martes, 11 de diciembre de 2007

Critica, que algo queda



Esto de ser personajes más o menos públicos supone, además de mucho dinero y una vida plagada de lujos, momentos menos agradables como el tener que estar expuesto a críticas que provienen desde diversos puntos, unas veces positivas pero hay otras que ay, no lo son tanto.

Dicen los que saben de esto que para que las críticas no le afecten, uno debe tener la piel muy gruesa. Siguiendo ése consejo engordé quince kilos a base de parrilladas argentinas y así conseguí hacer frente a las diatribas que me lanzaron desde todos los suplementos culturales cuando publiqué mi primer libro “Yo maté a Lucía Etxebarría, pero porque llegué antes que los demás candidatos” que trataba de ser una reflexión filosófica sobre el intramundo del artista frente a su obra pero que por los azares de la vida y un error de imprenta acabó siendo un compendio de chistes de leperos.

Entre las más feroces críticas guardo recortes de aquélla de ABC, en la que se me decía “el libro de este nobel escritor guarda la curiosa virtud de ser, en un solo tomo, dos libros en uno. El primero y el último que escribirá este analfabeto inmundo.”

La Vanguardia no se quedaba atrás y decía el calumnista (qué chispa tengo) que “como no quiero ser duro con la gente que empieza en esto del juntaletrismo, me contendré y diré que antes que volver a leer un libro de este inepto zangolotino, prefiero que mi suegra me saque los ojos de sus cuencas con un cucharilla y que en su lugar me pongan dos tapones de corcho.”

El País: “Queremos desde estas páginas pedir disculpas cuando criticamos que los nazis hubieran realizado multitudinarias quemas de libros. Es más, pedimos que vuelvan y que hagan lo mismo con este subproducto infernal.”

El Mundo: “Hay que reconocerle al autor y a la obra su alto contenido didáctico, ya que permite hacer experimentos. Por ejemplo, si usted pone el libro en el suelo y acto seguido realiza usted una deposición a unos metros, puede comprobar que las moscas acudirán mucho antes a la llamada del papel que a la de la mierda misma. Y eso es algo realmente increíble que no todos pueden lograr”.

A todas ellas hice oídos sordos y no dejé que las envidias de unos escritores frustrados me hiriesen, porque como dice mi abuela, no ofende quien quiere sino quien puede. Sin embargo, digo públicamente aquí que hubo una que me dejó más que hundido. En el suplemento cultural de La Razón (valga la paradoja) se me decía que “Se trata, sin duda, de un gran libro, perfectamente escrito por un autor que entra con fuerza en el desolado páramo de las letras patrias. Tiene ingenio, sabe dotar de ritmo a la narración, con personajes perfectamente construidos y una clarividencia espectacular para atrapar al lector desde la primera a la última página.

Y en el apartado musical, recomiendo sin ningún género de duda el último disco de Pau Donés. Tiene ingenio…”

Y es que hay cosas que duelen. Y mucho. Bonito, todo me parece bonito…

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Pese al post, soy absolutamente incapaz de entender qué es lo que ha dolido de esa manera.
Feliz Navidad.

ana dijo...

por favor, sal de aquí, te quiero.

Superintendente Vicente dijo...

Querido anónimo, feliz Navidad para usted también. Esperamos que lo pase muy bien jugando con el regalo del amigo invisible y que el año que viene sea tan próspero como éste, pero que tenga un pelín más de suerte, que se lo merece.

Ana, hemos hablado con él y dice que nones, que no sale, que ahí fuera hace un viruji de agárrate y no te menees. Y que hasta que no vengas tú a por él, no sale. Y dice también que no son horas, que a la 1:55 de la mañana deberías estar durmiendo, soñando con los marcianitos.

Sendos besos.

Nancis Rubias dijo...

"La envidia es como un puñal,
a quién se lo voy a clavar.
Aunque recuerdo que la maldad
siempre se vuelve
palabrería y obsesión
producen muy mala impresión
te comento que insultar
no es ninguna novedad." la, la, la, la...

aneta dijo...

Qué casualidad!!!
Yo también me llamo Ana y te quiero.

Pero no salgas, quédate. Es divertido leerte.

superintendente Vicente dijo...

¡¡Esa es mi aneta!! Si no fuera porque ché collons, te hacía un hijo.

Pues sí, aquí nos quedamos, que nos han dicho que mientras no hagamos ruido, podemos estar todo lo que queramos.

Gracias a todos por vuestros comentarios, no caen en saco roto. Y al buen callar le llaman sancho. Y pardal que vola, a la caçola.

Y así todo el rato.

Anónimo dijo...

Aquí no ha pasado nada. Olvidémonos.

Superintendente Vicente dijo...

Mejor para todos, va. Volvamos a empezar como si tal cosa, que nos liamos por unas tonterías que...

Venga, hasta la próxima.