lunes, 11 de mayo de 2009

Metamorfoseando la metamorfosis



Por la mañana, y tras un sueño intranquilo, Gregor Samsa se despertó convertido en el quinto Beatle.

miércoles, 15 de abril de 2009

Ha nacido una estrella


Como soy un tipo de naturaleza aventurera, adicto a los subidones de adrenalina y al que gusta vivir al límite , decidí que había llegado el momento de lanzarme a tumba abierta a una de las pasiones que siempre habían despertado mi curiosidad: era el momento de hacer mi árbol genealógico.

Así que me encerré en mi despacho y me puse a buscar entre los legajos que había heredado de mis antepasados, muy generosos ellos. Tras horas de investigación logré llegar a la rama que me indicó que mi hermano no se llamaba Psit como yo había creído todo este tiempo, sino Juan José. Cansado y con la cabeza llena de nombres decidí airearme un poco. Y tuve que salir corriendo de la casa, malditas flatulencias.

Para poner en orden mis ideas me peiné con la raya al lado y fui a dar un paseo por la orilla del Duero, que debido a un complicado pero fructífero plan del presidente Camps, ahora pasa por Dénia. La noche había caído. La recogí y volví a ponerla en su sitio, por si venía visita que no lo viera todo desordenado. De pronto me crucé con un tipo extraño: vestía gabardina beige, sombrero de ala corta beige, pantalones beige, zapatos beige y calcetines beige. Me dije para mis adentros: "este año se lleva el beige". Cuando me detuve a tirar piedras al río se detuvo a mi lado y me dijo:

- Psit.
- Se equivoca, me confunde con mi hermano. Nos pasa mucho, como los dos tenemos las orejas puestas en el mismo sitio. Es de familia. Usted busca a Juan José (hice hincapié en el nombre para demostrar que soy un tipo leído pero al mismo tiempo sensible, que se entera de las cosas que pasan en su familia).
- No, no, le busco a usted, Vicente.
- Mire, Vicente sí que soy yo. Aunque muchos me llaman Oiga. ¿Quién es usted?
- Soy Pedro Almodóvar. Pero mis amigos me llaman El cineasta más internacional que salió de su pueblo manchego natal para revolucionar el panorama cinematográfico nacional y convertirse en un icono de la movida.
- Yo le llamaré Caballero, no sé por qué, me apetece llamarle así. ¿Qué desea, Caballero?
- Estoy aquí de incógnito.
- Beige incógnito, lo he reconocido enseguida.
- Necesito su ayuda. Me manda el presidente.
- ¿Laporta? ¿Qué quiere ahora? ¿Más protector solar para Iniesta?
- No, no, ZP. Necesitamos que nos ayude, el cine español se va a pique y sabemos que usted ya nos ha ayudado en alguna ocasión.
- Bueno, sí, yo convencí a Liberto Rabal para que se dedicara a la horticultura. Luego me encargaron que me cargara el incipiente Cinema Català y para ello tuve que conseguir que la Generalitat subvencionara varias películas de Ventura Pons. Y años después conseguí que en Francia pensaran que Juanjo Puigcorvé (Psit Puigcorvé para los amigos) era un buen actor y se lo llevaran.
- Aunque falló en lo de que Ariadna Gil se quedase en casa cuidando a los niños.
- Lo tenía ya casi, pero no conté con que su marido tendría tiempo libre para hacer películas.
- Bueno, el presidente dice que lo pasa por alto. Pero necesitamos una idea: debemos hacer LA GRAN PELÍCULA española. Una historia que nunca se haya rodado y con la que volvamos a ser lo que éramos. Y si puede ser un poco más, pues oye, ya te defecas.
- Está bien, está bien. Apunta. Vamos a hacer una película sobre La Guerra Civil.
- ¡¡Claro!! ¿Cómo no se nos había ocurrido antes?
- Pero no una historia de acción, sino una que demuestre que los falangistas eran malos que ponían Iglesias en los incendios y que los republicanos no sólo eran buena gente, sino que las tías estaban bien macizotas.
- ¿A quién llamamos?
- Entre los rojos no puede faltar Ana Belén. Que diga si eso que ella fue al cásting a acompañar a Loles León y que el director al verla quiso hacerle una prueba.
- Brillante, brillante, continúa.
- Bien, Jorge Sanz y Gabino Diego son dos niños separados por la guerra.
- Pero si tienen 45 años.
- ¿Y?
- Nada, nada.
- Y Juan Echanove hará de Franco. Y en las entrevistas dirá que para meterse en el papel pasó varios días dentro de su tumba, imbuíendose del personaje.
- Eres un genio del marketing.
- Una cosa que estaría bien: a Santiago Segura no le déis un papel, dadle una camiseta con el nombre de la peli, él ya sabe de qué va...
- ¿Y qué hacemos con Pilar Bardem?
- Dadle una medalla. La de bronce de 100 metros mariposa, por ejemplo. No nos conviene que nos griten en los Goya. ¿Lo tienes todo apuntado?
- Sí.
- Pues ahora corre. Corre como el viento y llévale mis palabras a Zapatero. Pide la subvención y ponte a rodar, gordito.
- Sólo una cosa: ¿y si los legionarios son travestidos sodomizados por curas y Carmen Polo de Franco es una coupletista frustrada interpretada magistralmente por Miguel Bosé?
- Vas aprendiendo, nos vemos en los Óscar. Venga, largo de aquí.

Sentado en un banco y con la luna como testigo, como si de Woody Allen en Manhatan me tratase, vi alejarse contento y zangolotino al genial director, capaz de convertir en cool el elemento más castizo, un tipo fiel a su carácter transgresor y que ha sabido siempre rodearse de su elenco de musas, que tan pronto le llevan al borde de un ataque de nervios como a la alfombra roja del Kodak Theatre. Un tipo inclasificable, ajeno a los estereotipos, como el juglar urbano Joaquín Sabina.

Me quedé mirando el reflejo de la luna en el agua y caí en la cuenta de que se me había olvidado decirle que la subtitularan. Así solucionaba el problema que me trasladó la Ministra de Cultura, tan preocupada como estaba con que la gente no leía.

Ah, dura vida la del adalid de las artes...

lunes, 6 de abril de 2009

Una de vaqueros

Lo mejor que tiene ir por el Oeste en diligencia respecto al tren es que no hay peligro de que te pongan una película de Steven Seagal o de Antonio Banderas de la que no puedas escapar.



¿Qué les parece como inicio de un relato? ¿Bien o qué? Es que hay que currarse muy mucho las primeras frases de cada post, porque ahora resulta que si alguien recomienda una entrada en Facebook, salen las dos primeras líneas y la gente, dependiendo de lo que salga, pues entran o no. Y una vez dentro, pues ya ven los anuncios de nuestros patrocinadores y compran, se dejan la pasta y nosotros seguimos engordando nuestras cuentas en paraísos fiscales, a la par que elegantes.

Iba a escribir algo más picante, como que con el traqueteo del galope caballil se me insertó en salva sea la parte el cañón de mi Winchester 73, Ron Negrita Joventut 48, pero uno, como español que es, debe ser celoso de su virilidad y no hacer siquiera chistes con ello. Es por ello que me he decidido por lo de Steven Seagal. ¿Lo entienden, no? Que como en la diligencia no hay tele, ¿saben? Es bueno, he tenido mejores, pero piensen que estoy en el Far West, que vengo desde Barcelona y que tengo los riñones molidos de tanto botecito. Además, en pleno desierto de Arizona, llamado así por el fermoso apéndice nasal de la señora del descubridor del desierto (tócate los huevos, he descubierto un desierto. Todo para ti, todo para ti...), nos han parado los pieles rojas (malditos comunistas) que amenazaban con cortarnos la cabellera si no les dábamos todo el dinero. Por suerte, gracias a mis dotes diplomáticas y a mi caidita de ojos, se han conformado con un mechón de mi cabello y con la promesa de que les añadiré como amigos en el Facebook en cuanto acabe con la misión que me ha traído a esta tierra de las oportunidades.

No sé si lo han notado, pero hemos llegado a un acuerdo con Facebook para promocionar su página, aprovechando el tirón de la nuestra. A cambio, nos han dado un sinfonier estilo Luis XVI, Ron Negrita Joventut 48 que queda fetén en el recibidor de casa.

Pues eso, que al final llegamos al pueblo. Aquello parecía mi piso de estudiantes: gente con barba de varios días y en camiseta durmiendo en los portales, olor a defecaciones de caballo y pelotas de polvo del tamaño de un rinoceronte pequeñito cruzando la acera sin mirar a los dos lados (de ahí lo del rinoceronte).

Bajé de la diligencia preguntándome el por qué de ese nombre tan extraño y me dirigí al Saloon. Notaba cómo las miradas de los lugareños se me clavaban en la nuca, no era bien recibido en aquél maldito poblacho. O quizás era porque iba vestido con la camiseta del Palamós y ellos eran del Terrassa. Daba igual, no iba a quedarme mucho tiempo para averiguarlo.

Necesitaba un golpe de efecto, debía demostrar quién mandaba allí, así que me detuve en medio de la calle y pregunté:

- ¿Quién manda aquí?

- ¡El sheriff!- contestaron todos.

- Bien, es lo que quería demostrar.

Y seguí mi camino. Para hacerme el chulo saqué una cerilla de mi bolsillo y traté de encenderla con los pelos de mi barbita. Dio resultado, demasiado resultado: con la cabeza ardiendo como un bonzo salí disparado cual flecha olímpica, entre aspavientos y alaridos tipo cantante de Communards, con tan buena suerte de tropezar con el abrevadero, que como su nombre indica, era dos veces bueno.

Ya repuesta mi dignidad y con la cara como un señor de Birmingham en agosto en Dénia, pero sereno, entré al Saloon con la energía de un tipo que sabe cómo se las gastan en el salvaje Oeste. Una vez más, se hizo el silencio.

Hasta que alguien gritó:

- ¡Que alguien ayude al tío de las llamas, que ahora se ha quedado atascado entre las dos puertas!

Con la ayuda de dos granjeros con sombrero de paja, banjo y mono con tirantes llegué hasta la barra.

- Una Mirinda, posadero. Mejor traiga la botella.

Desde el otro lado de la barra el camarero deslizó la botella, que se dirigía a mí mientras yo pensaba "ahora verás como no la pille, el descojono cómo va a ser". Sin embargo, antes de que llegara a mis manos, sentí cómo un silbido zumbaba a mis espaldas y vi cómo la botella explotaba en mil pedazos.

Me di la vuelta y ahí estaba él. Michael Dellobetis, el famoso foragido, que soplaba el hilillo de humo que salía de su Colt 45-Ron Negrita Joventut 48.

- Diría que me alegro de verte, pero mentiría- escupió.

- En cambio yo, hace tiempo que no miento. Y mucho más que no me alegro- contesté, sabiendo que esta frase no tenía sentido, pero que me ayudaría a hacerme el interesante.

- Vincent, sabes perfectamente que este pueblo es demasiado pequeño para los dos.

- Hombre, tampoco estoy tan gordo... Ah, vale, vale, ya lo pillo. Que me retas en duelo.

- Espero que seas más rápido con la pistola que tus neuronas.

- Yo, en cambio, espero que la rapidez sea igual a la masa por la aceleración (me estaba quedando con todos los parroquianos. Algunos incluso tomaban apuntes).

- ¿Vamos fuera?

- Venga. Pero no mucho rato, que luego refresca. Y una cosa es que lleve calzoncillos de manga larga y otra que sea inmune al viruji.

- Tranquilo, será rápido.

Y salimos. Oíamos cómo en el poblado las mujeres cerraban las ventanas. Algunos padres se llevaban a sus hijos dentro de casa. Otros los metían internos en colegios. La pelotilla de polvo había dado tantas vueltas que era una gigantesca bola en la que rodaban atrapadas vacas, ponys y unos percebes que habían venido a ver a unos escorpiones amigos suyos de cuando la mili.

La tensión se mascaba. El tabaco también. La diferencia entre una y otro se notaba, sobre todo, al escupir. Tenía frente a mí a Michael Dellobetis, el más fiero y famoso cuatrero desde el Missouri hasta el Ebro, que pasa por la Rioja, Navarra y Aragón, como todo el mundo sabe. Sus dedos ágiles habían dejado en la cuneta a más de mil osados que tuvieron el valor de retarlo. Y ahora, yo, estaba a punto de seguir su mismo camino o escribir mi página en un lugar destacado de la historia, posiblemente en la contraportada o, como mínimo, en página impar y a todo color.

Así como de reojillo miré con complicidad a mi Smith&Wesson (el Juventut no jugó ese día) y le dije mentalmente: vamos allá. Con la velocidad en la mano que me proporcionó una adolescencia sin amigas pero con mucha imaginación desenfundé mi revólver y apreté el gatillo.

Humo.

Polvo.

Y un ruido seco: plof.

Cuando se levantó la polvareda vi aparecer poco a poco la figura aún ergida de Michael. Creo que ambos nos llevamos la misma sorpresa:

- ¿No te he dado? - preguntamos al unísono.
- A mí no, ¿qué íbais a por mí, cabritos?- contestó el unísono.

De pronto, un grito:

- ¡¡¡Mi caballo!!! ¡¡¡Cabrooones!!!¡¡¡Rocinanteeee!!!

Un vaquero de los de lanza y armadura y perilla lloraba desconsoladamente sobre los lomos de un rocín flaco tendido en el suelo, inerte. Mi bala había ido en una dirección a la que yo no había apuntado, como me advirtieron al comprar la pistola en aquella feria.

Crucé la mirada con Michael y ambos comprendimos que esto no tenía sentido. Cogidos de la mano de la forma menos homosexual que nos fue posible volvimos a entrar en el Saloon y pedimos Mirinda para todos (sí, sí, Mirinda también nos patrocina) y bebimos y eructamos en las caras hasta que todos llevábamos el pelo hacia atrás.

Los eructos dejaron paso a las canciones sobre llaneros solitarios y picaduras de alacranes, mientras el sol se ponía en el poblado y sólo los gemidos del viudo equino turbaban el devenir normal de un ocaso en el lejano y salvaje Oeste.


Pero, ¿y la bala de Michael Dellobetis? ¿Qué fue de ella? Nunca se supo, nunca se supo. Mas cuenta la leyenda que sigue su curso por el aire en busca de un blanco. Así que si alguna vez estás tomando una Mirinda y oyes un silbido, cuidado, porque puede ser ella. O puede ser un tren que viene (todo depende de dónde te estés tomando el refrigerio).

O puede ser un señor silbando.

Vamos, un 99% de posibilidades que sea eso.

Qué nervios, ¿eh?







Fiuuuuuu....


martes, 17 de marzo de 2009

DESENMASCARANDO LA HISTORIA: EL ARCA DE NOÉ (ojo, historieta larga)




Dicen las escrituras que un buen día Noé miró al cielo y dijo a su padre, Matusalén.

- Huy, parece que va a chispear. Papá, tápate que no me quiero quedar huérfano pronto.

Y siguieron su camino. Noé dejó a su padre en el bar donde había quedado con sus amigos para jugar al dominó y se fue a ver cómo iban sus viñas. Allí, una voz más profunda que la de Constantino Romero haciéndose el machote, le dijo:

- Oro parece. Plata Noé. No, en serio, Noé, tengo un mensaje que darte. ¿Sabes quién soy?
- A ver, a ver, dame una pista.
- Va a caer del Diluvio Universal.
- ¡Mario Picazo!
- Noooo, soy Dios. O como dicen los modernos, Yavhé.
- Ya ves. ¿Decías?
- Que como estoy iracundo con los hombres he decidido inundarlo todo y salvarte sólo a ti y a tu familia.
- ¿Y por qué yo?
- Porque eres el único hombre justo de la tierra. Eres el único que no ha cometido jamás un pecado. Eres, lo que aquí arriba llamamos, un pringao de tomo y lomo.
- ¿Y qué tengo que hacer? ¿Me compro un chubasquero y unas katiuskas?
- Eso lo primero. Y luego, así disimuladamente, quiero que construyas un arca, el arca de Noé.
- Querrás decir una barca. La barca de Noé.
- Noé, Noé, Noé mpieces. He dicho un arca y es un arca. Pero para que veas que te quiero ayudar, te he dejado en tu granero un martillo y 98 clavos. Y una alcayata que me ha sobrado del Vaticano.
- Bueeeeeno, intentaré que nadie sospeche. Aunque no sé qué excusa diré si me preguntan por qué construyo un barco en medio del desierto.
- Tú sabrás, Noé. Pero no te demores, porque sólo tienes 120 años.
- ¡Sí hombre, encima con prisas!


Y así fue como Noé comenzó a construir su propia arca, a la que quiso llamar “La Dorada”, pero un mensajero de Dios apareció para decirle que si seguía en su empeño, se las tendría que ver con la SGAE. Así que la llamó “El Arca de Noé” y aquí paz y después gloria.

Noé, hombre bueno y recto donde los hubiera, avisaba a sus vecinos y les alertaba de la próxima catástrofe. Algunos de ellos se reían en su cara y otros no porque estaban tirados en el suelo tronchándose. Y Noé pensaba “como sea una broma, me sé de uno que se mete un barco por donde yo te diga…” pero como era justo, no decía nada y seguía clava que te clava, emocionándose y desilusionándose cada vez que del cielo caían cuatro gotas y luego volvía a salir el sol.

Con la puntualidad de un reloj suizo o de uno japonés con calculadora, 120 años después, Noé acabó su arca. Y volvió a su campo de viñas a ver si había crecido mala hierba en este tiempo.

- Noé, Noé, ¿sabes quién soy?
- Pues así, a bote pronto… Si no me das más pistas...
- Tienes que salvar a todos los animales.
- ¡Pesaos de Greenpeace! ¡Que no me quiero hacer socio, jopetas!
- Que nooo, que soy Dios otra veeeez. Que mañana es la hora, mañana suelto el grifo y aquí no se salva ni David Meca.
- Dios te oiga. O mejor dicho, tú te oigas. Ostris qué lío sólo de pensarlo.
- Antes de que caiga la del pulpo, tienes que llenar tu barco con todos los animales del mundo. Una pareja de cada especie. Julianesmuñoces no hace falta, si eso. Pero de los demás sí. Los metes en el barco y yo ya me encargo de matar a toda la humanidad y de dejaros sólos en todo el mundo a ti, a tu familia y a los animales. Ah, y no seas tan burro: los peces no hace falta que los subas.
- Yo no es por no hacerlo, si hay que ir se va, pero, ¿aún te dura el enfado de hace 120 años? Para ser Dios, ¿no eres un pelín rencoroso?
- Soy como me pasa por los divinos cataplines. Ya estás saliendo a por los animales. Y para que veas que te ayudo, te he dejado un cazamariposas en un establo.
- Gracias, me vendrá fetén para atrapar leones.


Y dicho y hecho. Bueno, no fue tan fácil, porque cometió un error de cálculo. Primero subió dos tigres, luego dos gallinas, dos conejos, dos ñus, dos liebres, dos perdices, dos corderos y cuando llevó dos terneras, se dio cuenta de que sólo tenía dos tigres obesos. Así que pensó en meterlos en jaulas, que sería mejor. Y eso hizo, para alegría del herrero del pueblo que en sólo un día hizo más negocio que en el resto de su vida. Infeliz, poco le duró la alegría. Venía de comprarse una cuchara de palo para no ser menos que sus colegas cuando la riada se lo llevó por delante. Efectivamente, era el Diluvio Universal. La gente se ahogaba, pedía auxilio, lloraba, algunos se tapaban la nariz y entre glus glus pensaban que le tenían que haber hecho caso a Noé. Noé chocaso y mira, decían en un último y letal chiste malo.

En cambio, en el Arca de Noé, él y su familia, guitarra en mano, ponían buena cara al mal tiempo y cantaban:

- “Del Arca de Noééé, no nos moverán, del Arca de Noéé, no nos moverán porque este Arca es toda su viiiidaaaa, noooooo nos mooooveráááááán”.

Un año después, comenzó a escampar. La vida a bordo no había sido nada fácil. Al principio bien, porque a todos les gustaba ver llover por la ventana. Pero cuando llevas 365 sin ver el sol, tienes la piel más blanca que Iniesta, te duelen los huesos de la humedad y sobre todo, un detalle que se le había olvidado a Dios, el barco hacía una peste a mierda de animal que no te quiero ni contar.

- Mira papá, - dijo Noé Junior- parece que ya para. El cielo se está abriendo. ¡Lo hemos conseguido!
- ¡Estupendo! Ahora sólo estamos en un barco a la deriva, lleno de animales, sin nadie más en el mundo, que, por cierto, está completamente inundado. Y sólo nos queda esperar a que se seque, repoblar el planeta (a mi edad) y esperar a que Dios nos dé más órdenes.

En eso, de nuevo, la voz.

- Noé, Noé, ¿sabes quién soy?
- Pues no, pero como seas David Meca y me hayas seguido, te echo a los leones.
- Noé, tú como adivino no tienes futuro. Soy yo, Dios. Que ya se me ha pasado el enfado. Has cumplido tu misión. Y como regalo, mira lo que he dibujado en el cielo.

De pronto, de entre las nubes, un arco iris multicolor (no te jode, no iba a ser gris) apareció surcando el cielo y llenándolo de luz.

- ¿Una banderita gay? Me vendrá ideal si voy a Sitges. Pero vamos, ahora molaría más si me dieras la cadenita del tapón para quitar el agua.
- Desde luego, Noé, le quitas la emoción a todo. No hay cadenita. Manda una paloma y si viene con una ramita de olivo, significará que hay tierra ahí cerca y que puedes aparcar el barco. Ojo no lo rayes, que te conozco.

Y eso hizo. Noé envió primero un cuervo que no tuvo donde posarse. Luego una paloma, que volvió extasiada porque tampoco había tierra firme. Y finalmente, la tercera, volvió con algo en el pico. Dicen las escrituras que era una rama de olivo. Pero fuentes apócrifas dicen que traía una notita manuscrita con un mensaje que decía:

- Queridos aragoneses. Que si eso, lo del trasvase, lo dejamos para otro ratito, que ya nos apañamos nosotros. Fdo: los valencianos.

miércoles, 11 de marzo de 2009

El deporte es vida


- Tanto usted como usted tienen el mismo problema: sobrepeso. Les receto que hagan deporte, mucho deporte.
Esta frase del médico me dejó bastante preocupado por dos motivos:
a) en la farmacia me dijeron que no tenían deporte, que eso lo tiene que hacer uno solo.
b) al médico había ido yo solo.
Tenía que hacerme el ánimo: si quería eliminar mi problema de peso del que ya les hablé en el post anterior (si no me creen bajen el cursor un rato y verán) tenía que moverme y hacer ejercicio. Así que me apliqué la frase que hizo famosa el gran deportista Diego Maradona: "todo es ponerse", y me lancé de lleno a este ignoto mundo del sudor y el contacto físico sin (en principio) objetivo sexual.
Lo primero era encontrar el atuendo apropiado. Busqué en mi armario ropero estilo Luis XVI y encontré mi chandal verde con los hombros rosa que me costó 3.000 pesetas de la época en el Prica de la época (suponiendo que tanto las pesetas como el Prica hayan marcado una época, claro). Me calcé mis zapatillas Paredes con doble (y sí, he dicho bien, doble. Uno, cuando es por la salud, no repara en gastos) cierre de belcro y bajé en ascensor (no es plan de lesionarse) al kiosko más cercano.
- ¿Qué? ¿A hacer deporte?
- Hay que estar en forma. Deme el Marca.
Y subí al sofá.
Si uno va a hacer deporte, digo yo que tendrá que saber cuántos hay, ¿no? Pues eso, que eché una ojeada y ya sabes qué pasa cuando uno lee artículos tan profundos, que aparece por ahí como quien no quiere la cosa Morfeo con esos brazos tan musculosos que te dicen ven que te acurruco y uno, que es de naturaleza débil y al que los colores estridentes del chándal estaban dañando los ojos, pues decidió cerrarlos un poco y echar una cabezadita, que si bien es cierto que adelgazar no adelgaza, tampoco engorda.
Oiga, mano de santo. Tres días después me desperté con una vitalidad que ríase usted de esos jóvenes que se toman pastillas de colores los sábados por las noches. Así que decidí empezar a lo grande y me dirigí al estadio de fútbol, donde estaba a punto de jugar un partido importantísimo la selección española. De fútbol, claro.
- Hola, ¿sois justos?
- Hombre, pues no, se nos acaba de lesionar uno. ¿Quieres jugar y ser internacional ante más de 95.000 personas?
- Venga, pero no vale tirar fuerte.
- ¡¡Eh, eh!! - espetó un joven que también por allí andaba - ¡Que yo estaba antes!
- Lo siento Raúl, que tú no juegas, que preferimos a este gordito.
Y así fue como debuté frente a Brasil en la semifinal del campeonato del mundo. Sí, está bien, ganas mucho dinero, viajas y todo lo que quieras, pero digan lo que digan, los partidos en el plus se ve mejor. Y me retiré en busca de otro deporte.
Probé con el baloncesto, pero cogía demasiados rebotes. Que si las cheerleaders van demasiado destapadas, que si el aro es muy pequeño, que si a los tíos de 2,15 les huelen los pies... siempre estaba enfadado. Así que volví a cambiar y me fui al club de tenis a preguntar a ver a aquéllo cómo se jugaba.
- Es muy fácil, yo te tiro la pelota, tú me la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves, yo la tiro, tú la devuelves... aunque no sepas jugar mucho, yo te aconsejo que pruebes. Así sales un poco de la rutina.
Si hubiese sabido cómo se hace, habría salido corriendo.
Nada, que no había forma de encontrar mi deporte. Probé con el curling, el voleibol femenino, hockey sobre patines fisher price con música, petanca indoor, ciclismo (¡qué pedal!) y un sinfín de deportes más aburridos que un libro sin fotos de Lucía Echevarría o con fotos, pero de Lucía Echevarría.
Ya me iba cabizbajo para casa pensando que no había esperanza y que no iba a ser un gordo asqueroso toda mi vida cuando me crucé con un chico con bronceado de haber estado una semana con gafas en la nieve, traje de neopreno, brazos largos, pegatinas de Plátano de Canarias por todo su cuerpo, gorrito de plástico y un aspecto global que parecía como si te dijera: pégame, pégame. No sé si me explico.
- Tú, ¿qué haces vestido así?
- Retos. Me marco retos y los cumplo.
- Ah. ¿Y?
- Vivo de eso.
- Y eso, ¿le importa a alguien?
- A alguien normal no, pero a los medio sí.
- ¿Y se vive bien?
- De categoría.
- ¿Y eso que haces tú cómo se llama?
- Deporte. Soy un gran deportista.
- Cáspita.
Ahí vi claro cuál era mi camino. En agradecimiento, regalé a mi nuevo amigo un juego de pesas de 500 kilos que até a su cuerpo para que no lo perdiera, le di un empujoncito al mar para que practicara su deporte favorito y me vine para casa, a pensar en un reto que atraiga la atención de la gente y que me permita vivir de gorra durante un tiempo.
Le pedí consejo al Capitán y tras árduas deliberaciones, ya tenemos el reto: llegar a las 100 entradas en este blog.
Es duro, es cansado, se sufre mucho, pero alguien tiene que hacerlo.
A ver si lo conseguimos.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Una cuestión de peso


Muchos de ustedes, queridos amigos, me preguntan día sí día también (esto es una frase hecha, no les estoy llamando malditos pelmazos) que por qué no hay ninguna foto mía en este blog que con tanto alborozo compartimos. Ah, cómo se nota que no me conocen en persona, porque entonces otro gallo cantaría (esto también es una frase hecha, no vayan ustedes a pensar que los gallos… ah, que ya lo sabían, que no son tontos, que no hace falta que lo explique todo y que me meta los paréntesis donde me quepan. ¿Y que eso no es una frase hecha? Carambos, qué carácter. Pues nada, nada, cierro el paréntesis, sigo a lo mío y si luego no entienden algo, ya se apañarán, susceptibles).

Iba diciendo antes de que me increparan que no hay fotos mías en el blog. El motivo es el siguiente: estoy tan gordo que no quepo. Y eso que las pantallas son apaisadas. Pero ni así. Ni en las de 20 o 22 pulgadas, ésas tan grandotas que usan los diseñadores. ¿Qué pasa, que en una pantalla normal no lo ven? ¿Y por qué no hacen más grandes los logotipos? ¿Y para qué sirven entonces las gafas de pasta? ¿Para hacer bonito? Me gusta meterme con los diseñadores, les puedo insultar sin problemas porque éste es el segundo párrafo y ellos ya hace varias líneas que se han dormido.

¿No me creen? Miren: diseñadores gilipuertas.

Nada, no queda ni uno. Ellos, si no está en negrita (de colorcito para los políticamente correctos) no lo leen ni aunque les vaya la vida en ello. Ahora, eso sí, si pones una foto o un dibujito (ilustración que les llaman) y eso sí, lo analizan, observan la perspectiva, el trazo, la luz… panda de snobs, oiga.

Yo creo que los diseñadores son grandes muchachos. Y mejores personas.

Por ceñirnos un poco, que estoy gordo. Aunque claro, si estoy gordo, es normal ceñirse, ¿no? Ceñido, gordo, ¿lo pillan? Ja, ja, ja, qué risa. Es que tengo unas cosas que oigan, soy la monda. No sé ustedes qué piensan, pero yo a veces creo que estoy incluso infravalorado, que me estoy perdiendo aquí dentro, porque es que se me ocurren unas cosas tan graciosas que si me conocieran más allá del blog, quizás me haría archifamoso. Me saldría. Claro, como estoy tan gordo… ¿ven? ¿ven? ¡¡Soy un no parar!! Ja, ja, ja, ¡dios mío, díganme que me calle o se me va a salir la mandíbula!

Ah, ah, cdeo de ze me ha zadido da. Miedda, da dabía do de danda dizaaa….¡crack!

Uy, ya está. Suerte que de niño tenía la enciclopedia de los Jóvenes Castores y allí leí cómo recomponer una mandíbula y cómo fabricar un desfibrilador con dos ardillas y un cable de cobre.

De pequeño siempre estaba devorando libros. Quizás sea por eso por lo que estoy gordo. Pero no porque me los comía (es que claro, era una frase hecha y no sé si la habían entendido o no), sino porque los leía. Leía todo lo que caía en mis manos: ficción, biografías, libros de instrucciones, folletos publicitarios, guías telefónicas, biblias, coranes, tigres, leones, todos quieren ser los campeones… Y claro, al tiempo que crecía mi vasta cultura, unas gelatinosas lorzas cubrían mis abdominales y me daban el aspecto orondo que ahora tengo. Para que se hagan una idea, tengo mollas hasta en los ojos.

Por eso ahora tampoco puedo leer. Quizás por eso escribo lo que escribo.

No lo sé, como no me leo…

martes, 24 de febrero de 2009

Espías como nosotros

Cuando comenzamos este proyecto conjunto, allá por los felices años 70, nos pusimos tres normas básicas que debíamos cumplir siempre que fuese posible, a saber: 
- No utilizar palabras soeces, pues aquí entran muchos niños y mayores con severos retrasos en su formación (mejorando lo presente).
- No desvelar secretos que puedan poner en peligro la estabilidad del país.
- Escribir siempre los artículos ataviados con unos manguitos negros y un sombrerito de ala corta en el que destaque una tarjeta con la inscripción "Press".

Y voy a aprovechar esta entrada para cargarme, de un plumazo, los tres preceptos básicos. 

Quiero que sepan que mientras redacto estas letras adorna mi testa un frutero tamaño standard y por único ropaje llevo unas estrellitas negras en los pezones de los que cuelgan dos borlas como las que mi abuela tiene en las cortinas y un tanga de lentejuelas que, aunque está mal que yo lo diga, me queda muchísimo mejor que a Norma Duval. No es un atavío muy práctico para escribir, pero cuando he ido a por el pan he causado sensación. 

Y ahora no se me distraigan, que lo que voy a contar es importante: 

Venía yo de cazar mariposas con unos amigos ministros y jueces cuando de pronto, al llegar a casa vi que en la puerta había clavado un puñal y en la punta, la siguiente inscripción:

"La lideresa ordena que te presentes ante ella lo más rápido posible. Intenta ponerte algo elegante. Aunque nos conformamos con que esta vez te pongas algo. 

P.D. Nota mental: comprar post-its."

Dicho y hecho, una línea más tarde de la post data, ya estaba ante la imperial presencia de ELLA, la mujer más importante de España, con permiso de Elsa Pataky, a la que aprovecho para saludar. Hola Elsa. 

- ¿Da su permiso?
- Sí, Vicente, pasa hijo. Tengo una misión importantísima para ti. 
- ¿Una misión de verdad o una de broma como la otra vez que me mandó a investigar a los líderes del PSOE en Valencia?
- No, una de verdad. Esta vez quiero que investigues a gente que sí que existe. Quiero saberlo todo del jefe de mi oposición. Con pelos y señales. Cuándo sale, cuándo entra, con quién habla, con quién duerme. Todo.
- Soy tu hombre.
- Más quisieras. Fuera de mi vista. 

Así que me puse manos a la obra. Lo primero que hice fue instalar micrófonos en su casa. Como de material voy escaso, en vez de micros instalé varios danones unidos con hilo de lana y un sing star. Pero no descubrí nada. Utilizando el clásico método de un periódico con dos agujeritos me aposté en un banco frente a su casa y vigilé todos sus movimientos. Todo lo que conseguí fue leer las noticias partidas y no enterarme de cómo había quedado el Barça. 

Así que opté por seguirle. Fui con él a misa, a la ópera, a la lavandería, a 15 manifestaciones contra el gobierno y cuando ya estaba cansado de esta maldita misión, por fin di en el blanco. Es lo que tiene jugar a dardos mientras trabajo.  

Nada, el maldito gafotas no parecía darme lo que yo quería. Hasta que cayó la noche. Estaba yo en mi coche apurando el último pitillo cuando un señor vestido de negro y con pasamontañas salió de su casa. Arranqué el coche y anduve tras él chano chano, manteniéndome a una distancia prudencial para no ser descubierto. Bien porque me excedí en mi concepción de la palabra "prudencial", bien porque uno es hombre de costumbres y a ciertas horas le entra lo que los castizos llaman "el sueñecito" y los más realistas lo definen como "quedarse frito como una marmota", la cuestión es que le perdí. La experiencia en estos casos es un grado, y ella me decía que una vez perdido, ya es tontería no seguir sobando, así que apoyé mi testa en el volante y me puse a soñar con botellas de Beefeater desnudas.

La del alba sería cuando me despertó una palmada a mano abierta en mi nuca. Ya estaba dispuesto a responder a tamaña agresión lanzándole una de mis legañas tamaño Torrebruno al osado sujeto cuando me sorprendió verle a él. 

- Llevas días siguiendome. ¿No crees que ya está bien?
- Eres bueno muchacho, eres bueno. Dime. ¿cómo me has descubierto?
- Digamos que tus traje de camuflaje hecho a base de ramas y hojas puede ir muy bien en la selva. Pero en la Gran Vía canta un poco. Aunque sean ramas de madroño.
- Touché, amigo. 
- ¿Me vas a decir quién te manda? ¿Es ella?
- ¿De quién me hablas? ¿Ella?
- La caraliebre. Confiesa. 
- No hablaré si no es en presencia de mi abogado.
- Escucha bien. Todo esto forma parte de un plan urdido por ella. Y tiene un fin.
- ¿Eliminarte?
- Peor. Depilarme las cejas al cero. 
- ¿Qué me dices?
- No me hagas repetírtelo. Lee dos líneas más arriba. 
- Pone qué me dices.
- Ché qué tío más burro. Quiere tenerme controlado para saber en qué momentos del día bajo la guardia. Y en ese momento, uno de sus esbirros corruptos se abalanzará sobre mí y... ¡zas! ¡Adiós cejas!
- Y tú sin cejas eres como...
- No sería nada. Caería hacia atrás y moriría desnucado. Y entonces ella tendría el camino libre para dominar el mundo. Y tú le estás haciendo el trabajo sucio. 
- No, no, es que he comido en el coche, y con el traqueteo... 
- En fin, me voy. No quiero volverte a ver por aquí o diré a mis hombres que ataquen donde más te duele. Sabes perfectamente que puedo volver a poner a Juan Bautista Soler al frente del Valencia.
- ¡¡Ostiaputa!!*
- Pues hale, lárgate. Y si me pasa algo, ya sabes, nos vemos en segunda división.

Y se alejó, dejándome a mí con la cruenta sensación del que ha estado, sin saberlo, trabajando para un fin indigno que podría sumir al país en la más terrible oscuridad. Y lo que es peor, al Valencia. 

Por eso he decidido contar mi historia. Y quién mejor que ustedes, mis fieles lectores, para compartirla. Posiblemente si han leído hasta aquí pensarán que todo esto es una pérdida de tiempo y que estarían mejor en otro blog.

Pero piensen que si se van ahora, quizás se pierdan lo mejor. Sólo les quedan unas pocas líneas y abandonar ahora la lectura puede significar no ver ese giro copernicano, ese doble mortal final que daría sentido a toda esta historia. 

Quizás esté en la próxima línea.

Pues no, en esta no está. Y por lo que parece, tampoco está en las que siguen.

Definitivamente, no está. Así que si eso, ya pueden ir a otro blog o ponernos a caldo en los comentarios. 

¡¡Ah, calla!! Ahí abajo hay un asterisco. ¿Y si estuviese allí el sentido de todo esto?














* Yo sólo soy un asterisco, no me pidan a mí que haga lo que no ha hecho este tío en todo el relato. Mi función aquí está en señalar que, como bien ponía al principio, aquí hay una palabra soez. Con lo cual, objetivo cumplido. 


martes, 17 de febrero de 2009

Desenmascarando la historia: hoy, la verdadera historia de Moisés.



Lo peor de vagar años y años por el desierto sin saber demasiado bien el rumbo no era el sol abrasador, ni el frío de la noche ni el hambre ni la sed. Lo peor de ser el guía del pueblo hebreo hacia la tierra prometida era tener que escuchar sin descanso: “¿falta mucho? ¿y ahora? ¿más de lo que llevamos o menos? Cuando puedas para, que quiero devolver…”.

Moisés, al que muchos confundían con Charlton Heston, había escapado de la tiranía del faraón egipcio Ramsés II y V de Alemania, que la emprendió con los hebreos porque a uno se le ocurrió decir que a sus dibujos les faltaba perspectiva. Para ayudarles, Yahvé (llamado así por la invención del monóculo) mandó a los egipcios las 10 plagas. La primera fue David Meca. Con esa tuvieron más que suficiente y dejaron partir a los esclavos. De hecho, se han encontrado escrituras que narran que el episodio de la abertura del Mar Rojo no sucedió para escapar de los egipcios, sino del nadador catalán que no paraba de pedirles que le cronometraran cuánto tardaba en cruzarlo.

Pero lo que a simple vista prometía ser un plácido viaje a pie durante años por el desierto con un montón de hebreos se convirtió en un terrible viaje a pie durante años por el desierto con un montón de hebreos.

Para aplacar los ánimos de los más exaltados, Moisés se vió obligado a pedir a Dios varios milagros, como hacer llover maná, que brotara agua de las piedras o que les contara qué pasaba en la sexta temporada de Perdidos. Pero al final la gente se cansa y quieras que no, desconfía.

- Oye Moisés – dijo uno - yo no es por ser tiquismiquis, pero ¿me podrías volver a explicar a santo de qué eres tú el enviado de Dios?
- Ya te lo he dicho, me lo dijo él hace años cuando se transformó en una zarza ardiendo.
- Ah bueno, si es así, me callo. Pensaba que era por una tontería.

Y siguieron andando unos mesecitos más.

Hasta que llegaron a las faldas del monte Sinaí. Entonces Moisés, subido a una piedra, se dirigió a su pueblo con unas palabras que pasaron a la historia:

- ¡Voy un momento al monte a plantar un pino y ahora vuelvo! ¡No os vayáis, que no tenemos GPS!

Y así fue como el profeta subió a lo alto de la montaña, donde le esperaba Dios en forma, esta vez, de botijo de diseño.

- Hola Moisés, soy Dios. ¿Has traído boli?
- Pues no, de hecho yo venía a soltar un cagarr…
- Memoriza, voy a darte los 50 mandamientos de la ley de Dios. Si los cumplís, tendréis la tierra prometida. Si no, a Murcia. El primero: los curas no llevarán sotana. Dos, Raúl no irá a la selección. Tres, santificarás las fiestas. Cuatro, no matarás. Cinco, por el culo…
- ¡¡Un segundo, un segundo!! Yo tengo menos memoria que un pendrive de propaganda. ¿No me las podrías apuntar?
- Coño Moi, que si no tienes boli te las tengo que picar en piedra. Y uno es Dios, pero se cansa.
- Ponme aunque sea ponme diez y si eso ya otro día…
- Jopéeeeeeeee, ya sabía yo que tenía que haber escogido a otro. En fin, allá voy.

Y así fue como Moisés, con las tablas de la Ley bajo el brazo bajó a dar a su pueblo la buena nueva. Sin embargo, lo que encontró en la ladera no fue lo que esperaba. Los hebreos habían construido un becerro de oro al que adoraban mientras bebían vino, cantaban Egipto tierra querida y se cortaban los tirabuzones.

Al verlo, Moisés montó en cólera y lanzó las tablas al suelo, rompiéndolas en pedazos. En ese momento, de lo alto del monte una voz abotijada gritó:

- Perotúerestontouqueeeeeeeeeeeeeeé!!!

Moisés y su pueblo habían desobedecido la primera de las leyes escritas en las tablas, que decía: “no romperás estas tablas que me han costado un montón de hacer”, motivo por el cual el pueblo hebreo fue castigado a vagar por el desierto hasta que muriera su profeta. Con tan mala suerte que Moisés duró 120 años, para desesperación de las nuevas generaciones y de los caseros de la cueva de renta antigua donde vivió.

Y eso fue más o menos lo que pasó. Lo que no está tan claro es qué demonios hizo el pueblo palestino para que como castigo, les tocara vivir y morir a su lado.

Pazlestina ya, coño.

miércoles, 11 de febrero de 2009

¡Te parecerá bonito!

Desde luego, hay gente a la que les das la mano y se toman el brazo. Caníbales, creo que se llaman. O banqueros, que para el caso viene a ser lo mismo.

Ah, por cierto, por si no se han dado cuenta, hemos vuelto. Ustedes no lo saben, pero nos habíamos ido a la francesa o como dicen ellos, a la remanguillé. Pero nos sabía mal dejarles a ustedes ahí sin nada que leer y sin fotos que mirar y hemos pensado que bastante mal lo deben ya estar pasando ustedes con todo eso que dicen en las noticias y tal como para que ahora, además, nos vayamos sin decir nada.

Y para eso hemos vuelto, para decirles que vayan haciéndose a la idea, algún día nos iremos. Somos mayores, hemos vivido mucho y los excesos de juventud (imagínense, yo una vez me bebí media botella de anisete en menos de una semana) pasan factura. Y los bancos recibos, maldita sea.

Parece que fue ayer cuando el capitán me llamó y me dijo: mañana es 11 de febrero, a ver si publicas algo que la gente se pensará que hemos muerto. Y ahí fue cuando me di cuenta de que un día faltaremos. Morirnos no, no sean ustedes agoreros, pero faltar, faltaremos. Y ¿qué será de nuestros fans? ¿Y de nuestras fanes? ¿Qué harán? ¿Se tirarán a la bebida? ¿A las drogas? ¿A la religión? ¿Se tirarán a nuestras fanes? ¿Eh? ¿Cómo que si se dejan....?

¡¡¡Ahí queríamos nosotros llegar!!!

O sea, que todo este tiempo comentando nuestras historias sólo tenían un fin: encamarse con las mozalbetas que a nuestra vera crecen, ¿eh pillastres? Les hemos pillado. Les parecerá bonito.

Sí, todo esto ha sido un ardid de los nuestros para cogerles con las manos en la masa, babeantes ante el lujurioso panorama que se abría (con perdón) ante nuestra ausencia. Unos cardan la lana y otros tejen la lana. Al buen callar le llaman Sancho. Cuando el grajo vuela bajo... ¡¡basta!! No me entretengan con sandeces, no desvíen el tema, libertinos.

Espero que ahora, desenmascarados como están, dejen ustedes en paz a las tiernas y sensibles doncellas que acuden a este blog en busca de alegrías visuales y paz literaria. No digo yo que no vengan, pero hombres de dios, vengan a lo que se ha de venir, rediela. Ya sé que están en la edad, que no es fácil resistir la tentación y que ellas leen muy escotadas. Pero es que para eso que quieren hacer ustedes, hay otras páginas.

Y nosotros tenemos un montón de links. Si quieren, hablamos de precios...

martes, 20 de enero de 2009

En la cama con los Obama


- ¿Y qué tal se te presenta el día mañana, vida?

- Bien, bien, tengo que salvar al mundo de la ruina económica, devolver la esperanza a millones de personas, restablecer los derechos de los más necesitados, paralizar las torturas en Guantánamo, limar asperezas con todos los países a los que hemos machacado y tratar de detener el genocidio palestino sin que los que financian a Israel se enfaden.

- ¿Y cómo piensas hacerlo?

- Me levantaré un poco antes...


viernes, 16 de enero de 2009

Buscando a las musas


Definitivamente, se han ido con otro. Me han dejado más tirado que a... más tirado que... eh... maldición, no se me ocurre nada.

Esta mañana he visto una nota en la nevera: "No te aguantamos más, nos vamos. Fdo: tus musas. P.D. Nos llevamos una bolsa de gitanitos para desayunar."

¿Qué haré yo ahora? ¿Cómo me ganaré el pan? Y lo que es peor, ¿y lo de dentro del pan? No puedo volver a mi antiguo trabajo de modelo de ropa interior en los programas de José Luis Moreno porque he descuidado mi cuerpo confiando en que viviría para siempre de mi inspiración literaria. Y ahora que estoy gordo como una foca obesa me dejan en la estacada.

Sin ellas no soy nada, no se me ocurrirá nada sobre lo que escribir. Adiós a mi simpar gracejo, adiós a mis comparaciones increíbles, adiós a mi hilarante prosa. O lo que es lo mismo: adiós a la admiración de mis fans, adiós a las insinuaciones picantonas de señoras operadas, adiós a las fiestas con bombones Ferrero Rocher, adiós a las partidas de paddle en las azoteas de los rascacielos. ¿Y ahora qué diantres hago yo con los polos con la banderita de España en el cuello?

No sé qué haré, porque no se me ocurre nada. Sin ellas no sé ni cómo acabar una frase limones kalashikov durante.

Así pues, aprovecho la ocasión que se me brinda para ofrecer trabajo:

Se buscan musas para trabajo a media jornada. Requisitos: no saber qué es la FAES, saber quién es Arévalo, disponibilidad inmediata, don de gentes, más don de gentuzas y capacidad de reírse de gracias tipo: estira del dedo y verás qué risa. Si tiene cervezas en el bolso, punto extra.

Se ofrece trabajo en contacto con artistas o en su defecto, gente con camisetas con mensaje, posibilidades de ascenso a tomar el sol en la terracita y una remuneración variable, dependiendo de cuánto tenga suelto.

Abstenerse Soraya Sáez de Santamaría.

Razón: pues eso, que las que había antes se han ido, ¿es que no han leído nada?


Y ahora, a sentarse y esperar...





viernes, 9 de enero de 2009

¡¡¡Larga vida al rocanrol!!

Uno tiene que medir muy bien las palabras que utiliza. Y no lo digo porque esté mal visto que en tiempos de carencia haya gente que escribe cosas como circunspecto, anaeróbico y transoceánico sin pensar que las letras se acaban por el cambio climático y tal. Lo digo porque a veces dices cosas como "larga vida al rocanrol" y va Miguel Ríos y decide que es una señal para que no se retire. Como si rocanrol y  Miguel Ríos (Mike Rivers en sus tiempos mozos, nunca lo olviden) tuviesen algo que ver. Y ya que han sacado el tema, ¿por qué canta con la "s" si habla normal? ¿Se cree muy moderno? ¿Nadie le puede decir que se calle? ¿No es muy triste que el gran éxito del máximo referente del rock español sea el himno de la alegría? En fin, en el castigo lleva la penitencia, es amigo de Ana Belén y seguro que se ha tenido que tragar todas sus pelis.

Viene a cuento esta introducción porque lo que quiero contar de verdad se acaba enseguida y si el post es muy corto la gente se me queja. Ah, pero si es largo, ¡ay si es largo! Los lectores se cansan, dejan un post-it en la pantalla como punto de libro y si eso ya otro día seguimos. Y nadie hace comentarios. Si me ven un día por la calle, mándenme un sms y recuérdenme que hablemos un día de cuál es el tamaño adecuado de los post para que ustedes no se me cansen ni se queden con ganas de más. Y ahora, si no les importa, voy a seguir con la historia. Y si quieren volver a interrumpir, levantan la mano.

Allá voy.

Quiso el destino que durante los años 60 yo viviese en Chicago. Jugaba como quarterback en los Cubs y debo reconocer que me costó mucho adaptarme al equipo. Quizás fuese el idioma, quizás el cambio de temperatura, tal vez me cambió el metabolismo o incluso puede que tuvieran razón los críticos deportivos cuando decían que los Cubs eran un equipo de béisbol y los quarterbacks eran jugadores de fútbol americano. No sé, la cuestión es que pasé unos años maravillosos.

De día entrenábamos como jabatos, pero de noche, ah, de noche... nos poníamos el batín y las pantunflas, veíamos la tele y nos íbamos a dormir... Qué tiempos, qué tiempos. Eso sí, a veces salíamos a un jazz club. 

Ahí fue donde conocí a Jaremiah McClorck Peris y él fue quien me abrió los ojos.

- ¡¡Ostris, qué legañas!!
- ¡¡Quítemelas, quitemelas, que no veo nada!!
- ¡¡Spluff! (sonido de escupitajo en mi cara, pero en inglés)
- Uf, gracias

Y al abrirlos, sentí la llamada del rock.

- ¡Usted, eh usted!
- ¿Es a mí?
- No, no, al de detrás.

Al girarme vi a un joven con tupé, patillas y cazadora de cuero con una inscripción: Elvis, the king. 

- ¡Coño, el cantante de los Rebeldes! ¿Me firmas un autógrafo?

Pero el sujeto en cuestión pasó de mí, subió al escenario, se enfundó su guitarra y comenzó a moverse al compás de la música a un ritmo tan frenético que yo pensaba que le había dado algo.

Y efectivamente, entre convulsiones y sacando espuma por la boca murió allí mismo 3 minutos después mientras los demás seguíamos bailando, borrachos como cubas, lo mismo nos daba que hubiera música o que no.

Eso es, más o menos, lo más cerca que he estado yo del nacimiento del rock and roll. Luego volví a España, escuché al Dúo Dinámico y entendí muchas cosas. Sobre todo de las letras, que al estar en castellano, pues quieras que no se te quedan mucho mejor que las de Buddy Holly. 

Quince, años, tiene miamooooooorrrr....
 




miércoles, 17 de diciembre de 2008

GRANDES INVENTOS DE LA HUMANIDAD: LA CROQUETA.


Dedicado a todos los que dicen cloqueta. O cocleta. O rizando el rizo, clocleta.


A pesar del pertinaz pánico que me dan las medusas de biblioteca, decidí zambullirme en la historia y bucear entre los voluminosos y antiquísimos libros que pueblan mi librería estilo Luis XVI para descubrir el verdadero origen de la croqueta, ese pequeño objeto de deseo que ocupa, admitámoslo, un privilegiado lugar en nuestros corazones.

Dejadme que proceda a contaros qué descubrí, pues tiene su miga.

Y empezaré diciendo que todo comenzó gracias al afán de James Croquet, un inventor del siglo XVIII que nació en Segovia en 1578 pero que vivió gran parte de su vida en un pueblecito de los alrededores de París, donde llegó dando una vuelta y se quedó por miedo a volver de noche.

El objetivo de James Croquet siempre fue dar con el invento que le lanzara a la posteridad, y en ello trabajó noche y día, sin descanso, desoyendo los consejos de sus amistades y familiares, que llegaron a pensar que James había enloquecido cuando lo escucharon tararear canciones de Astrud, a quienes dios tenga pronto en su gloria.

Pero un buen día Mr. Croquet salió de su habitación con una fiambrera en las manos y una sonrisa de oreja a oreja que evidenciaba que su trabajo había dado sus frutos. Raudo y veloz montó en su bicicleta y pedaleó como nunca lo había hecho para ir a la oficina de registros y patentes. En vista de que no avanzaba, pedaleó como siempre lo había hecho y bien fuera por las leyes de la dinámica, bien fuera por las de la tradición, llegó mucho antes a su destino.

Con los ojos llorosos por la grandeza del momento, le dijo al encargado:

- Sebastián, lo he conseguido. He inventado la croqueta.
- ¡No jodas! ¿A ver, a ver?

Y James abrió la fiambrera para mostrar al mundo su proeza y, de paso, para que el tal Sebastián certificara su paso a los anales de la historia.

- Ejem, Señor Croquet, con todos mis respetos, esto no puedo patentarlo como la croqueta. Me temo que lo que tiene en la fiambrera ya ha sido inventado antes.
- ¡Pardiez! ¡Mal parto me raya, o como se diga!- contestó iracundo el inventor frustrado - ¿Y cómo se llama el invento, si puede saberse?
- Bocadillo de calamares. Fue inventado en Madrid, y está compuesto por pan, un poco de aceite, calamares a la romana y, para los paladares más exquisitos, mayonesa.
- En efecto, la fórmula es la misma, diantres. Márchome para casa, ya que un simple obstáculo no bastará para vencer mis ansias de fama.

Y tras soltar esta frase tan pedante, emprendió el trayecto de vuelta al hogar, haciendo un alto en el camino para zamparse el bocadillo de calamares, ya que el hecho de que estuviese inventado no era óbice ni cortapisa para que no pudiera ser deglutido como mandan los cánones.

Cumpliendo su propio vaticinio, no sucumbió al desánimo nuestro hombre. Volvió al cabo de un tiempo a la oficina con el prototipo de la nueva croqueta, pero otra vez se le habían adelantado. Fue el segundo en inventar el gazpacho.

Y lo mismo le sucedió con la natilla de chocolate, el higo chumbo, la broca del 15, el gim for 8, el punto de libro con frases de Tagore, la mortadela con trocitos de oliva, la gominola en forma de botella de coca cola, el azulejo con la inscripción dios bendiga cada rincón de esta casa y la melodía de Aserejé para el móvil, que además de copiada, era estúpida porque la invención de las Ketchup no llegaría hasta muchos años después.

Desgraciadamente, apuntillo con musicalidad.

Llegados a este punto, no peco de soez si digo que nuestro común amigo estaba, como se dice en los círculos más modernos, hasta los mismísimos cataplines. Así que decidió darse una última oportunidad. Inventaría una última cosa, y si estaba ya inventada, se dedicaría a la escritura de libros de Ana Rosa Quintana, ocupación en la que no importa si copias, como todos ustedes, excelsos lectores, saben perfectamente.

Ni corto ni perezoso se volvió a recluir en su habitación y entre ollas, sartenes e ingredientes varios se puso a cocinar lo que sería, de una vez por todas, la croqueta. Tres días después, tenía algo. Pero esta vez quiso asegurarse de que no la cagaba, ya que había notado en Sebastián cierto recochineo en sus últimas visitas.

Por tanto, llamó a su mujer y le enseñó su postrera versión de la croqueta.

- James, querido, te quiero mucho, pero déjame que te haga una pregunta.
- Di, querida mía.
- ¿Tú eres tonto?
- ¿Por?
- Pues zopenco, esto que has inventado se llama puchero. O cocido, según ubicación geográfica. Eres menos original que Ana Rosa Quintana- contestó su mujer, poco delicada y poco enterada de que yo había utilizado ya a la presentadora para hacer un chiste unas cuantas líneas antes, con lo cual, la poca gracia que tenía se fue por el desagüe.
- ¿Y ahora qué hago yo con esto?
- ¿A mí qué me cuentas? – contestó jocosa- Si te parece, ja, ja, lo que sobra lo aplastas todo, haces pelotitas, las recubres de pan rallado, las fríes en aceite y te las comes…
Y venga, va, bájate a cenar, que empieza el fútbol.




(Este espacio en blanco denota momentos de tensión creativa…)





- ¡Ah carambos! (James Croquet hubiese dicho eureka, pero le daba la sensación de que ya alguien lo había dicho antes)


Y así, de esta forma tan imbécil, se inventó la croqueta, como quien no quiere la cosa. Y aquí estoy yo, un humilde escriba, rebuscando entre legajos aceitosos para perpetuar el nombre de James Croquet, a quien también se le conoce por su última frase antes de morir apalizado por su mujer cuando lo encontró en brazos del equipo femenino sueco de voleibol:

- Tiran más dos croquetas, que dos carretas.

Bon profit.

domingo, 14 de diciembre de 2008

A vueltas con el capitán



La vida de un hombre de acción como yo está repleta de cambios. Y no me refiero a mi sana costumbre de renovar mi ropa interior cada mes, sino a cambios más profundos y radicales que hacen que la vida no se convierta en un rutinario ir y venir de aconteceres diarios.

Así, cuando era pequeño, decidí cambiar de padres y usando el viejo truco de asirme de la mano de una señora despistada a la salida del colegio, pasé de ser el tercero de once hermanos hijos de una cupletista y un embalsamador de mandriles a ser el hijo único de una pareja de arquitectos celebérrimos. No fue éste el único cambio radical en mi vida, ya que también durante mi juventud decidí darle una bofetada al destino y dejar una exitosa carrera como cuarto trombón reserva de la Orquesta Sinfónica Schewppes para dar el salto a una de las pasiones que me ha acompañado durante toda mi existencia: los coches de lujo. Por eso me hice peajista en la autopista A7, en la salida de Oropesa del Mar, junto a Marina d'Or (Ciudad de vacaciones).

Pero tampoco me llenó, así que un día, ni corto ni perezoso salté sobre un Austin Martin que pasaba por allí, le di dos sopapos de padre y muy señor mío al conductor y me convertí en agente secreto del más alto rango.

Más o menos, lo que pasó desde entonces hasta hoy ustedes lo han ido sabiendo gracias a esta bitácora que comparto con ilusión y ciertos retrasos con mi fiel amigo el Capitán Rumikel.

Ya sabía yo que antes o después tenía que volver a oír la llamada de la selva que me animaba a volver a cambiar de aires. Fue hace un mes. Estaba yo descansando en mi sofá de escay mirando las noticias de Lorenzo Milá y preguntándome qué habrían hecho los padres de estos chicos para tener dos hijos así cuando un brusco ruido de puerta rompiéndose me sobresaltó un poco. Instantes después, en mi salón se presentaron dos señores bien parecidos a armarios roperos ataviados con traje negro, gafas de sol y metralletas. No sé por qué he dicho las metralletas al final, puesto que fue en lo primero que me fijé y señores con las dos primeras cosas se ven bastante mas. Pero ya está escrito. Ojalá alguien invente algún día una herramienta para volver atrás y poder borrar o modificar lo escrito en el ordenador. ¿Imaginan? Nota mental: inventar una herramienta así en cuanto mis quehaceres me lo permitan.

Seguí impasible en el sofá porque estaban poniendo una noticia acerca de la muerte por envenenamiento de Lucía Etxeberría, sucedida al intentar leer sin vomitar un borrador de su próxima novela. Sin embargo, la ráfaga de disparos que los dos angelitos descerrajaron sobre mi televisor con pantalla de plasma me sugirió que quizás era el momento de prestarles un poco más de atención y dejar de hacerme el chulito.

Así que levanté la cabeza y cuando se disipó la humareda pude ver aparecer, entre las dos moles, a otra de la misma anchura pero un metro más bajo. No llevaba traje negro, sino rojo con blusa blanca. Y sobre la cabeza, un cardado con tanta laca que hubiese llevado a la oligofrenia a cualquier defensor de la capa de ozono. Una voz más cascada que la de un catador de cazalla rompió el hielo:
- Hola.
- Osti, si és la molt ilustrísima alcaldesa. Com estàs, geperudeta?
- Senyor pirotècnic, pot escomençar la mascletà.
- Com? A què ve aixó ara?
- Amunt València!Vixca la mare de Deu!
- ¿Y si lo intentamos en castellano?
- Mejor, en este idioma mis posibilidades son mayores.
- ¿Quieres tomar algo? ¿Lo de siempre, un gintonic tamaño Miquelet sin hielo y sin tónica?
- Venga.
- Y dime, vieja amiga, ¿qué te trae por aquí? Porque imagino que para ver la tele no has venido.
- Tú.
- Me lo imaginaba. ¿Otro gintonic?
- Que sean 6 más. Y escucha, porque sólo lo diré una vez. ¿Te dice algo el nombre de James Bond?
- Mmmmmmmmm, quizás un billete me ayude a refrescar la memoria.
- Era una pregunta retórica, ceporro. Como sabes, James Bond está al servicio de Su Majestad la Reina de Inglaterra. Pues bien, yo también quiero tener un servicio secreto propio, para algo soy la reina del Regne de València. Y ahí es donde entras tú, quiero que seas mi agente secreto, que desempeñes para mí las más arriesgadas misiones. Y que seduzcas a las más bellas mujeres, las amordaces y las metas en mi habitaci... eh, quiero que desempeñes misiones, dejémoslo ahí. Te pagaré, ya sabes que los valencianos otra cosa no, pero diners, ¡¡¡ne tenim a cabasaes, cheee!!!
- Tentador, sí señor, tentador. Tal vez mi vida necesite un cambio. Pero eso sí, yo no trabajo solo. Tengo un ayudante sin el cual no voy a ninguna parte salvo a los sitios a los que voy solo.
- No hay problema, ya te he dicho que los ciudadanos pagan lo que sea.
- Es que hay un problema.
- ¿Es gay? No pasa res, mientras no lo diga, no intenta adoptar ni abortar y vaya a misa, aquí se respeta la libertad de cada uno.
- No, es catalán.

Al oír la palabra, los dos guardaespaldas comenzaron de nuevo a disparar, esta vez a diestro y siniestro, llevándose por delante mis pinturas rupestres de un amigo del pueblo y mi colección de vinilos con toda la discografía de Parchís y el incunable de Jesulín de Ubrique. Finalizada la descarga, descubrí que de nuevo me había quedado solo en mi loft y que en la huída habían decidido dejar vacío mi mueble bar, que es más lo segundo que lo primero. Eso sí, tenía más agujeros en las paredes que los virus que viven en los quesos de gruyere (madre mía, la de neuronas que he perdido para encontrar esta analogía, suponiendo que esto sea una analogía).

Salí al balcón para intentar localizar a la Muy Ilustrísima, pero no había ni rastro. Desde entonces he estado esperando una llamada, pero nada. Incluso he visto cada día las noticias de Canal 9 para intentar descubrir en ellas un mensaje oculto, una señal, algo. Pero nones. Eso sí, me sé de memoria la alineación del Valencia para su próximo partido contra el Benejúzar.

Así que he decidido volver a mi vida antigua, con mi capitán, con mi blog, con todos ustedes. Si ustedes quieren, claro.

Y si eso, que cambie Rita, que así como estamos estamos la mar de bien.

martes, 9 de diciembre de 2008

¿Buscas a Vicente?


Nunca pensé que diría esto, pero me aburro sin Vicente.

La última vez que lo vi se dirigía a la tienda de discos de la avenida Borbón, él nunca ha sido muy monárquico pero le gustan los discos de Marisol.

Ayer me acerqué a la tienda a preguntar por él, pero en la esquina me sorprendió un bulldog con gabardina enseñándome sus partes nobles (no olvidemos que estaba en la avenida Borbón, y allí a la pilila la llaman así, cosas de la nobleza...) así que decidí mantener una distancia prudencial, meterme en una cafetería y esperar. Me senté cerca de la ventana y de la puerta, para observar y por si tanía que salir corriendo sin pagar. Cogí un periódico y me casqué una siesta padre sobre las paginas color salmón, el camarero me despertó y me dejó sobre la mesa un cafe con hielo y un bocadillo de sanfaina, no lo había pedido así que pensé que era todo un detalle por parte de él. Mientras el señor con bigote de la mesa de al lado no hacía más que reclamar al camarero su bocadillo de sanfaina, yo me dediqué a mirar por el cristal de la cafetería a ver si averiguaba algo de Vicente. Quizás hubiera ayudado que el cristal hubiera estado más limpio, pero no logré ver nada que lo relacionara con él.

Después de fingir una llamada urgente salí del bar corriendo, esquive otra vez al bulldog que seguía allí en la esquina piropeando a la multitud y me dirigí hacia la oficina, era el último lugar donde se me ocurriría buscar a Vicente, pero teniendo en cuenta que la última vez que desapareció volvió con un hijo, esa era mi última opción a la desesperada.

Llegué a la puerta de la oficina y me percaté que no tenía llaves, nunca las había necesitado antes, yo soy más de bufetes y de bares nocturnos de carretera. Llamé al timbre una vez para no levantar sospechas, el casero tiene el oído muy fino y hace meses que debemos el alquiler. Al cabo de un rato esperando, tiempo para hacerme la manicura con un cortauñas de marca que acababa de encontrar por la calle, apareció Vicente, con su bata de andar por casa, su copita de coñac y su puro a medio gas. De fondo se oía la canción de Marisol "estando contigo" y una voz femenina que intentaba seguir sin éxito la letra de la canción. Me bastó una mirada y un movimiento muy sutil del pie de Vicente contra mi culo para entender que llegaba en mal momento, Vicente tenía trabajo...

Así que si echan de menos a Vicente, no le busquen por la oficina, que allí no esta.

Kapitán Rumikel

Pd. espero Vicente que no te moleste la intromisión, y si le molesta, pues escriba, escriba, que la audiencia le echa de menos! Desde aqui, y si alguien ha seguido leyendo hasta el final, les invito ha dejar un comentario para que Vicente se anime y nos deleite con una nueva entrega de Las aventuras de Vicente y el Kapitán RMK, venga que es gratis.