dura el enfado de hace 120 años? Para ser Dios, ¿no eres un pelín rencoroso?
- Soy como me pasa por los divinos cataplines. Ya estás saliendo a por los animales. Y para que veas que te ayudo, te he dejado un cazamariposas en un establo.
- Gracias, me vendrá fetén para atrapar leones.


Y dicho y hecho. Bueno, no fue tan fácil, porque cometió un error de cálculo. Primero subió dos tigres, luego dos gallinas, dos conejos, dos ñus, dos liebres, dos perdices, dos corderos y cuando llevó dos terneras, se dio cuenta de que sólo tenía dos tigres obesos. Así que pensó en meterlos en jaulas, que sería mejor. Y eso hizo, para alegría del herrero del pueblo que en sólo un día hizo más negocio que en el resto de su vida. Infeliz, poco le duró la alegría. Venía de comprarse una cuchara de palo para no ser menos que sus colegas cuando la riada se lo llevó por delante. Efectivamente, era el Diluvio Universal. La gente se ahogaba, pedía auxilio, lloraba, algunos se tapaban la nariz y entre glus glus pensaban que le tenían que haber hecho caso a Noé. Noé chocaso y mira, decían en un último y letal chiste malo.

En cambio, en el Arca de Noé, él y su familia, guitarra en mano, ponían buena cara al mal tiempo y cantaban:

- “Del Arca de Noééé, no nos moverán, del Arca de Noéé, no nos moverán porque este Arca es toda su viiiidaaaa, noooooo nos mooooveráááááán”.

Un año después, comenzó a escampar. La vida a bordo no había sido nada fácil. Al principio bien, porque a todos les gustaba ver llover por la ventana. Pero cuando llevas 365 sin ver el sol, tienes la piel más blanca que Iniesta, te duelen los huesos de la humedad y sobre todo, un detalle que se le había olvidado a Dios, el barco hacía una peste a mierda de animal que no te quiero ni contar.

- Mira papá, - dijo Noé Junior- parece que ya para. El cielo se está abriendo. ¡Lo hemos conseguido!
- ¡Estupendo! Ahora sólo estamos en un barco a la deriva, lleno de animales, sin nadie más en el mundo, que, por cierto, está completamente inundado. Y sólo nos queda esperar a que se seque, repoblar el planeta (a mi edad) y esperar a que Dios nos dé más órdenes.

En eso, de nuevo, la voz.

- Noé, Noé, ¿sabes quién soy?
- Pues no, pero como seas David Meca y me hayas seguido, te echo a los leones.
- Noé, tú como adivino no tienes futuro. Soy yo, Dios. Que ya se me ha pasado el enfado. Has cumplido tu misión. Y como regalo, mira lo que he dibujado en el cielo.

De pronto, de entre las nubes, un arco iris multicolor (no te jode, no iba a ser gris) apareció surcando el cielo y llenándolo de luz.

- ¿Una banderita gay? Me vendrá ideal si voy a Sitges. Pero vamos, ahora molaría más si me dieras la cadenita del tapón para quitar el agua.
- Desde luego, Noé, le quitas la emoción a todo. No hay cadenita. Manda una paloma y si viene con una ramita de olivo, significará que hay tierra ahí cerca y que puedes aparcar el barco. Ojo no lo rayes, que te conozco.

Y eso hizo. Noé envió primero un cuervo que no tuvo donde posarse. Luego una paloma, que volvió extasiada porque tampoco había tierra firme. Y finalmente, la tercera, volvió con algo en el pico. Dicen las escrituras que era una rama de olivo. Pero fuentes apócrifas dicen que traía una notita manuscrita con un mensaje que decía:

- Queridos aragoneses. Que si eso, lo del trasvase, lo dejamos para otro ratito, que ya nos apañamos nosotros. Fdo: los valencianos.

miércoles, 11 de marzo de 2009

El deporte es vida


- Tanto usted como usted tienen el mismo problema: sobrepeso. Les receto que hagan deporte, mucho deporte.
Esta frase del médico me dejó bastante preocupado por dos motivos:
a) en la farmacia me dijeron que no tenían deporte, que eso lo tiene que hacer uno solo.
b) al médico había ido yo solo.
Tenía que hacerme el ánimo: si quería eliminar mi problema de peso del que ya les hablé en el post anterior (si no me creen bajen el cursor un rato y verán) tenía que moverme y hacer ejercicio. Así que me apliqué la frase que hizo famosa el gran deportista Diego Maradona: "todo es ponerse", y me lancé de lleno a este ignoto mundo del sudor y el contacto físico sin (en principio) objetivo sexual.
Lo primero era encontrar el atuendo apropiado. Busqué en mi armario ropero estilo Luis XVI y encontré mi chandal verde con los hombros rosa que me costó 3.000 pesetas de la época en el Prica de la época (suponiendo que tanto las pesetas como el Prica hayan marcado una época, claro). Me calcé mis zapatillas Paredes con doble (y sí, he dicho bien, doble. Uno, cuando es por la salud, no repara en gastos) cierre de belcro y bajé en ascensor (no es plan de lesionarse) al kiosko más cercano.
- ¿Qué? ¿A hacer deporte?
- Hay que estar en forma. Deme el Marca.
Y subí al sofá.
Si uno va a hacer deporte, digo yo que tendrá que saber cuántos hay, ¿no? Pues eso, que eché una ojeada y ya sabes qué pasa cuando uno lee artículos tan profundos, que aparece por ahí como quien no quiere la cosa Morfeo con esos brazos tan musculosos que te dicen ven que te acurruco y uno, que es de naturaleza débil y al que los colores estridentes del chándal estaban dañando los ojos, pues decidió cerrarlos un poco y echar una cabezadita, que si bien es cierto que adelgazar no adelgaza, tampoco engorda.
Oiga, mano de santo. Tres días después me desperté con una vitalidad que ríase usted de esos jóvenes que se toman pastillas de colores los sábados por las noches. Así que decidí empezar a lo grande y me dirigí al estadio de fútbol, donde estaba a punto de jugar un partido importantísimo la selección española. De fútbol, claro.
- Hola, ¿sois justos?
- Hombre, pues no, se nos acaba de lesionar uno. ¿Quieres jugar y ser internacional ante más de 95.000 personas?
- Venga, pero no vale tirar fuerte.
- ¡¡Eh, eh!! - espetó un joven que también por allí andaba - ¡Que yo estaba antes!
- Lo siento Raúl, que tú no juegas, que preferimos a este gordito.
Y así fue como debuté frente a Brasil en la semifinal del campeonato del mundo. Sí, está bien, ganas mucho dinero, viajas y todo lo que quieras, pero digan lo que digan, los partidos en el plus se ve mejor. Y me retiré en busca de otro deporte.
Probé con el baloncesto, pero cogía demasiados rebotes. Que si las cheerleaders van demasiado destapadas, que si el aro es muy pequeño, que si a los tíos de 2,15 les huelen los pies... siempre estaba enfadado. Así que volví a cambiar y me fui al club de tenis a preguntar a ver a aquéllo cómo se jugaba.
- Es muy fácil, yo te tiro la pelota, tú me la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves... aunque no sepas jugar mucho, yo te aconsejo que pruebes. Así sales un poco de la rutina.
Si hubiese sabido cómo se hace, habría salido corriendo.
Nada, que no había forma de encontrar mi deporte. Probé con el curling, el voleibol femenino, hockey sobre patines fisher price con música, petanca indoor, ciclismo (¡qué pedal!) y un sinfín de deportes más aburridos que un libro sin fotos de Lucía Echevarría o con fotos, pero de Lucía Echevarría.
Ya me iba cabizbajo para casa pensando que no había esperanza y que no iba a ser un gordo asqueroso toda mi vida cuando me crucé con un chico con bronceado de haber estado una semana con gafas en la nieve, traje de neopreno, brazos largos, pegatinas de Plátano de Canarias por todo su cuerpo, gorrito de plástico y un aspecto global que parecía como si te dijera: pégame, pégame. No sé si me explico.
- Tú, ¿qué haces vestido así?
- Retos. Me marco retos y los cumplo.
- Ah. ¿Y?
- Vivo de eso.
- Y eso, ¿le importa a alguien?
- A alguien normal no, pero a los medio sí.
- ¿Y se vive bien?
- De categoría.
- ¿Y eso que haces tú cómo se llama?
- Deporte. Soy un gran deportista.
- Cáspita.
Ahí vi claro cuál era mi camino. En agradecimiento, regalé a mi nuevo amigo un juego de pesas de 500 kilos que até a su cuerpo para que no lo perdiera, le di un empujoncito al mar para que practicara su deporte favorito y me vine para casa, a pensar en un reto que atraiga la atención de la gente y que me permita vivir de gorra durante un tiempo.
Le pedí consejo al Capitán y tras árduas deliberaciones, ya tenemos el reto: llegar a las 100 entradas en este blog.
Es duro, es cansado, se sufre mucho, pero alguien tiene que hacerlo.
A ver si lo conseguimos.