jueves, 18 de septiembre de 2008

La metamorfosis



Cuando despertó, Gregor Samsa descubrió que se había convertido en un escarabajo.

Y es que Gregor Samsa era de ésos que hasta que no toman café, no son persona.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Ya estamos liados


Qué lío, qué lío, qué lío. Y nosotros que pensábamos que la vuelta al trabajo iba a ser tranquilita, y ahora resulta que, sin comerlo ni benerlo, nos encontramos con todo este jaleo. En fin, nobleza obliga, allá va: 

"Ante los últimos acontecimientos acaecidos dentro del panorama político/amoroso internacional, y habida cuenta de nuestra relevante posición dentro del mismo, el Superintendente Vicente y el Capitán Rumikel declaran que tampoco ellos han tenido nada que ver con el embarazo de la ministra francesa, a la que aprovechan para felicitar por su estado de buena esperanza, siendo esta expresión la única posibilidad de unir las palabras buena y esperanza dentro de la Comunidad de Madrid.
Queremos así desmentir los rumores surgidos en las últimas fechas y que recogen diversos y prestigiosos diarios tunecinos, en los que se afirma que el churumbel es fruto de una relación que tuvo ella con servidores y que todo ocurrió durante la cumbre internacional celebrada en Nueva York hace unos meses. Bien es verdad que allí nos dimos cita algunos de los más grandes pensadores y estadistas del mundo. No negaremos que desde que la vimos nos hizo tilín y que durante los recesos entre intervenciones, parapetados tras los carritos de los canapés, lanzábamos furtivas miraditas de tontuna romántica a la franchute. Incluso, diríamos más, consideramos que la teníamos en el bote, ya que tuvimos el fermoso detalle de mandarle una baguette a su habitación para que no echara de menos su país. Creemos que ese gesto, que denota que tenemos una vasta cultura, don de gentes y una panadería cerca, sirvió para que la moza en cuestión cayera enamorada de los dos, razón por la cual se presentó por la noche en nuestra habitación como dios la trajo al mundo, pero un poco más crecidita, porque imagínense qué susto si abrimos y nos encontramos una bebé ministrista francesita pidiéndonos rollete o un cambio de pañales. 

Bueno, a lo que íbamos, que abrimos la puerta y allí estaba la zagala en pelota viva diciéndonos con la mirada "ponme mirando a Cuenca que creo que he perdido allí las llaves". Y a eso íbamos, dispuestos a no dejar pasar una oportunidad así de tener algo que contar a los amigotes cuando de pronto, al fondo del pasillo, en un perfecto francés, se oyó una voz decir: "excuse muá, madmuesel, vu sabé qui ser muá? Vou recordez muá en la foté de las azors? Jo ere le plus guapé" El dueño de esas palabras era un señor más bien bajito pero en perfecto estado de forma, paleta de paddel en mano, crucifijo con la otra, con frondosa cabellera negra, bigote blanco, labio inmóvil y pulseritas de hippye con los colores de nuestra bandera que le daban un aire de los más varonil, juvenil, alevín y benjamín. Un adonis, vamos.

Al verlo, lógicamente, la muchacha nos dejó allí plantados (textualmente) y se metió en sus reales aposentos rauda y veloz como una gacela thompson, que son, si se nos permite el inciso, las gacelas en las que mejor se ve la tele. De su habitáculo estuvieron saliendo gritos y gemidos durante toda la noche, como si una real hembra estuviese siendo poseída por un magnífico ejemplar de macho ibérico. Si no alcanzan a vislumbrar el paralelismo, alquilen una película de Alfredo Landa y se harán a la idea.

Al día siguiente, en la puerta de su habitación el cartel de "no molestar, estamos trabajando en ello" impedía el paso a curiosos. Como durante la ceremonia de clausura ninguno de los dos se dejó ver por allí, nosotros comprendimos que cuando te enfrentas a personajes de esa alcurnia y ese calado mediático, no hay miraditas ni gaitas que valgan. Un macho es un macho. Aquí y en la Gran Manzana.

O sea, que salvo que el niño en cuestión venga al mundo con una baguette bajo el brazo, que a nosotros no nos vengan con milongas, puesto que nada tuvimos que ver en el affaire. Y ya decimos que no fue por falta de ganas.

Atentamente, 

Superintendente Vicente y Capitán Rumikel"

Bien, una vez aclarado el lío, comunicamos a nuestros detractores que no ha habido suerte y que ya estamos aquí de nuevo. Y esta vez, es para quedarnos.

Welcome home.


P.D. Si una persona que te critica es un detractor, un pelota, ¿es un tractor? Piénsenlo, piénsenlo...

viernes, 18 de julio de 2008

Vacaciones en familia


Adorados lectores y visores de fotos. Como ustedes comprenderán, tenemos unas familias y unas obligaciones para con ellos que cumplir. Por supuesto, no lo vamos a hacer porque pensamos que nuestra gente se merece lo mejor. Y lo mejor es que estemos lejos y no molestemos mucho. Y ésa es la razón por la cual nos hemos montado una cabaña en un árbol para pasar el verano. Al árbol no le falta de nada. A la cabaña sí. Lo cual indica que o bien los árboles se conforman con menos, o bien que ya no se hacen cabañas como las de antes.

Si ustedes, oh amados congéneres, quieren venirnos a visitar, tienen las puertas abiertas. Les invitaremos a una limonada y jugaremos a las películas. Verán qué risa, el capitán imita a Zoolander fetén fetén.

Si no nos quieren venir a visitar y no quieren saber nada más de nosotros, no les culpamos. A nosotros nos pasa lo mismo.

Por eso cerramos el chiringuito y nos vamos hasta septiembre, cada uno por su lado, en busca de nuevas y trepidantes aventuras que contar, en busca de sorprendentes y bellas fotos que realizar, en busca y captura por hurto menor (robamos a un señor bajito).

Así que si ustedes lo tienen a bien, nos vemos en setiembre.

Besos, abrazos, parabienes, loción antimedusas y un deseo: feliz navidad.

miércoles, 2 de julio de 2008

Vicenticos!


Como fiel mayordomo que soy y los años que llevo sirviendo a mi amo Vicente, nunca me he entrometido en los asuntos del señorito. Estudié en la misma escuela que Gracita Morales, me fui de erasmus con Rigodón y salí de copas con mister Proper, se podría decir que soy un mayordomo de tres palmos de nariz.

De pequeño siempre veía a Vicente correr hacia el baño con el playboy bajo el brazo, me gustaba pensar que era un gran amante de la lectura moderna y que de mayor sería poeta o trovador. Con el tiempo su afición a la lectura fue creciendo desmesuradamente, del playboy pasó al Lib y de allí al Hustler, sin duda iba a ser un letrado, un erudito, un tío de letras grandes... Pero ayer descubrí algo que cambiaría por completo el transcurso de esta historia.

Vicente se fue de casa para unas vacaciones con su gran amigo y mentor Hugh Heffner. Yo me dispuse a las tareas cotidianas de la casa: abrí unas cervezas, me tumbé en el sofá, puse unos discos de Marisol y llamé a unas señoritas para que me hicieran compañía. Mientras llegaban las damiselas aproveché para entrar en el cuarto de baño de Vicente y dedicarme un poco a la lectura moderna con alguna de sus revistas. Al entrar me tropecé y por poco no me rompo la piñata con un yunque. Me levanté todo lo aturdido que puede levantarse uno al pegarse un coscorrón con un yunque y me cagué en algunos santos que en ese momento pasaban por el pasillo, siempre me lo dejan todo perdido de aceite. Al agacharme a recoger la pantufla que había perdido con el tropezón vi una libreta en el suelo, y aunque no suelo tocar cosas del suelo, la cogí.
Secretamente Vicente llevaba años experimentado con sus genes, descartando los malos y centrándose en los menos malos. Quería crear una nueva super-raza de Vicenticos y lo había conseguido, estaba todo escrito en la libreta. Después de una ardua y pesada elección mancillando jóvenes y apuestas vírgenes y haciéndoles complicadas pruebas de inteligencia con un rubicub por fin dio con la doncella que cumplía con todos los requisitos impuestos por ella misma.

Así que sus vacaciones en compañía de Hugh Heffner no eran más que una tapadera, su afición a la lectura moderna era otra tapadera y lo que me inquieta más, mis albóndigas que tanto le gustaban serían también una tapadera?

Felicitats parelleta!

viernes, 27 de junio de 2008

¡¡ÚLTIMA HORA!!




Muy señores nuestros. Por serios motivos de salud ( el hombre tiene calor), las trepidantes, hilarantes, morningflondiantes y licuantes historias del Superintendente Vicente no estarán disponibles durante unos días. 
Entendemos que estén ustedes tristes y compungidos, pero imaginamos que no será por esto. ¡Venga, ánimo! ¡Arriba los corazones! Ya veréis como todo pasa. 
Mientras este gran prohombre, adalid de las libertades y faro que nos guía en la penumbra de la ignorancia se recupera de sus achaques y recarga energías en compañía de su gran amigo Hugh Heffner, seré yo, Benito, su fiel mayordomo, quien le sustituya en éste su blog.
Confío en que entiendan ustedes que un simple criado no llegará a las dosis de originalidad y excelencia de mi señor, pero oigan, tampoco se me pongan tan exigentes, que a mí no me pagan para esto, rediez, bastante tenía yo con cuidar al maldito chalado como para ahora venir aquí a contarles que si esto o que si aquello.
Pero bueno, tampoco vamos a discutir así de primeras. Así que si no desean nada más los señores, me despido con una reverencia a la remanguillé, como mandan los cánones.

Atentamente, 

Benito

P.D. Por suerte, el Capitán Rumikel ha salido ileso de un atentado suicida provocado por él mismo contra él mismo. Por lo tanto, podremos seguir disfrutando de sus fotografías. Y de su agradable olor corporal.

viernes, 13 de junio de 2008

Sí quiero



Casarse es lo que tiene, que está muy bien, pero sólo si encuentras a alguien que quiera hacerlo contigo. Yo, por ejemplo, me casé varias veces solo y un par de ellas mal acompañado y qué quieren que les diga, no es lo mismo. ¿Eh? ¿Qué quieren que les diga? ¿Y para qué quieren saber eso? Desde luego, hay gente para todo. Incluso para casarse. Antes se les llamaba curas. Ahora, como todo el monte es orégano, da gusto salir a pasear. Por el olorcito. ¿O es la olorcita? Por cómo huele, vamos.

Dicen que de una boda siempre sale otra boda. Eso no es verdad. De una boda, lo que salen es un montón de borrachos que confunden barra libre con barra libertinaje y arramblan con todo. Malditos alcohólicos, por su culpa los abstemios no pueden ir a las bodas de los amigos. Porque los abstemios no tienen amigos. Ni siquiera entre ellos se soportan. Malditos abstemios. ¿Imaginan una boda de abstemios? ¡Dios, qué aburrimiento! ¿Imaginan a una persona que en su sano juicio, sin estar intoxicado de alcohol, así por las buenas, decide que sería divertido iniciar una conga de jalisco? ¿Y que alguien también abstemio pensara que es una gran idea y le siguiera? ¿Una conga de jalisco de abstemios? Sólo tendría sentido si la hicieran en un acantilado y fueran cayendo uno a uno por el precipicio, al ritmo de “la conga (chas chas) de jalisco (chas chas) va y viene (chas chas), aaarreando (chas chas)”. Todo esto, dicho con todo el cariño para los abstemios, claro.

Tal vez sea por mi don de gentes, tal vez por mi robusto y adusto físico, tal vez sea por una conjunción de ambas o tal vez porque a los novios les gusta fardar de que conocen a alguien como yo, siempre me piden que salga al estrado y dirija unas palabras a la gente. Yo siempre digo las mismas: trolebús, níscalo, turulato, mejunje, correveidile, tractor, zumbado y mi favorita: afelpadito.

Afelpadito es la mejor palabra que existe. Sólo por decirla ya te entra el gustito. Pruébenlo en sus casas (o donde estén, vamos) y verán. A fel pa di to. Ohh, qué placer. ¿A que no pensaban que unas letras pudieran dar tanto gustito? Pues hagan como yo, siempre que puedan, métanla en una frase. Me he puesto un pijama afelpadito. Pues no voy bien ni nada con mi camiseta imperio afelpadita. Oiga, por favor, póngame un café afelpadito.

Me conformo con poco, qué se le va a hacer. La culpa es de mis padres (abstemios, claro), que yo les pedía videojuegos y ellos me regalaban palabras. Toma hijo, juega con la palabra luciérnaga, mientras nosotros nos vamos de crucero por el Pacífico Sur.

Y de esos lodos vinieron estos polvos. Es la primera vez que utilizo esta expresión, que lo sepan ustedes.

En fin, que este fin de semana, quien no se casa es porque no quiere. Por ejemplo, los amigos y fieles lectores del blog, Iñaki y Anna, Anna e Iñaki (en total son dos, lo acoto por si se han perdido) se unen en santo matrimonio. En matrimonio a secas, que mola más. Y el capitán Rumikel y el menda lerenda, queremos felicitarles y desearles que tengan una vida en común muy muy feliz. Y sobre todo, muy muy afelpadita.

A fel pa di taaaaaaa…

lunes, 9 de junio de 2008

La frente marchita


El tiempo pasa que es una barbaridad. Nos hacemos mayores, y eso se nota. Se nota en que por ejemplo, utilizas frases como “El tiempo pasa que es una barbaridad. Nos hacemos mayores, y eso se nota.” o “18, ay, quién los pillara, sabiendo lo que sé, claro” o “Por favor jovencito, páseme el sonotone y llame a una ambulancia que me he roto la cadera”, y demás lugares comunes.

Viendo mi juvenil aspecto todo el mundo piensa, por un lado, que tengo un pacto con el diablo a cambio del cual le he dado mi otrora gran capacidad para resolver problemas de trenes que salen de un punto y se encuentran en otro por la eterna juventud. Y por otro lado que soy un niño encerrado en el cuerpo de un hombre, razón por la cual he tenido que comparecer varias veces en el juzgado acusado de pederastia.

Sin embargo he de reconocer que tengo una edad. ¿Cuál? La mía, la mejor.

¡Estás en la mejor edad!, me dice la gente cuando me ve pasar haciendo footing con chándal gris, mis auriculares en los que escucho canciones de Carly Simon, mis calcetines por encima del pantalón, así en plan moderno, mi cinta en el pelo y rosas en la cara. Yo, que soy un coqueto, cuando me dicen esas cosas, me ruborizo. Y en un 58% de los casos, vomito el desayuno en sus corvas como muestra de gratitud y de cansancio.

Ay, cuando yo nací las cosas no eran como ahora, no señor.

Una guerra teníais que haber pasado, mangarranes zangolotinos y pazguatos. En la batalla del Ebro querría veros yo. Nunca olvidaré aquellos días de revuelta y pelea fraticida. Yo luché en el bando de los nacionales los lunes, miércoles y viernes y en el de los republicanos martes, jueves y sábado. Los domingos hacía balance y si se me descuadraban los muertos de uno u otro bando, bajaba por la tarde al Retiro y mataba a unos u otros para no tener problemas durante la semana.

Fueron momentos de hambrunas que solucioné de la forma en la que se resuelven estos casos: comiendo. Cuanto más comí, menos hambre tuve. Así soy yo, enérgico, expeditivo, pelirrojo, neoliberal. Tras la Guerra Civil pasé un tiempo jugando con un yo-yo hasta que vino la revolución de los claveles a la que no fui por temas de alergia y porque uno es muy macho y no me gustaba un nombre tan mariquita. Uy, que te pego con el tallo. Uy, que te pincho. Malditos portugueses, se merecen tener al lado a los extremeños.

Ávido de nuevas experiencias me embarqué en un velero llamado libertad y me marché, y a mi barco le llamé libertad (más que nada, para aprovechar las letras ya pintadas) y en el cielo descubrí unos ojos azules como el mar. Acojonado, di media vuelta, me metí en casa y no salí hasta hace unos años, cuando me llamaron para desempeñar el importante papel que juego ahora como líder juvenil de las nuevas generaciones de los dos partidos mayoritarios y de tres de los nacionalistas.

Yo me sigo sintiendo joven, pero no sé, hoy me he descubierto a mí mismo llenando el depósito de gasolina y comprando víveres para sobrevivir a la huelga de camioneros, no vaya a ser que nos quedemos sin nada.

Y me ha asaltado la duda: ¿me estoy volviendo viejo o sólo más gilipollas?

Y es que en mis tiempos, estas cosas no pasaban.

jueves, 29 de mayo de 2008

LA GOTA QUE COLMA EL VASO



Yo seré como seré, pero me gusta llamar al pan pan y al vino vino. Sí, sí, sé que ahora está de moda llamar al pan Juanbautista y al vino a los que tienen las pestañas blancas, pero yo soy de la vieja escuela. De los Maristas, sin ir más lejos. Allí me dieron la exquisita educación de la que hago gala en las recepciones a las que, debido a la importancia de mi cargo me invitan día sí día también. Y ésa es la razón por lo cual se me caducan siempre los danones en la nevera.

Todo esto viene a colación porque de alguna forma tenía que empezar el escrito y porque mi forma de ser me ha traído más de un sinsabor o como algunos lo llaman, más de una cervezasinalcohol.

Todo esto viene a colación porque con algo tengo que rellenar los segundos párrafos, que son los que peor se me dan y porque así puedo explicarles que estos días he estado más liado que la conciencia de Santi Santamaría.

Todo comenzó una fría y lluviosa noche de invierno, hace dos semanas. Estaba yo practicando una voltereta hacia atrás para mantenerme en forma cuando de pronto una llamada telefónica turbó mi concentración.

Benito, mi mayordomo, me dijo que era una señora, que quería hablar conmigo.

- Pues que me llame- le respondí.
- Eso ha hecho, señor. Lo que pasa es que contesto yo porque soy el mayordomo. Pero el teléfono es suyo.
- Y cuando quieren hablar contigo, ¿dónde llaman?
- A mi teléfono.
- Entonces, siempre que llaman a este, ¿es para mí?
- Sí, señor, aquí no vive nadie más.
- Está bien, puedes retirarte. Te haremos un partido de homenaje.
- Gracias señor. Aquí tiene el teléfono.
- ¿Dígame?
- ¿Señor?
- ¿Sí?
- Que eso no es el teléfono. Es mi mano. El teléfono está en la otra mano.
- Benito, me lías. ¿Hola? ¿Hola? Vaya, han colgado.

Ésa fue la gota que colmó el vaso.

Que alguien se atreva a molestar a una persona de mi importancia y luego cuelgue el teléfono como si tal cosa me irritó tanto que se me puso la cara roja. ¿Y si estaba pensando en algo? ¿Y si me hallaba a sólo unos instantes de resolver un caso?

La gente no tiene ningún respeto por nada. Ya no tenemos valores como los de antes. Como los que nos enseñaban en los Maristas, sin ir más lejos. Allí nos decían que si llamabas a alguien, tenía que ser por algo. Y que no se cuelga a la gente. Salvo que hayan pecado. Entonces sí, a esos malditos pecadores sí que se les puede colgar, sin dejarse llevar por la indulgencia. Si por ninguna otra palabra rara. Porque se empieza con un pecado pequeño, como matar a un señor bajito. Y se sigue por matar a un equipo de voleibol o plantear un referéndum para la independencia, y luego otro pecado, y otro y otro y ya es un no parar. Incluso se comenta que ha habido gente que no ha honrado a su padre y a su madre o que ha utilizado el nombre de dios en vano. Y ésa sí que es la gota que colma el vaso. Por eso yo cuando llamo a alguien, nunca cuelgo. Por eso y porque no tengo teléfono. Uso el de Benito, mi mayordomo, al que aprovecho para saludar.

Hola Benito. Esta noche sí que iré a cenar.

P.D. Por lo demás, todo bien.

jueves, 15 de mayo de 2008

Un poco de poesía

LA RESIDENCIA
(Extracto del capítulo del libro "Al final me muero. Mis memorias" escrito por el poeta Marcelo de Andrade, miembro poco conocido de la generación del 27)


Los años que pasé en la Residencia de Estudiantes fueron maravillosos. Sin duda, los mejores de mi vida. Entrar en ella fue difícil a causa a lo raquítico de mi historial académico anterior. Y no crean ustedes que ello se debió a que no estaba capacitado para las altas calificaciones. La razón fundamental de mi poca dedicación al estudio en mis mozos años fue que siempre pensé que entre un libro abierto y una bella mujer en la misma posición la segunda era preferible. Por decirlo de un modo más épico, seguir fiel a mis ideales repercutió negativamente en mis notas.

En fin, que con un cinco raspado de media en mis anteriores estudios pude entrar en la Residencia de Estudiantes, pero de F.P., situada justo al lado de la famosa, a la que accedía a la hora del recreo siempre que podía, pues allí se acercaban mozas en busca de algún eminente hombre de letras que le regalase los oídos con fermosos poemas.

A mí eso de la poesía siempre había parecido, hablando en plata, una mariconada de mucho cuidado. Pero uno es muy hombre y como tal, hace lo que sea por llevarse al catre una buena compañera. Para poder perfeccionar mi técnica con la pluma híceme amigo de Federico, que con garbo y salero me enseñó a rimar en el lago en el que pasábamos largas tardes. Al menos, a mí así me lo parecían, pues tengo miedo al agua y el vaivén de la barquita me producía vómitos. Pero era un esfuerzo que debía hacer por poderle echar a una muchacha unos versos como Dios manda. Bajo el amparo del granadino hice mi primer poema: "Mi vida sexual".

Sin saberlo, inventé el surrealismo.

Mi segundo poema fue un soneto dedicado a la sordera que titulé, con el gracejo que me caracteriza, "Sonetone". Y ahí empezó todo. A Federico y a mí se nos unieron Aleixandre, Dámaso, Alberti y otros artistas como Dalí, Buñuel, Picasso y Baremboin, que se fue distanciando del grupo porque tenía que volver cada día a su casa de Buenos Aires y quieras que no, uno no encuentra tiempo para quedar con los amigos. Si a eso le sumamos que aún no había nacido y que siempre que decía su apellido nos partíamos de risa, no es extraño que numerosos estudiosos hayan decidido no incluirlo en "Los Araña", que es como nos queríamos llamar nosotros en realidad y que fue cambiado por el de "Generación del 27", un nombre más comercial, por expreso mandato las editoriales de poesía que ya entonces ejercían su poder mediático con el que hoy dominan al mundo.

Fueron, sin duda, tiempos irrepetibles que la guerra seccionó en dos mitades a causa de una estúpida batalla fraternal que bla bla bla, pero que la historia volvió a poner en su lugar, aunque sólo en parte.

Y lo digo (sin rencor, pero lo digo) porque yo nunca tuve el reconocimiento del público, salvo cuando estuve a punto de entrar en la Real Academia de la Lengua y ocupar el sillón "ç minúscula cursiva". Por desgracia, me reconocieron y me echaron de una patada en salva sea la parte.

De cómo sobreviví desde aquel momento escribiendo libros para una presentadora de televisión es algo que podrán leer en el próximo capítulo.

lunes, 5 de mayo de 2008

MAYO DEL 68




Si bien mi aspecto actual indica que soy un hombre maduro al que el paso del tiempo no le ha restado ni un ápice de su atractivo o un niño con una severa enfermedad degenerativa que le hace parecer un hombre maduro al que el paso del tiempo no le ha restado ni un ápice de su atractivo, deben ustedes saber, queridos lectores y lectoras también queridas, que aquí donde me leen, yo he sido joven.

Pero no se confundan, amigos. No hablo de juventud como la entendemos ahora: seres unicelulares, con los pantalones medio bajados y pechos operados, practicantes de un excesivo culto al cuerpo y culpables del total abandono de sus capacidades intelectuales, con la única preocupación que encontrar a algún otro ser de su misma edad para, si es del sexo contrario, practicar el coito y si es del mismo, darse de golpes y/o practicar el coito.

No señora, los jóvenes de ahora no son como los de antes. Nosotros teníamos ideales bellos, nobles, universales, eternos. Admito que el fin último también era la práctica indiscriminada del coito, pero no me negarán ustedes que había maneras y maneras.

Retrocedan ustedes conmigo en el tiempo. Barcelona, mayo del 68. Tanto el Capitán Rumikel como yo éramos ya por aquéllos tiempos, unos líderes. Nuestro campo de actuación eran las aulas. Nos reuníamos los estudiantes de filosofía, literatura, historia, filología, derecho y nosotros, que en aquel entonces estábamos tratando de sacarnos el carnet de conducir B1.

El capitán vestía a la moda de entonces: no le faltaban las largas melenas, las patillas, los chalecos, las camisas floreadas y los pantalones de campana. En cambio, servidor, como siempre he sido una persona con estilo propio y no me dejaba influenciar por las masas, iba vestido con un tutú de ballet, sombrero de copa, lanza grecorromana, adusta mirada, bigote zapatista y una falda pantalón que, modestia aparte, me quedaba fetén fetén.

Pronto nos hicimos famosos en los círculos intelectuales por nuestras ideas revolucionarias. Por ejemplo, propusimos que en vez de correr delante de los grises, lo hiciésemos detrás de ellos, y que cuando se girasen, nos escondiésemos detrás de los árboles, para desorientarlos. Otra de nuestras aportaciones tenía que ver con una nueva concepción del amor libre, pero fue rechazada por estar demasiado adelantada a su tiempo y porque las mujeres no se atrevieron a dar el paso con la excusa de que “eso te lo va a hacer tu señora madre, listo de los cojones”. Estaba claro, España aún no estaba preparada para nuestras preclaras mentes.

Y esa fue la razón para que marcháramos a París, en busca de La Sorbona. Qué sorpresa nos llevamos cuando descubrimos que era una Universidad. Allí nos dejamos imbuir del pensamiento que estaba dando un giro copernicano a la historia contemporánea: leímos a Sartre, escuchamos a Bressons, vimos las obras de Godard… y nos decidimos: teníamos que aprender francés.

En aquel entonces, París era una fiesta. Recuerdo una noche, el Montparnasse, habíamos bebido más absenta de la cuenta. Brigitte Bardot acariciaba la entrepierna del capitán, pensando que era una foca. Yo, en cambio, hablaba con Picasso sobre el cubismo, el surrealismo y el puntillismo. En cambio, él se empeñaba en hablar de pintura. En eso vino Heminway y preguntó por Ezra Pound. “Se ha ido con Scott Fitgerarld, papá pitufo”, le dije yo. Me levanté dejando a Pablo con la palabra en la boca (eran tiempos de carestía, apenas teníamos para comer) y me fui andando por la orilla del Sena, acompañado de Carla Bruni, que ya por aquel entonces me parecía una buscona. De pronto, sin saber por qué, llegué a la plaza de Tian’anmen. Frente a mí, un tanque trataba de sofocar unas revueltas estudiantiles que protestaban porque los libros de texto estaban en chino, lo cual provocaba un alto porcentaje de fracaso escolar fuera de China. Cuando me di la vuelta, descubrí que estaba solo: ni Carla, ni Pablo, ni Proust, ni Camus, ni Ismael Serrano, ni Aznavour, ni Hinault… ninguno de los líderes de la revolución juvenil se atrevió a llegar donde llegué yo. De un puntapié rompí el tanque y fundé el movimiento punk.

Mientras tanto, el capitán había dado buena cuenta de Brigitte Bardot y se encontraba en plena discusión ideológica con un jovencito idealista y utópico llamado Jean Marie Le Pen. Tras aquella charla, cambió su opinión acerca de los extranjeros.

Cuando el capitán y yo cruzamos las miradas, un cóctel molotov sobrevoló nuestras cabezas. Algunas porras aterrizaron sobre las espaldas de nuestros camaradas. Con lágrimas en los ojos provocadas por la emoción y por el gas mostaza, entendimos que nuestra primera misión había concluido. Volvimos a España, que vivía los últimos estertores del franquismo.

Junto con unos amigos de las barricadas, nos hicimos cantautores, formando un grupo al que la historia puso luego en el lugar que merecía. Nos llamamos, en honor a nuestra juventud, Mocedades. Luego, problemas intestinos y la mala asunción de la fama por parte del resto del grupo nos obligaron a separarnos e irnos con la música a otra parte, creando ambos el prestigioso grupo “Sergio y Estíbaliz”, en homenaje a la canción de Jim Morrison “Riders in the Storm”. Nuestro sonido revolucionó de nuevo el espectro sonoro patrio.

La muerte del dictador, la aparición de los tocadiscos sonoros, la pérdida de las cuerdas vocales por parte del capitán en el casino de Torrelodones y la tristeza que supuso en mí descubrimiento de que la guitarra se tocaba por la parte de los seis hilitos nos llevó a dejar de lado la música y a buscar nuevos retos que nos permitiesen una vida más holgada.

Entonces, imbuidos por nuestras ideas anarco-comunistas, fundamos Alianza Popular junto a un amigo que conocimos en la playa de Palomares.

Y lo que pasó entonces, es la historia que ya todo el mundo conoce…

miércoles, 30 de abril de 2008

Sant Jordi


Manual del buen ladrón, lección 1:

"Los libros robados deben leerse de un tirón".


Post dedicado al gran Miguelón, que cumple años y sigue sin parecerlo.

lunes, 28 de abril de 2008

Flortografías (o un título aún peor)


Ahora que mis huskys siberianos se habían acostumbrado a tirar del trineo por las calles de Barcelona respetando las normas de tráfico, va y resulta que llega la primavera. Así que los dejé libres para que volvieran a su Siberia natal y yo me vine para casa dando un garbeo a la pata coja para hacerme el interesante.

Por el camino descubrí tres cosas muy interesantes:

a) Que con las subidas de temperaturas, las mozas y doncellas salen a las calles como dios las trajo al mundo, pero un pelín más vestiditas.
b) Que los huskys siberianos no saben esquivar a los autobuses de la EMT cuando van sueltos.
c) Que si entras en un bar y pides una caña, el Capitán Rumikel tarda menos de 2 minutos en aparecer por la puerta.

- Capitán, ¿qué haces por aquí?
- ¿Me invitas?
- Sí, sí. Camarero, un agua del grifo.
- Ahhh, qué sed tenía.
- Oye, ¿me estabas siguiendo?
- No, no, ¿por qué lo dices?
- Porque no es normal que cada vez que entre en un bar te encuentre y porque tienes un husky mordiéndote la nuca.
- Lo primero es casualidad pura y dura. Y lo segundo, llámalo equis.
- Equis, suelta al capitán. ¡Hale, busca! Capitán, nos conocemos. Sé que quieres algo. Desembucha.
- Este… Superintendente, necesito que escribas algo sobre la primavera. Es que he hecho una foto de una flor lila que te cagas y molaría enseñársela a la gente.
- Pero, ¿por qué no la pones en tu flick? De una flor no se puede sacar una historia. Ya sabes qué dice el refrán.
- ¿Qué dice?
- De una flor no se puede sacar una historia.
- Pues yo quiero que escribas sobre eso. Siempre escribes de lo que tú quieres. Sin embargo, si a ti se te ocurre una foto de un señor afgano, me tengo que ir allá con la cámara. No es justo. Al menos, págame el bonobús.
- Tienes razón, veré qué puedo hacer. ¿Quieres más agua?
- No, no, que he venido en lancha y ya casi no me quedan puntos.
- Haces bien. Oye, deja lo de la flor en mis manos. Intentaré escribir algo.
- Pero no hagas la típica historia en la que salgo yo, ¿eh? Es un recurso fácil que no merecen tus lectores. Imagina algo, piensa, estrújate las neuronas.
- Oye, ¿te digo yo a ti cómo has de hacer tus fotos?
- Sí.
- Sólo te dije qué botón debías apretar. El resto es cosa tuya.
- ¿El resto? La fotografía es eso: el arte de apretar un botón. Y más con una flor, que no se mueve, no sonríe, nada. Tú vas, la ves, miras por el agujerito, aprietas y ya está. Foto hecha. Si entras en mi flick, verás que soy monotemático.
- En eso tienes razón. La fotografía está sobrevalorada.
- Y la de flores, más.
- Y ahora con las digitales, quien no hace una exposición es porque no quiere.
- Malditos fotógrafos.
- Cabrones.
- He puesto tantos guiones que ya no sé si esto lo estás diciendo tú o yo.
- Lo estás diciendo tú. Yo estoy diciendo lo de este guión.
- Para que luego digan que la literatura es fácil. ¿Has visto alguna vez a un fotógrafo contando guiones?
- No, no, ellos simplemente hacen la foto y dicen que entre las olas del mar y el personaje se establece un diálogo interno que se entiende sólo con la mirada. Y se quedan tan anchos.
- Malditos fotógrafos.
- Sin ellos, el mundo sería mucho más sencillo.
- Y mil palabras valdrían lo que tienen que valer.
- Y yo no tendría que escribir sobre una maldita flor.
- ¿Tú? ¿Pero no tenía que escribir yo?
- Se me ha subido el agua a la cabeza.
- Anda, vamos, súbete a mi husky, que te llevo.
- ¿Es nuevo?
- No, es del huskying. Un servicio nuevo que ha puesto el Ayuntamiento.
- Eres demasiado local con tus gracias. ¿No ves que los que no vivan en Barcelona no lo entenderán?
- El humor, si es bueno, se entiende en todo el mundo.
- ¿Y?
- No, nada, por dejar claro ese punto.
- ¿Te hago una foto?
- No, no, que en primavera me salen granos.
- No hay forma de acabar este post.
- Córtalo de raíz.
- ¿Cómo a tu flor?
- ¡Ché, qué bien traído!

miércoles, 23 de abril de 2008

Una explicación a muchas cosas


Dénia, una tarde a finales de 1976. En el interior de una casa modesta, una mujer joven y bien reguapa acaba de limpiar los platos en la cocina (dónde si no). De pronto, una música la sorprende. Viene de otra habitación. La del niño recién nacido. Suena una guitarra y una voz de hombre que dice algo así como mocita dame un clavel, dame un clavel de tu boca, que paeso no hay que tener mucha vergüenza ni poca.

¡¡¡¡Dios mío, mi hijo!!! - grita, tan fuerte que todas las vecinas la oyen por el patio de luces y sacan sus cabezas por las ventanas para ver qué pasa con tanto alboroto.

A toda velocidad, la mujer corre por el pasillo y de un portazo abre la puerta de la habitación del querubín, que está llorando en su cuna. Mientras, un señor hecho y derecho (y bien reguapo, no se me vaya a enfadar), vestido de negro, con una capa de la que cuelgan unas cintas, unas mallas que dejan poco a la imaginación y una guitarra con pegatinas de la Universidad de Granada se muestra sorprendido ante la violenta entrada de la mujer.

- Mujer, ¿qué te pasa?

- Pero, pero, ¿se puede saber qué demonios haces con el niño?

- ¿Yo? Pues, tú... me dijiste que...

- ¡¡¡De cuna, te dije de cuna!!!

martes, 22 de abril de 2008

Culpa


La culpa es de las madres, que los visten como tunos.