martes, 22 de enero de 2008




De noche, todas las gramáticas son pardas.

viernes, 18 de enero de 2008

Un hombre solo




La del alba sería cuando una paloma mensajera se estrelló contra el cristal de mi ventana. Pegado al vidrio, junto a las vísceras del animal había un mensaje: “Soy Alberto. Me siento solo. Pasaré a verte.”.

Le contesté: “No quiero saber nada. No te acerques a mi casa, que a los niños les asustan tus cejas.” Sin embargo, a pesar de la fuerza con la que la lancé, la maldita paloma no llegó a su destino, yendo a caer en mi jardín, donde fue devorada por los gatos del vecino.

¡Ding, dong!

Abrí la puerta y ahí estaba él. Sucio, con la raya torcida, con los ojos llorosos y los hombros caídos, pero no hasta el suelo, sino un poco más de lo normal, no sé si me explico. Así, mira ( y ahora estoy haciendo el gesto de hombro caído, todo lo que haga falta por ti, oh amado lector).

Alberto Ruíz Gallardón nunca ha sido un jolgorio de tío, pero su tristeza asustaba.

- ¿Te has enterado?
- Sí, sí, debe haber sido un palo para ti.
- Pues sí, tenía muchas esperanzas puestas en estas elecciones.
- Perdona, ¿qué tenías? (no pude contener la risita, soy así de mezquino)
- Esper… mierda. Todo ha sido por su culpa. Lo ha vuelto a hacer, la muy cochina. Ya lo fastidió todo cuando los Juegos Olímpicos. Va a por mí.
- ¿Lo de Madrid 2012 también fue culpa suya?
- Sí, sí, fue por ahí diciendo a los del COI que yo suspendí gimnasia en el colegio y que llevaba zapatos ortopédicos.
- Jopé, sí que se pasó un poco sí. Pero debes entender, amigo Alberto, que yo no me puedo inmiscuir, soy un hombre público y no quiero que vuestras rencillas me salpiquen.
- Es que me siento perseguido. Mariano también va a por mí, quizás ahora mismo está dentro del armario y sale con un cuchillo para matarme. Sólo le faltaría eso.
- Mariano nunca saldría del armario para eso. ¿No ves que su carrera también está en juego?
- Esperanza… con lo que yo hice por ella. ¡Yo le expliqué quién era Santiago Segura!
- Venga, venga, Alberto, ánimo. Mira, vete a casa, relájate, date una ducha y piensa que mañana será otro día. Piensa que si lo dejas, Ana Botella se alegrará más que cuando supo que su hijo no era homosexual, sino hemofílico, que todo había sido un error.

Y con esa reflexión le dejé marchar, arrastrando los pies por el jardín, donde los gatos devoraban ahora a un mensajero de verdad. Yo me quedé en mi habitación, viendo cómo se abrían las puertas del armario y de allí salía Espe con una botella de cava catalán y un picardías rojo que se empeñó en estrenar para celebrar que, una vez más, nuestros planes habían salido a la perfección.

jueves, 17 de enero de 2008

El hombre cuadriculado




Al hombre cuadriculado le gustaba llamar al pan pan y al vino, vino.
Sin embargo, al paté le llamaba foie y al fuet, salchichón.

martes, 15 de enero de 2008

Vida de un pugil, con acento en la u



El Poli siempre ha sido mi principal referente en el mundo del boxeo. Hasta tal punto llegaba mi admiración que me puse el nombre de “El pony de Alcobendas” en homenaje al gran Policarpo.

Mis inicios en este duro mundo fueron difíciles. Influía el hecho de que era flaco como un perro y tenía menos punch que Hernández Mancha. Pero con tesón, sacrificio, valentía, constancia y unas pastillas verdes del tamaño de un huevo conseguí moldear mi cuerpo en poco menos de un par de meses.

Necesitaba un entrenador que me guiase. Y para ello, nadie mejor que mi amigo Bartolo, que jamás había pisado un ring pero tenía vídeo, así que podíamos ir a su casa a ver las pelis de Rocky.

Influido sin duda por estos films, cada día me levantaba a las 5 de la mañana, me preparaba un batido de huevos, me ponía un chándal gris, una toallita blanca en el cuello, un walkman de cassette y salía a correr. Cinco minutos después vomitaba el batido, porque en ayunas esas cosas no sientan nada bien y seguía corriendo. La gente del barrio era mi público fiel, me seguían en mis carreras dándome gritos de ánimo como: hijoputa, devuélveme la pasta que te dejé, si te cojo te mato, drogadicto de mierda, corre, corre, cobarde, que ya volverás a pasar y cosas así. Me animaban mucho, la verdad.

Para conseguir este ágil juego de pies que tengo pasé mucho tiempo saltando a la comba. Me costó bastante robársela a mi prima pequeña, pero como no hay mal que por bien no venga, salí de su cuarto con una preciosa comba rosa y un mejor gancho de izquierdas. Tras varios meses de saltos y más saltos conseguí mi principal propósito: poder hacerlo sin tener que cantar al pasar la barca me dijo el barquero las niñas bonitas pagan mucho más dinero. Ya estaba preparado para mi primera pelea.

Fue contra Joseantonio, el feo del barrio. Lo utilizábamos de sparring porque, por mucho que le pegaras, nunca le empeoraba la cara. Le noqueé al tercer asalto, gracias a un doble cruzado con la derecha y a un taburetazo en la cabeza que le di mientras no miraba. Soy así de expeditivo, como los grandes campeones.

Y así anduve, de pelea en pelea en el gimnasio contra los deshechos sociales que poblaban mi barrio hasta que un día me llegó la oportunidad:

- Pony – me dijo Bartolo- , mañana peleas contra Juanito Rompetráqueas, el campeón de la zona. Mañana te convertirás en un púgil de primera fila.

Todo un vidente, el Bartolo. Hasta la primera fila de sillas llegué del ostión que me dio Juanito. No duré ni un asalto. Y eso me hizo reflexionar por primera vez en mi vida. Y llegué a la conclusión de que aún quería ser como el Poli. Por eso dejé el boxeo y por eso ahora, en cuanto me pase el bajón del perico en vena, me voy a casa de Bartolo, que ha cambiado las pelis de Rocky por las porno que rodó el Poli, que tienen un guión igual de malo, pero al menos no tienes que ver el careto de Stallone.

lunes, 14 de enero de 2008

Fuera de Contexto



Absoluta y completamente fuera de contexto. Ya debería usted saber cómo se las gastan esto periodistas del tres al cuarto que tanto abundan últimamente. Uno, durante una conversación distendida dice una frase y ellos la extraen y así, sin más, la publican.

Y si cambia el significado por completo, a ellos se la trae floja, lo que quieren es vender periódicos.

Entiendo que al leer mis declaraciones usted pudiera sentirse molesto, pero creo que esta aclaración le servirá para convencerse de que entre mis intenciones jamás estuvo la de ofenderle. Sí, claro, es perfectamente comprensible que si uno descubre que sobre él dicen en el suplemento cultural de El Periódico que es “una persona indeseable, asquerosa y llena de prejuicios que no ve más allá de sus narices y que debería estar fusilado o apedreado en una plaza pública”, pues monte en cólera y diga lo que ha dicho usted sobre mi persona.

Pero ya le digo, es una frase entre un millón, extraída con la mala baba del reportero que quiere hacer daño y enfrentarnos. Porque en esa transcripción literal no se tiene en cuenta el tono jocoso con el que lo dije mientras defecaba sobre una de sus fotografías ni el resto de la conversación, que transcurrió entre menciones a su progenitora y risas sobre la disoluta vida sexual de su señora esposa.

Ahora bien, a ellos sólo les interesa la carnaza, por eso publicaron lo que publicaron. Es indecente, lo sé, una degradación constante de una profesión antaño digna y que ahora se ha convertido en un mercadeo de chismorreos y mentiras. Pero bueno, para eso estamos nosotros, los civilizados, los serios, la gente de bien, para volver con nuestras palabras a contextualizar lo que otros se empeñan en extraer para delinquir usando mis palabras como arma arrojadiza.

Posiblemente cuando usted declaró en la edición dominical de El País que yo era “un pajillero ególatra que no sabe dónde tiene la mano derecha, con menos talento que un ciempiés harto de crack”, se refería a otra persona o no quería decir exactamente eso de mí. Por eso no he tomado en serio sus críticas, porque sé que tras ellas se esconde la mano ruin de un recién licenciado, que no sólo no ha verificado la noticia sino que además, vaya usted a saber de qué podridas fuentes ha bebido. Y no me refiero a su aliento a licor escocés, no piense mal.

Sepa pues que no se lo tengo en cuenta, no se disculpe, usted y yo estamos muy por encima de todo esto.

Por eso, cuando mañana lea en la portada de El Mundo que entrecomillan mis palabras “jamás había visto a un tío tan imbécil como él, desde aquí le deseo que lo parta un rayo y de que lo atropelle una apisonadora, aunque me sabe mal por las pobres apisonadoras”, entienda que no hay mala intención mía, sino del obtuso periodista que firma la entrevista.

Una vez aclarado el malentendido y mucho más tranquilo, me despido atentamente, poniéndome a los pies de su señora, que a estas horas debe estar yaciendo. Aunque ignoro con quién, ya que usted está leyendo mi carta, cornudo de los cojones.

Siempre suyo,

jueves, 10 de enero de 2008

Ceesei



Al extraerle el saxofón del esófago, concluyeron que se trataba de un nuevo caso de guerra de bandas.

miércoles, 9 de enero de 2008

demode



Y en cuanto salió del retrete, la top model hizo de cuerpo.

martes, 8 de enero de 2008

Año Nuevo



Y dijo: "mañana mismo sin falta me pongo a régimen".

Y se quedó tan ancho.

jueves, 3 de enero de 2008

Cuento (largo) de Navidad



Han sido, sin lugar a dudas, las peores vacaciones de Navidad de mi vida. Mucho peores que aquéllas en las que me regalaron un libro de Lucía Etxebarría y un disco de La Oreja de Van Gogh.

Y la cuestión es que empezaron muy bien. Como hacemos cada año por estas fechas, el Capitán Rumikel, el menda lerenda y un selecto grupo de amigos nos retiramos a una mansión escondida en las montañas del interior de Catalunya para disfrutar de nuestras interesantísimas conversaciones, comer, beber y jugar a juegos de mesa como el voleibol femenino.

En eso estábamos en nuestra primera noche de retiro cuando nos sobresaltaron unos golpes en la puerta.

- O alguien se está dando cabezazos en la madera para comprobar su dureza, o llaman a la puerta.- apuntó el Capitán.
- Creo que es lo primero, a estas horas, ¿quién va a llamar?
- Es que deberían poner una etiqueta en las puertas que dijesen lo duras que son, porque si no, la gente va por ahí comprobándolo y molestando a los demás.
- Ya, pero el gobierno prefiere dictar leyes como lo del cheque bebé, lo de las bodas gays y lo de los pisos en alquiler antes que detenerse a arreglar lo que de verdad importa: lo dureza de las puertas y los pellejitos que te salen en las uñas.
- ¡¡Es verdad, es verdad!!- gritamos todos a coro, como hacemos siempre que estamos de acuerdo en algo. Eso nos reafirma en nuestras creencias y nos solapa cuando alguien hace un gallo.


Media hora después, cuando calculamos que un ser humano medio ya habría deducido el nivel de durabilidad de la puerta, empezamos a sospechar que quizás era alguien que llamaba con la intención de entrar. Yo, que además de más apuesto que un galán de los años veinte, soy un hombre de acción, di un paso adelante para abrir.

Sin embargo, la entrada de la casa estaba unos cuantos pasos más allá, por lo que tuve que esperar a que alguien más atlético hiciese el camino entero, girase el pomo y nos dejara ver quién estaba detrás de aquella lámina de madera de pino que nos separaba del frío mundo exterior. Más tiesos que un palo, tiritando y con estalactitas en la nariz, encontramos a Nicolás Sarcozy y a Carla Bruni.

- ¡Colasito!- así le llamamos los amigos que le llamamos Colasito- ¿cómo tú por aquí? Pasad, pasad, que no se diga que los españoles no somos hospitalarios, gabachos hijos de puta.

Le dimos una taza de té caliente a él para que entrara en calor y una de Nescafé a ella para que nos cantara la canción. Una vez recuperadas las temperaturas, tuvimos que golpearnos las cabezas contra la puerta, pues se nos había quedado la duda cruel y queríamos saciar nuestra curiosidad. Resultó ser una puerta dura, en grado 6. O sea, de lo mejor que se puede encontrar hoy en día en el mercado de las puertas duras.

Nos comentó Colasín que había tenido que refugiarse en nuestra casa porque los paparazzi no le dejaban vivir y que quería unos días de asueto. Como ninguno sabíamos a ciencia cierta el significado de la palabra, le respondimos que sin problema, que asuetara con nosotros.

Poco tiempo después, oímos el timbre de la puerta. El Capitán Rumikel volvió a teorizar:

- Ya estamos. O alguien estaba señalando hacia algún lado con tan mala suerte que no ha medido bien las distancias y su dedo se ha empotrado contra nuestro timbre, o alguien quiere que le abramos la puerta.

Cuando Carla Bruni murió debido a la explosión de sus tímpanos, descartamos la opción B y nos echamos a suertes quién abría. Nicolás Sarkozy perdió. En otra ocasión le hubiese tocado abrir a él, pero como nos lo jugamos a la ruleta rusa, lanzamos los dos cadáveres a la hoguera y yo mismo abrí la puerta, más calentito que el mundo.

Allí fuera estaba David Meca.

- Hola, es que estaba haciendo mi última prueba, la de recorrer a nado todas las montañas de España. Me pregunto si me dejaría pasar un momento a aliviarme, que si me la saco en el bosque con este frío se que queda chiquitina chiquitina.

Hice lo que hubiese hecho cualquier persona de bien: partirle la cabeza con un hacha para que dejara de darnos el coñazo con sus proezas. Sin tiempo que perder, lanzamos el cuerpo a la hoguera y tratamos de seguir con nuestra partidita de béisbol de mesa.

Pero oye, nones. Sólo treinta minutos más tarde, se oyeron unos gritos provinentes de la calla. “¡¡Ah de la casa!!, ¿hay alguien ahí dentro?”.

- Lo que yo te diga, eso es que alguien ha decidido interpretar una obra de teatro clásico en plena noche al aire libre con 15 grados bajo cero para ver cómo afecta el frío al método Stanivslasky. Eso, o que alguien más quiere entrar.

Curados de espanto, sólo nos quedamos con la duda durante 20 minutos, que es el tiempo que se consume en interpretar una obra de teatro clásico. Pasado ese tiempo, abrimos la puerta.

- Oiga, su cara me suena. ¿Usted no es Dejuana? Le veo más rechonchito…
- Sí, sí, es que estoy en la cabaña de al lado con unos señores con pasamontañas preparando unos fuegos artificiales y he escuchado la música que tenían puesta, y ahivalaostia, que me ha gustado mucho. Y me he dicho, voy a preguntarles qué es, que me lo bajo para mi Vasc Pod.
- Estamos escuchando a Manolo Escobar, sus grandes éxitos - le dije para gastarle una broma, pues entre visita y visita, se nos había hecho ya el día de los inocentes.

Es curioso el ruido que hace un cuerpo sin vida cuando se desploma víctima de un ataque al corazón. El plof es seco, duro, y corto. Plofff. Las dos últimas “efes” son porque se hunde en la nieve. Tengo que aprender a no hacer según qué tipo de bromas. Y a secar los cadáveres antes de lanzarlos a la chimenea, porque este tardó en quemarse mucho y nos inundó la casa de humo.

Mientras se despejaba, salimos a la calle y nos dedicamos a clavar maderas en las puertas y ventanas para que nadie más pudiera entrar, sin pensar que tampoco nosotros podríamos hacerlo. Así que decidimos volvernos a casa andando, con la esperanza de que 2008 fuese un año mucho mejor del que acabábamos de dejar atrás.

- Ah, por cierto – dijo el Capitán- , que no me acordaba de comentaros que esta mañana ha venido Juan Bautista Soler, el gordo del Valencia. Me ha pedido si podía tumbarse un momentín, que no se encontraba bien. Está acostado arriba, acordaos de llamar a la Policía para que vayan a por él.

Mientras nos comíamos nuestros teléfonos móviles, nos miramos a los ojos y supimos que 2008 iba a ser nuestro año. Y si no, al tiempo.

jueves, 20 de diciembre de 2007

La guerra de Gila



La noticia cayó sobre la población como una bomba:

- ¡¡Extra, extra!! ¡¡Zapatero obliga a los españoles a ir con bombín en homenaje a José Luis Coll!!

El sonido que hace un país cuando se resquebraja violentamente sacudió los oídos de todos. No tardó ni un día Rajoy en proponer una alternativa: todos los españoles de bien deberían protestar contra esa medida, calzándose el sobrero de copa de Tip, que como todos sabemos, era de derechas.

El díscolo Gallardón se desmarcó y creyó conveniente que los madrileños salieran a la calle en parejas con una americana roja y una azul unas cuantas tallas más grandes y una copa de ponche en la mano, como los castizos Faemino y Cansado.

Lógicamente, en Catalunya se saltaron a la torera esta norma: vestidos de negro, con barbas y gafas de sol, bebían ginebra con naranja y preguntaban a todos si “elsabenaquel”.

La guerra había estallado: desde Andalucía llegaron las imágenes de millones de personas manifestándose andando como Chiquito por las calles de Sevilla. Se agotaron las boinas de Marianico el Corto en Aragón, la comunidad argentina afincada en nuestro país reivindicó, instrumento en mano, el legado del maestro Mastropiero, los jóvenes se encerraron en las universidades, concretamente en las cafeterías de las mismas, alegando que esa decisión no era chanante, que Zetapé se había convertido en un maldito viejuno… el país estaba envuelto en una vorágine torrencial comenzada por un simple aleteo de bombín.

“Pel dret a decidir” fue el lema escogido para enfrentarse a la arbitraria norma. Yo lo viví en Barcelona y fue espeluznante ver a los trincos Carod, Mas y Montilla cantando “quésquesélamerdé” mientras en Valencia, Rita Barberá contaba chistes de gangosos al más puro estilo arevaliano.

Surgieron pequeños grupúsculos de seguidores de Jaimito Borromeo, pero fueron fácilmente interceptados por las fuerzas de seguridad, que los lanzaron al mar con zapatos de payaso llenos de cemento.

Con el país levantado en armas, el Rey Juan Carlos tuvo que salir furtivamente una noche gélida hacia Francia, ya que se le echaba en cara aquel desliz cuando fue sorprendido riendo las subidas de tono gracietas de Benny Hill.

El caos se adueñó de las ciudades y los que antes eran hermanos, ahora estaban enfrentados por sus ideales.

Fue entonces cuando desde el exterior llegaron a la conclusión de que, por fin, los políticos españoles habían conseguido lo que no fueron capaces de lograr con lo de las cercanías, lo de la guerra, lo de los jueces, lo del 11M, lo de la COPE, lo del 3%, lo de la Copa América, Madrid 2012 y el Fórum, lo de Espe, lo de los pisos, lo de las propinas, el conejo y la madre que los parió: tener por fin, un país de risa.

Feliz Navidad.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Payasada



Montó un circo y le crecieron los enanos.

Entonces montó un equipo de baloncesto y se forró.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Abrevedero



Siempre pensó que el tiempo acaba poniendo las cosas en su sitio.
Hasta que su madre dejó de ordenarle la habitación.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Cafelito con Don Antonio Ozores



Tras un largo tiempo de negociaciones entre nuestros representantes y los suyos, por fin hemos podido lograr el objetivo que nos marcamos al iniciar esta blog. Ha costado, pero el esfuerzo ha dado sus frutos y finalmente estamos aquí, sentados en el Café Gijón donde nuestro héroe pasa sus horas cavilando sobre el futuro del mundo y tomándose la vida con humor, como hacen los grandes de la escena.

Ha pedido un café cortado, pero el camarero no lo ha entendido bien y le ha traído un bocadillo de calamares con sanfaina. Don Antonio, dando buena muestra de la magnificencia y la sencillez de las grandes estrellas del firmamento cinematográfico, ha hecho como si nada, le ha añadido azúcar, lo ha removido mucho y se lo ha bebido.

Mientras conversamos, numerosos viandantes se detienen preguntándose si es él o no y algunos, los más lanzados, se acercan y le piden un autógrafo. Contesta con una sonrisa que sí, no sólo por mantener a las fans sino que además, confiesa, les roba el bolígrafo siempre que puede y luego los regala a la Asociación de Mancos, Mutilados y Maniatados de Madrid (AMMM) para que jueguen o para que, exclama con su sinpar gracejo, se los metan por donde les quepan. Para que luego digan que el éxito y la fama no pueden convivir con la solidaridad.

Hablar con esta leyenda es lo máximo a lo que este simple chiquilicuatre habría soñado jamás. Por eso trato de comenzar con el máximo respeto y paso de puntillas sobre los aspectos del corazón que en estos momentos los buitres carroñeros andan despiezando sin piedad en los programas de sobremesa. Por tanto, si el lector espera encontrar aquí alguna información extra sobre las fotografías en las que aparece don Antonio realizándole una lavativa con salfumán a la novia de Fernando Alonso mientras ella grita con su maldita voz de pito, se han equivocado de revista. Aquí hemos venido a hablar de cine.

- ¿Cómo empezó todo?
- En el principio, majo, fue la luz. Dios dijo hágase la luz y tranque lo que siguiendo an dur lamjorlardo, que sepamos todos milostrespertando guardaraíles sum sum corda, luego llegó mi hermano y me dio mi primer papel. Me limpié y tiré de la cadena.
- ¿Cree que su cine ha estado infravalorado por los progres de mierda incapaces de ver a un gran actor aunque se defeque en sus malditas y sociatas caras?
- Sí. Quiero decir, no. Vamos, que no lo sé. Las estrellas como yo no nos detenemos a leer a las críticas. Nos las llevamos a la cama, simplemente.
- Usted ha sido un gran sex simbol aunque no le guste presumir de ello. ¿Con cuántas mujeres se ha encamado?
- ¿A la vez? Con 3.000. De una en una, con 5 ó 6, todas doncellas menos una, que era burgomaestre de un pueblecito de Cuenca, una monada oiga, aún guardo la foto en la cartera. Lo que no guardo es la cartera, así que si no le importa, me quedo la suya.
- ¿Por qué cree que se le resistió el Óscar?
- Porque me vio venir. Si no, lo mato.
- ¿Cree que el hecho de no vocalizar le ha perjudicado?
- Teniendo en cuenta las frases que me ponían los guionistas, no. Y que sepa, querido amigo, que los más grandes nombres que ha dado la historia universal, no vocalizaban bien. O eran extranjeros. La cuestión es que no los entendíamos. Por tanto, vocalizar o no folaquizar, nesa sé custion la.
- ¿Usted popularizó la frase “ahora por fin ya somos europeos”. ¿Cree que se encasilló en papeles de una sola frase?
- ¿Usted es gilipollas? Mire, y en una sola frase se lo he dicho. A ver si va a tener usted razón, reporterillo.
- Una gran parte del público español echa de menos las lecciones de interpretación a las que usted nos tenía acostumbrados. Somos los mismos que no veíamos en usted sólo a un cuerpo escultural sino también a un actor del método, a la altura de Robert de Niro y más alto que Danny de Vito. Y creemos que la escena está huérfana sin su presencia. ¿Piensa volver al cine?
- Depende de lo que echen.

En ese momento le llaman por teléfono. Es Fernando Esteso, que le propone un nuevo proyecto. “Te las he dejado pintaditas en la taza del váter”, atino a escuchar. ¡Qué grandes, qué modestos! Estos prohombres de la cultura hispana ahora se dedican a la pintura y para no pecar de vanidosos, intercambian sus obras de arte en urinarios públicos. Henchido de orgullo y satisfacción doy por terminada la entrevista, habida cuenta de que el señor Ozores se ha ido con viento fresco. Pago la cuenta y los 4.000 euros que tenía pendientes en el bar y me vengo para la redacción, sabedor de que ya no se hacen actores como los de antes.

Fran Perea, yo te maldigo.

martes, 11 de diciembre de 2007

Critica, que algo queda



Esto de ser personajes más o menos públicos supone, además de mucho dinero y una vida plagada de lujos, momentos menos agradables como el tener que estar expuesto a críticas que provienen desde diversos puntos, unas veces positivas pero hay otras que ay, no lo son tanto.

Dicen los que saben de esto que para que las críticas no le afecten, uno debe tener la piel muy gruesa. Siguiendo ése consejo engordé quince kilos a base de parrilladas argentinas y así conseguí hacer frente a las diatribas que me lanzaron desde todos los suplementos culturales cuando publiqué mi primer libro “Yo maté a Lucía Etxebarría, pero porque llegué antes que los demás candidatos” que trataba de ser una reflexión filosófica sobre el intramundo del artista frente a su obra pero que por los azares de la vida y un error de imprenta acabó siendo un compendio de chistes de leperos.

Entre las más feroces críticas guardo recortes de aquélla de ABC, en la que se me decía “el libro de este nobel escritor guarda la curiosa virtud de ser, en un solo tomo, dos libros en uno. El primero y el último que escribirá este analfabeto inmundo.”

La Vanguardia no se quedaba atrás y decía el calumnista (qué chispa tengo) que “como no quiero ser duro con la gente que empieza en esto del juntaletrismo, me contendré y diré que antes que volver a leer un libro de este inepto zangolotino, prefiero que mi suegra me saque los ojos de sus cuencas con un cucharilla y que en su lugar me pongan dos tapones de corcho.”

El País: “Queremos desde estas páginas pedir disculpas cuando criticamos que los nazis hubieran realizado multitudinarias quemas de libros. Es más, pedimos que vuelvan y que hagan lo mismo con este subproducto infernal.”

El Mundo: “Hay que reconocerle al autor y a la obra su alto contenido didáctico, ya que permite hacer experimentos. Por ejemplo, si usted pone el libro en el suelo y acto seguido realiza usted una deposición a unos metros, puede comprobar que las moscas acudirán mucho antes a la llamada del papel que a la de la mierda misma. Y eso es algo realmente increíble que no todos pueden lograr”.

A todas ellas hice oídos sordos y no dejé que las envidias de unos escritores frustrados me hiriesen, porque como dice mi abuela, no ofende quien quiere sino quien puede. Sin embargo, digo públicamente aquí que hubo una que me dejó más que hundido. En el suplemento cultural de La Razón (valga la paradoja) se me decía que “Se trata, sin duda, de un gran libro, perfectamente escrito por un autor que entra con fuerza en el desolado páramo de las letras patrias. Tiene ingenio, sabe dotar de ritmo a la narración, con personajes perfectamente construidos y una clarividencia espectacular para atrapar al lector desde la primera a la última página.

Y en el apartado musical, recomiendo sin ningún género de duda el último disco de Pau Donés. Tiene ingenio…”

Y es que hay cosas que duelen. Y mucho. Bonito, todo me parece bonito…

viernes, 7 de diciembre de 2007

Anonimos anonimos




El anónimo anónimo se ha tomado un poleo de marca blanca para tratar de calmar su ansiedad. Quiere contenerse, pero le está resultando difícil. Para quitarse el mono, de vez en cuando envía un sms a los programas del corazón diciendo “Paquirrín, ¿qué se siente cuando arruinas una vida?” y cosas por el estilo. Eso le proporciona un instante de paz, pero no basta. Además, como escribe sin faltas ortográficas, los responsables de los programas no suelen poner sus mensajes para no elevar en exceso el contenido intelectual del mismo.

Ha tratado de curar su adicción con otros sucedáneos, como enviar notas con caracteres de periódicos recortados, pero se está dejando el sueldo en sellos y tiritas, ya que no es muy diestro con las tijeras.

Para colmo, con el maldito Domo y su estúpido identificador de llamadas, cuando contacta por teléfono a un número al azar para emitir gemidos o decir “Esto es ridículo, esto es ridículo, no lo entiendo”, no tardan en devolverle la llamada para contestarle que si no deja de tocar los huevos a esa hora de la noche, la próxima llamada que recibirá será la de la policía.

El anónimo anónimo buscó ayuda en “Anónimos Anónimos” y desde que se decidió a dejarse aconsejar, ha mejorado un poco. Pero no puede decir que esté curado del todo, porque todavía se levanta noches como ésta, completamente empapado en sudor y anda descalzo por su casa, movido por una inexplicable atracción. Como si de un adicto al chocolate se tratara, se abalanza sobre la nevera en forma de ordenador, abre el navegador y va a su página de favoritos, donde le espera la tentación.

Frente a frente, unos segundos que tardan en pasar muchas horas. Ahí afuera, el camión de la basura se lleva los desperdicios de los que sí que nos podemos deshacer. Sin embargo hay otros que se quedan ahí dentro, enquistados y van haciendo daño, mucho daño.

La mano izquierda se calienta abrazando la taza de poleo mientras que la derecha, pecadora, agarra el ratón y deja que el dedo índice haga clic en la página de favoritos, donde ésos dos imbéciles han vuelto a poner un post.

Anónimo dijo: sigo sin entender nada. Ni siquiera esa pregunta, que volvió a llegar tarde. Y todo me parece tan ridículo como vuestro blog.

El anónimo anónimo marcha a la cama, chutado y duerme como un niño. Y mañana, en la reunión de Anónimos Anónimos, comentará en público que ha recaído y todos le animarán, como se anima a los perdedores cuando han dejado la nevera vacía.