
Dicen las escrituras que un buen día Noé miró al cielo y dijo a su padre, Matusalén.
- Huy, parece que va a chispear. Papá, tápate que no me quiero quedar huérfano pronto.
Y siguieron su camino. Noé dejó a su padre en el bar donde había quedado con sus amigos para jugar al dominó y se fue a ver cómo iban sus viñas. Allí, una voz más profunda que la de Constantino Romero haciéndose el machote, le dijo:
- Oro parece. Plata Noé. No, en serio, Noé, tengo un mensaje que darte. ¿Sabes quién soy?
- A ver, a ver, dame una pista.
- Va a caer del Diluvio Universal.
- ¡Mario Picazo!
- Noooo, soy Dios. O como dicen los modernos, Yavhé.
- Ya ves. ¿Decías?
- Que como estoy iracundo con los hombres he decidido inundarlo todo y salvarte sólo a ti y a tu familia.
- ¿Y por qué yo?
- Porque eres el único hombre justo de la tierra. Eres el único que no ha cometido jamás un pecado. Eres, lo que aquí arriba llamamos, un pringao de tomo y lomo.
- ¿Y qué tengo que hacer? ¿Me compro un chubasquero y unas katiuskas?
- Eso lo primero. Y luego, así disimuladamente, quiero que construyas un arca, el arca de Noé.
- Querrás decir una barca. La barca de Noé.
- Noé, Noé, Noé mpieces. He dicho un arca y es un arca. Pero para que veas que te quiero ayudar, te he dejado en tu granero un martillo y 98 clavos. Y una alcayata que me ha sobrado del Vaticano.
- Bueeeeeno, intentaré que nadie sospeche. Aunque no sé qué excusa diré si me preguntan por qué construyo un barco en medio del desierto.
- Tú sabrás, Noé. Pero no te demores, porque sólo tienes 120 años.
- ¡Sí hombre, encima con prisas!
Y así fue como Noé comenzó a construir su propia arca, a la que quiso llamar “La Dorada”, pero un mensajero de Dios apareció para decirle que si seguía en su empeño, se las tendría que ver con la SGAE. Así que la llamó “El Arca de Noé” y aquí paz y después gloria.
Noé, hombre bueno y recto donde los hubiera, avisaba a sus vecinos y les alertaba de la próxima catástrofe. Algunos de ellos se reían en su cara y otros no porque estaban tirados en el suelo tronchándose. Y Noé pensaba “como sea una broma, me sé de uno que se mete un barco por donde yo te diga…” pero como era justo, no decía nada y seguía clava que te clava, emocionándose y desilusionándose cada vez que del cielo caían cuatro gotas y luego volvía a salir el sol.
Con la puntualidad de un reloj suizo o de uno japonés con calculadora, 120 años después, Noé acabó su arca. Y volvió a su campo de viñas a ver si había crecido mala hierba en este tiempo.
- Noé, Noé, ¿sabes quién soy?
- Pues así, a bote pronto… Si no me das más pistas...
- Tienes que salvar a todos los animales.
- ¡Pesaos de Greenpeace! ¡Que no me quiero hacer socio, jopetas!
- Que nooo, que soy Dios otra veeeez. Que mañana es la hora, mañana suelto el grifo y aquí no se salva ni David Meca.
- Dios te oiga. O mejor dicho, tú te oigas. Ostris qué lío sólo de pensarlo.
- Antes de que caiga la del pulpo, tienes que llenar tu barco con todos los animales del mundo. Una pareja de cada especie. Julianesmuñoces no hace falta, si eso. Pero de los demás sí. Los metes en el barco y yo ya me encargo de matar a toda la humanidad y de dejaros sólos en todo el mundo a ti, a tu familia y a los animales. Ah, y no seas tan burro: los peces no hace falta que los subas.
- Yo no es por no hacerlo, si hay que ir se va, pero, ¿aún te dura el enfado de hace 120 años? Para ser Dios, ¿no eres un pelín rencoroso?
- Soy como me pasa por los divinos cataplines. Ya estás saliendo a por los animales. Y para que veas que te ayudo, te he dejado un cazamariposas en un establo.
- Gracias, me vendrá fetén para atrapar leones.
Y dicho y hecho. Bueno, no fue tan fácil, porque cometió un error de cálculo. Primero subió dos tigres, luego dos gallinas, dos conejos, dos ñus, dos liebres, dos perdices, dos corderos y cuando llevó dos terneras, se dio cuenta de que sólo tenía dos tigres obesos. Así que pensó en meterlos en jaulas, que sería mejor. Y eso hizo, para alegría del herrero del pueblo que en sólo un día hizo más negocio que en el resto de su vida. Infeliz, poco le duró la alegría. Venía de comprarse una cuchara de palo para no ser menos que sus colegas cuando la riada se lo llevó por delante. Efectivamente, era el Diluvio Universal. La gente se ahogaba, pedía auxilio, lloraba, algunos se tapaban la nariz y entre glus glus pensaban que le tenían que haber hecho caso a Noé. Noé chocaso y mira, decían en un último y letal chiste malo.
En cambio, en el Arca de Noé, él y su familia, guitarra en mano, ponían buena cara al mal tiempo y cantaban:
- “Del Arca de Noééé, no nos moverán, del Arca de Noéé, no nos moverán porque este Arca es toda su viiiidaaaa, noooooo nos mooooveráááááán”.
Un año después, comenzó a escampar. La vida a bordo no había sido nada fácil. Al principio bien, porque a todos les gustaba ver llover por la ventana. Pero cuando llevas 365 sin ver el sol, tienes la piel más blanca que Iniesta, te duelen los huesos de la humedad y sobre todo, un detalle que se le había olvidado a Dios, el barco hacía una peste a mierda de animal que no te quiero ni contar.
- Mira papá, - dijo Noé Junior- parece que ya para. El cielo se está abriendo. ¡Lo hemos conseguido!
- ¡Estupendo! Ahora sólo estamos en un barco a la deriva, lleno de animales, sin nadie más en el mundo, que, por cierto, está completamente inundado. Y sólo nos queda esperar a que se seque, repoblar el planeta (a mi edad) y esperar a que Dios nos dé más órdenes.
En eso, de nuevo, la voz.
- Noé, Noé, ¿sabes quién soy?
- Pues no, pero como seas David Meca y me hayas seguido, te echo a los leones.
- Noé, tú como adivino no tienes futuro. Soy yo, Dios. Que ya se me ha pasado el enfado. Has cumplido tu misión. Y como regalo, mira lo que he dibujado en el cielo.
De pronto, de entre las nubes, un arco iris multicolor (no te jode, no iba a ser gris) apareció surcando el cielo y llenándolo de luz.
- ¿Una banderita gay? Me vendrá ideal si voy a Sitges. Pero vamos, ahora molaría más si me dieras la cadenita del tapón para quitar el agua.
- Desde luego, Noé, le quitas la emoción a todo. No hay cadenita. Manda una paloma y si viene con una ramita de olivo, significará que hay tierra ahí cerca y que puedes aparcar el barco. Ojo no lo rayes, que te conozco.
Y eso hizo. Noé envió primero un cuervo que no tuvo donde posarse. Luego una paloma, que volvió extasiada porque tampoco había tierra firme. Y finalmente, la tercera, volvió con algo en el pico. Dicen las escrituras que era una rama de olivo. Pero fuentes apócrifas dicen que traía una notita manuscrita con un mensaje que decía:
- Queridos aragoneses. Que si eso, lo del trasvase, lo dejamos para otro ratito, que ya nos apañamos nosotros. Fdo: los valencianos.