viernes, 10 de julio de 2009

Vidas bipolares. Hoy, Franz Kakfa

Dijo Camilo José Cela en una entrevista algo así como que España es un país tan pobre que no puede permitirse el lujo de tener dos opiniones distintas de una misma persona. Luego comentó que era capaz de engullir un litro de agua vía anal y todos nos quedamos con esta segunda frase, dándole sin pretenderlo, la razón.

Esta introducción me viene al pelo para presentar la nueva sección del blog, Vidas Bipolares (aunque también había pensado en llamarla Bi-das), en la que debido a mis vastos conocimientos de historia, literatura, filosofía y balónvolea, voy a tratar de echar luz sobre otras partes menos conocidas de las biografías de los grandes prohombres de la humanidad, entre los que todavía (tiempo al tiempo), no me incluyo.

Y para comenzar, nada mejor que la vida oculta de Franz Kafka. ¿Qué es lo primero que se le viene a la cabeza cuando escucha este nombre? ¿Un tipo triste? ¿Un pesimista irredento? ¿Una excusa para decir que no entiendes algo y seguir pareciendo listo (¡esto es kakfiano!) ¿Un sombrero tirolés? Ya, ya, es que están en migración (ver post de abajo). Mas dejémonos de zoología y adentrémonos en la Praga de finales del siglo XVIII (dieciocho).

Quizás les sorprenda, pero Franz era un tipo alegre y jovial como una castañuela a la que le ha tocado la lotería. El Pischa de Praga, le llamaban. Franz iba de un café a otro con su perro, llamado Mistetas, contando chistes y divirtiendo al personal con sus anécdotas.

Se han encontrado escritos que afirman que suya fue la invención del chiste de estirar del dedo. Y Vladak Smirnoff, coetáneo suyo, cuenta en su libro de memorias "Y eso que no había post-its" lo siguiente:

"En aquellos años, Praga era una fiesta. El sonido de los acordeones te acompañaba desde que te levantabas hasta que te acostabas. Sobre todo si trabajabas en una fábrica de acordeones. Y el principal actor de aquella orgía de risas era el bueno de Franz. Cuando él y su perro llegaban al café, todos callaban, esperando ansiosos a ver con qué chascarrillo nos sorprendía. Recuerdo una vez, en invierno, fuera había nevado y debíamos estar a unos 20 grados bajo cero. Y llega Franz y dice, "qué viruji, ¿eh?". Sólo de recordarlo se me pone la piel de gallina. Y me salen plumas y pico. Co, co, co...".

De día, Franz se ganaba la vida como agente de seguros, pero al caer la noche Franz se transformaba en un monologuista increíble e iba de café en café con su pared de ladrillos y su taburete, haciendo las delicias de los pragueros: ¿se han fijado alguna vez en que en todas las cestas de mimbre de las señoras que van a hacer la compra siempre hay una hoja de lechuga? Ja, ja, ja, venga la risa.

Pero un fatídico día, todo cambió. Como cuenta su ex-amigo, Luboslav Mladenov Penev en el documental "Me pillas en Praga's", "Esa tarde estuvimos comando un café Franz el pisha y yo. Y me contó su próximo proyecto, una novela de humor en la que un hombre se levanta convertido en escarabajo. Estaba emocionadísimo con la obra, todo eran gags hilarantes y frases con doble sentido que incluso me hicieron saltar las lágrimas de tanto reír. Y porque me quemé con el café. Pero al irse a casa sucedió la gran tragedia. Su perro, su amigo inseparable, se escapó. Lo buscó día y noche y no lo halló. Cuando volvió al bar y preguntó "¿Chicos, habéis visto a Mistetas?" todos nos levantamos y con una gran sonrisa le contestamos "¡¡No, pero nos gustaría verlas!!" y nos echamos a reír a carcajada limpia. Sólo de recordarlo se me pone la piel de gallina. Y pongo un huevo. Y laxo mi actitud sexual. Co, co, co..."

Franz nunca volvió a ver a Mistetas. Su vida sufrió una metamorfosis y cayó sumido en una profunda depresión. Se encerró en su habitación a escribir las obras por las que ha pasado a la posteridad y unas cartas para su padre y ya no volvió a sonreír hasta unos cuantos años más tarde, cuando el médico le dijo que le quedaban pocas horas de vida debido a su tuberculosis.

- ¿Qué? ¿Le hace gracia saber que va a morir?
- No, es que pensaba que moriría por lo del dedo.
- ¿Qué le pasa en el dedo?
- Estire y verá, estire...







7 comentarios:

aneta dijo...

Muy bueno Vicente!!!!

Anónimo dijo...

que grande es la historia, sobre todo así contada. Buenísimo!
NdM

Yosi dijo...

Pepinillos en vinagre!, deberían de poner estas grandes historias en las salas de espera de los osteopatas!, al menos no nos haríamos preguntas sobre sus artimañas... garcias primo dani por avisar!, Garcias Vicente por provocarme esta dixlesia en la mandibuila! Garcias a todos!

mewèll dijo...

Yo quiero la enciclopedia completa escrita así!!!!! Y cuando quiera mis memorias se las encargaré a usted, mi Superintendente.

Ahora a ver quién me pone la mandíbula en su sitio...

Dani LC dijo...

De nada primo Yosi, eso lo zanjamos cualquier domingo al mediodía con un chusco de pan y un trozo de chorizo en Paseo de San Juan... Y si me traes unas perrunillas, te pido matrimonio! Garcias a todos por ser como sois!

Capitán RMK dijo...

Incredible! se larga uno cinco minutos a comprar una lata de Tab y cuando vuelve se encuentra con que su socio, su jefe, su mentor, su fiel institutriz! decide sacarse de la chistera (recipiente donde se esconden los chistes) una nueva sección! vidas bi-polares! y ahora de donde saco yo esas fotos? que vienen vacaciones hombre! que yo ya tenía la "rulote" lista para ir a Benidorm.
Una cosa es que tenga que ir al piso de arriba para que me suba el sueldo, pero dejarme sin vacaciones...

Por cierto, ya se nos puede votar en los premios 20 minutos:
http://lablogoteca.20minutos.es/quien-no-tiene-un-blog-es-porque-no-quiere-7790/0/#vota

Reverendo Hoover dijo...

Bravo una vez más, y larga vidaa Kafka por mucho que se rumoree que está muerto. El chiste del dedo junto con el otro de "buenas tetas, digo, buenos días" son los que me han hecho popular entre mis amigos. Bueno, eso, y lo de la ropa interior femenina, pero sobre todo los chistes. Queremos más.