jueves, 29 de abril de 2010

Tómame o déjame



Nueva York, abril de 2010.


Querido Superintendente:


Los primeros días de la gira con Mocedades están siendo un auténtico éxito. Es bestial, tenemos al público americano completamente entregado. Tanto es así que no es nada extraño ver a la gente en la 5ª Avenida haciendo la conga para arriba y para abajo mientras bailan "Al compás del chacachá". Y aún te digo más, ayer abrimos nosotros la Bolsa de Wall Street. Era de abre fácil y nos costó un poquito.


Me gusta la vida del rock&roll star, para qué mentir. Me he integrado sin problemas en el grupo, no me cuesta casi nada aprenderme las coreografías y todos me felicitan cuando hago el "uuuuuu" del estribillo de "Eres tú", otra de nuestros melocotonazos.


 Y aunque (por envidia, imagino) se muestran reticentes a aceptar mis ideas, creo que al grupo le viene bien un poco de aire fresco como el que yo traigo. ¿Pues no me dijeron que no veían apropiado que la cantante se lanzara al público en plena actuación? Si lo hacen los Barricada y la gente recoge a un tipo melenudo y andrajoso, ¿por qué no iban a hacerlo con una señora de bien como Amaia, que va limpia como ella sola?


Y luego creábamos un grupo en facebook de Señoras que cantan en Mocedades que se lanzan al público y hale, ya nos hemos ganado a la chiquillada. Sí, sí, ya sé que soy un adelantado a mi tiempo y que mis ideas preclaras a veces cuestan de asimilar por mentes menos abiertas, pero no desfallezco, estoy acostumbrado a la incomprensión del genio.


Anoche tuvimos actuación en el Madison Square Garden. Qué sensación, cantar en el mismo escenario donde antes lo hicieron grandes del espectáculo como Juan Pardo, Mari Trini o Patxi Andión. Allí arriba, con todo el público coreando "y los muchachos del barrio le llamaban loca" y tú te sientes grande, sabes que las letras que tanto esfuerzo costaron a José Luis Perales, sabes que todos los kilómetros de autobús que hicimos para llegar a Nueva York y tantas noches en hoteles, han valido la pena.


Hemos conectado con el público neoyorkino, y es que la sensibilidad y el arte no entiende de nacionalidades. Claro, unos tipos que aprecian a Woody Allen, ¿cómo no iban a hacerlo con los hermanos Uranga, que ni siquiera se casan con sus hijos? Y yo me siento feliz, me siento vivo, siento que he encontrado mi sitio, vestido con un traje azul clarito, camisa blanca, patillas y bigote, a la derecha de Amaia y susurrando "tómame, o déjame, si estoy despierta déjame soñar..."


Y así, en medio de un sueño que comparto contigo, viejo amigo, me hallo ahora mismo. Quién sabe hacia qué derroteros virará esta aventura musical en la que estoy inmerso. No sé si la piratería o una agresiva promoción de cualquier paupérrima canción del verano echarán al traste el proyecto. Pero mientras dure, que nos quiten lo bailao.


Confío en recibir pronto noticias tuyas. Ahora te dejo, Vicente, pues me marcho con la música a otra parte.


¡Larga vida a Mocedades!

jueves, 22 de abril de 2010

El Síndrome Pau Donés



De todos los placeres que uno puede regalarle al cuerpo a diario sin que ello suponga un excesivo dispendio económico ni un grave perjuicio para su salud, sin duda ninguna, el más gratificante es el de la merendola post siesta.

Sentado en mi sillón de orejas y leyendo el chiste de Garfield de las páginas centrales de La Vanguardia me hallaba cuando Benito, mi mayordomo, puntual como la denuncia de un abogado de Ramoncín, entró en el salón portando en su bandeja un platito de altramuces maridados con un batido de chocolate marca Hacendado. Bocatti di Cardenali.

No había apretado aún el primer altramuz haciéndolo salir disparado hacia mi boca cuando irrumpió en la habitación el Capitán Rumikel. Tan alborotado estaba que ni siquiera reparó en que Benito aún no había vuelto a sus quehaceres.

-       Viejo amigo –le dije- pareces alterado, ¿qué te ocurre? ¿te has vuelto a cruzar con Leticia Sabater?
-       ¿Es que no te has enterado? ¡En toda la ciudad no se habla de otra cosa!
-       Discúlpame, Capitán, mas un ataque de lumbalgia me ha tenido postrado estos tres últimos días. Y he aprovechado el reposo para ponerme al día con periódicos atrasados. ¿Sabías que Gento se ha retirado?
-       Sí hombre, para hablar de cine estoy yo ahora. Acaba de salir el último número de la revista “Blogs de tipos que hacen fotos y escriben tonterías” y hay una reseña sobre nosotros. ¿Sabes qué dice?
-       Ardo en deseos de conocerlo.
-       Lo he memorizado para no tener que comprarlo, nunca sabes cuándo puedes necesitar un euro. Escucha: “(…) y tras su vuelta a la actividad bloggil, es evidente que el caso de “Quien no tiene un blog es porque no quiere” debe apuntarse a la amplia lista de los afectados por “El Síndrome de Pau Donés”. Sin duda, una pena que bla, bla, bla…”
-       ¿El Síndrome Pau Donés? ¡¡Pero si nosotros nos duchamos!!
-       Disculpe la intromisión, señor – intervino Benito-. Debido al portazo en la cara que en su alocada entrada me dio el Capitán he escuchado, postrado en el suelo y sangrando por la nariz, su conversación. Y si me permiten, puedo explicarles a qué se refiere el redactor cuando habla de dicho mal. Contrariamente a lo que usted piensa, no tiene nada que ver con costumbres higiénicas.
-       Permiso concedido. Ilústranos.
-       Verán. Se conoce como afectado por El Síndrome de Pau Donés a aquél incapaz de hacer algo diferente a lo que una vez hizo gracia y por ende, se torna en alguien repetitivo, pesado y al que dan ganas de matar cuando te lo encuentras por la calle. Curiosamente, no se llamaba así originariamente, sino “El Síndrome Macintosh”, pero al escuchar el disco “Reciclando”, la Academia de Enfermedades Estúpidas tuvo que reunirse de urgencia y darle el nombre, por pesado. Si bucean un poco en la historia descubrirán que el primer afectado fue el galés Laurence Macintosh, que en 1937, tras el éxito de su primer libro “El glamour del mondadientes” sufrió tanta presión a la hora de escribir su segunda obra que le salió, sin quererlo, otro libro exactamente igual, llamado, claro, “El glamour del mondadientes”. La editorial se vio obligada a incluir un apartado de tomas falsas, con algunas frases con faltas de ortografía, otras cortadas a mitad con “ja, ja, jas” y similares para mantener el interés y las ventas. Tras esta experiencia, Macintosh siguió escribiendo una y otra vez la misma novela hasta que, viejo y machacado anímicamente, se suicidó clavándose un mondadientes en el corazón. Como estaba muerto, se reeditaron todos sus libros iguales y fueron varios éxitos de ventas.
-      Vaya. Me deja de piedra, Benito. Capitán, esto es una afrenta a nuestro ingenio. Mañana mismo les publicamos una historia en la que David Meca intenta cruzar a nado el canalillo de Rita Barberá. Y no escatimaremos en palabras modernas como dabuti, fetén o camiseta imperio. ¿Tienes la cámara preparada? ¡Van a ver estos quiénes somos nosotros!
-       Ejem, Vicente, yo ya sabía qué significaba lo del Síndrome.
-       ¿Y por qué no lo has dicho?
-       Porque como lo escribes tú, no me has dejado meter baza desde que ha aparecido detrás de la puerta Benito. Mira, lo he estado pensando, y creo que nos repetimos porque pasamos demasiado tiempo juntos. Así que he decidido marcharme un tiempo, ver mundo, salir de Barcelona, incluso de Catalunya. Dicen algunos que hay tierra más allá, al parecer una aixeneta lo vio desde lo alto de una torre con folre i manilles.
-       ¿Y dónde vas a ir, hombre de Dios?
-       Me ha salido una oportunidad. Es época de nostalgias y revivals, por lo que un avispado representante ha conseguido volver a reunir para una gira mundial a los Mocedades. Están todos, excepto Sergioyestíbariz, a quien yo sustituiré.
-       ¿A los dos?
-       ¿Cómo dos? Pensaba que era un nombre vasco. Pues sí, a los dos. Mi misión es hacer “mmmmmm” con la boca mientras ellos cantan “Ay, amor de hombre”.
-       Gran canción, sin duda. Si esa es tu decisión, no soy quién para cortarte las alas. Ve, Capitán, ve. Vuela libre, descubre el mundo, y mándanos postales de los lugares que visitas, cuéntanos tus andanzas y cuando hayas saciado tu sed de aventura, vuelve, que aquí estaré yo, acompañado de Benito y de unos altramuces con batido para que repongas las fuerzas. Mientras, el peso del blog recaerá en mis espaldas, aunque con lo del lumbago, no sé yo cómo quedaremos.
-       Gracias Vicente, me voy. Pero como dijo mi boomerang, volveré.

Y se fue.

Cerró la puerta y desapareció en busca de emociones. Yo me quedé toda la tarde sentado en el sillón. Apenas toqué los altramuces y no pudo acabarme el batido. Pensaba en cómo iba yo a soportar tanto tiempo sin mi amigo, deseaba que todo le fuese muy bien y ya esperaba impaciente su regreso, aunque sabía que muy probablemente, cuando volviese a cruzar la puerta de nuevo y nos abrazásemos, yo notaría en silencio que su ropa olía a leña de otro hogar…

(continuará)

miércoles, 14 de abril de 2010

Nuestros problemas con las mujeres



Si el empecinado lector tuviese que elegir un calificativo que, sin insultarnos ni mentar a nuestras familias, nos describiera, posiblemente se quedaría como el periodista zangolotino y vago que recurre a los tópicos ante una nueva jugada de Messi: sin adjetivos.

No obstante, si la pregunta se nos trasladase y recayese en nuestras curtidas en mil batallas manos la labor de elegir un epíteto que nos acompañara en todas las glosas que de nuestra personalidad se hicieren en contraportadas de libros, artículos de opinión, estudios universitarios, enciclopedias submarinas y demás zarandajas literarias, no cabe duda de que el escogido sería el de mujeriegos.

Sí, amigos, aquí donde nos ven, somos unos mujeriegos de tomo y lomo. Estamos en el mismo bando  que grandes galanes conquistadores como Paco Rabal (cuando era más joven y estaba vivo), Imanol Arias, Álex Ubago (quien no es mujeriego es porque no quiere), uno que sale en Gran Hermano o Hugo Silva.

El único problema con el que nos encontramos a la hora de desarrollar nuestra pasión por el sexo opuesto es que las mujeres, mira tú por dónde, no son nada nosotrosiegos. Lo que hay que ver.

No sabemos por qué, algo falla. Algunos piensan que es porque desprendemos algún tipo de feromonas que, sin pretenderlo, las repele. El nombre científico lo desconocemos, pero parece ser que comúnmente se le llama "sudor reseco envejecido en axila desde años ha" y es muy habitual en gente muy dada a la vida contemplativa y poco tiempo para ducharse como los curas con sotana con niño dentro o los intelectuales, grupo en el que también estamos, contrariamente a lo que le sucede a Álex Ubago y al de Gran Hermano.

Y a Hugo Silva, aunque él piensa que sí y acude con bufanda blanca y comiendo altramuces a las presentaciones de los libros y los demás le hacemos el vacío mirando al techo y mascullando "mmmmm..." como diciéndoselo sin parecer descorteses pero claro, al no ser intelectual, no lo pilla. Cosas de intelectuales, ustedes no lo entenderían.

Preocupados ante una situación de tal calibre que nos ha llevado a no conocer doncella en todo el tiempo que ha transcurrido desde que iniciamos este blog, empezando a contar desde varios años antes, tanto el Capitán Rumikel como quien les habla decidimos ponernos en manos de especialistas.

No, no se alarmen. Este relato no trocará ahora hacia derroteros eroticofestivos con señoritas ligeras de ropa que espatarradas le susurran a uno cosas bonitas a cambio de un generoso donativo para comprar prendas con las que tapar sus pudendas y voluptuosas partes. No somos de esos.

No tenemos tanto dinero.

Cuando hablamos de especialistas nos referimos a gente que haya estudiado una carrera universitaria que le permita ejercer la medicina. Como no tenemos seguro médico (si tuviésemos pecunia para eso ya lo habríamos invertido en señoras) y en la Seguridad Social no nos dejan entrar hasta que no devolvamos los kilómetros de venda que robamos para disfrazar de momia a la alcaldesa durante el pasado carnaval de El Cabanyal, nos vimos obligados a buscar un galeno que, por lo privado y sin pagar, nos reconociese y nos recomendase qué podríamos hacer para gustarles más a las mujeres o en su defecto, a los hombres vestidos de mujeres, tampoco era plan de ponerse sibaritas en la primera visita.

Alentados por un amigo que había comido ajo acudimos a ver al Dr. Awde, que se pronuncia como un coche pero que se escribe de otra forma como habrá discernido el audaz lector. Nos sorprendió que tuviese la consulta en el banco de un parque y que nos recibiese con un sombrero de ala corta en la cabeza, mirada baja y un whisky on the rocks in his hand. Pensamos que serían cosas de la medicina moderna, el feng shui y todas esas cosas de los modernos, grupo al que no pertenecemos.


Hugo Silva sí, las cosas como sean.

- Verá doctor, es que nosotros tenemos un problema.
- Ustedes dirán.
- Nos gustan mucho las mujeres. Pero nosotros a ellas no.
-  ¿Eso que huele son ustedes?
- Nuestras feromonas. Si lee un poco más arriba verá que...
- Mmmm, déjenme pensar... Y échense a un lado, estoy a punto de devolver.

Es curioso lo mucho que tarda el tiempo en pasar cuando estás de pie en medio de un parque, a merced de los balonazos de los niños torpes, de los encontronazos con los corredores abnegados o de las deposiciones aéreas de las palomas hijasdeputa. En sólo tres minutos habíamos recibido tres de lo primero, nos habían insultado dos de los segundos y nos habían adornado las testas con siete de lo tercero.

Transcurridos ellos, el Doctor, con los hombros apoyados en el respaldo del banco y las piernas cruzadas, dejándonos ver que la moda del calcetín blanco vuelve con más fuerza que nunca, levantó la cabeza y dijo:

- Ya sé lo que les pasa.
- ¿Es grave?
- Mucho.
- ¿Es benigno? Y si es, ¿qué significa benigno?
- Ustedes son feos. Feos hasta decir basta. Tan feos que duele verles. Son feos como no hay nada más feo en este mundo. Ustedes no sirven ni como modelos de cuadros cubistas. Las mujeres no se les acercan por el mero hecho de que ellas son animales racionales y saben que llegados a un punto de horror, la gente muere ante tanta fealdad. No he visto nada más feo ni cuando tuve que extirpar un hemorroide tamaño balón medicinal de la cara de un hombre ya de por sí feo. Sé de gente que se quitaría los ojos de sus cuencas con una cucharilla de café para no tener que soportar más la visión de sus rostros. No se dejen engañar con lo de que la belleza está dentro de cada uno, ni haciéndose el hara kiri podrían ser más feos. Son horribles, asquerosos, manifiesta y groseramente feos. Cualquier otra cosa que les digan es una patraña que trata de esconder una realidad que se les muestra cada mañana frente al espejo.

Por lo demás, están ustedes estupendamente bien. Eso sí, no fumen.

Un diagnóstico así, tan impreciso, tan abierto, nos dejó llenos de dudas. Dudas que quisimos que nos resolviera. Mas fue en vano, ya que tras su discurso, apuró de un trago su whisky, se ajustó el sombrero y sin decir esta boca es mía, se largó, haciéndonos, claro, un tremendo feo.

Y mientras veíamos su figura alejarse en el horizonte, llegamos dos conclusiones:

a) Hay gente que no tiene el mismo concepto de belleza que nuestras abuelas.

b) Hay gente que lleva muy mal que tengamos más fans que él en facebook.



Dedicado con todo cariño, admiración y una cerveza pagada a nuestro médico de cabecera y a su alter ego. 

viernes, 9 de abril de 2010

Una pequeña historia


Cuando la Bella Durmiente despertó, Bibiana Aído todavía estaba ahí.

jueves, 25 de marzo de 2010

Astenia primaveral


Pese a lo que pueda parecer si alguien nos toca el estómago con el dedo, no somos de piedra. Sentimos, sufrimos, nos alegramos, lloramos y hacemos más cosas que no diremos por si hay niños leyéndonos, con lo malo que es eso, lo de leer, en según qué edades. Miren si no lo que le pasó a Hitler, que leía libros de caballería cuando zagal en su Asturias natal y luego creyó que los judíos eran gigantes y los intentó fichar para un equipo de baloncesto y se armó la de San Quintín, que en realidad se llamaba Quinto y curiosamente era hijo único. Y bajito, por lo que no pudo entrar en el equipo de baloncesto. De todos modos, como era santo, no podía hacer faltas personales ni pillar rebotes, así que casi mejor para todos.

Una vez aclarado esto (era necesario, créannos, recibimos cada carta quejándose de cada cosa que nos vemos obligados a no dejar nada en el aire, malditos jubilados antisemitas) les comunicamos que debido a la crisis que nos asola y a la escasez de nuevas misiones con las que salvar el mundo, nos hemos visto obligados a dejar nuestra mansión del barrio de Pedralbes en una gasolinera para que la adopte alguien y a vender a precio de ganga (ganga cara, pero ganga al fin y al cabo) nuestra cabaña en Aspen, Colorado.

Y nos hemos mudado pero con ropa de vestir, así informales, ya saben cómo somos. Y nos hemos trasladado y puesto a compartir un piso de estudiantes sito en el barrio de Gracia. Pero no se crean que nos hemos convertido en unos perroflautas con greñas y porros y longplays de Macaco, seguimos siendo tan finos y elegantes como siempre. Progres, pero elegantes, que por mal dadas que vengan, nuestro batín con escudo y nuestras pantunflas de cuadritos no nos las quita nadie.

Todo cambio requiere de un proceso de adaptación, pero nosotros somos hombres de mundo y apenas nos ha costado pasar de una parcela de 10.000 metros cuadrados, piscina, sala de billar, campo de voleibol femenino y chimenea tamaño boca de María Abradelo a un cuchitril de dos espacios (¡tirando por lo alto!), cocina integrada (me huele la almohada a pescaíto frito, no todo iba a ser malo) y un felpudo que dice Hola y que al estar fuera de casa, hace las veces de terraza.

Quien no lo lleva del todo bien es Benito, nuestro mayordomo, que no controla bien las nuevas dimensiones e igual nos sirve el desayuno a nosotros que a los vecinos del quinto que curiosamente, mira cómo son las cosas, no tienen nada que ver con San Quintín, pero que tienen un amigo al que le gusta el baloncesto. El mundo es un pañuelo, va a ser verdad eso de que todo está interconectado. Ya sólo me falta encontrar un judío al que le guste leer libros sobre alemanes con bigotillo y habré cerrado el círculo. Si conocen a alguno, mándennos un burofax, por favor.

Ya que teníamos un piso de estudiantes y como hombres consecuentes que somos (elegantes, pero consecuentes) decidimos apuntarnos a la universidad. A mí siempre me ha hecho ilusión aprender a leer (no todo iba a ser escribir y escribir) así que me matriculé en la Universidad de Lectura o algo así, porque como no sé leer (tiempo al tiempo, aprendo rápido) uno va dando palos de ciego. Y hablando de ciegos, el Capitán Rumikel decidió dedicarse profesionalmente a la fotografía, por lo que se matriculó en todas las universidades que encontró en un maquiavélico plan que dará sus frutos dentro de 5 años cuando todos sus compañeros necesiten hacerse una orla y ¡voilà! ahí estará él con su cámara y su objetivo.

Tanto estudio y tanto plan de futuro nos hace llegar a casa rendiditos. Y esa y no otra debe ser la razón por la cual no hemos utilizado aún la primera norma que se pone en una casa de estudiantes: cada vez que uno de los dos (esto es importante, porque si estamos los dos a la vez no tiene sentido) se halle en su habitación yaciendo con una zagala de sexo opuesto siempre y cuando el opuesto sea femenino (quisimos remarcarlo bien para evitar problemas posteriores y dejar bien evidente que seremos progres pero machos como el que más), debemos dejar un calcetín en el pomo de la puerta pero por la parte de fuera (con el Capitán toda redundancia es poca) para que el otro al llegar a casa sepa:

a) que no puede entrar salvo que el otro le llame por su nombre a voz en grito y añadiendo después de su nombre las palabras "trae" "un" "saco" "tamaño" "señorita" "y" "algo" "para" "limpiar" "la" "sangre" y en ese orden estricto.

b) que no puede pasearse por casa ataviado únicamente con el batín y las pantunflas, ya que hay una señorita en casa. Así que debemos ponernos el pañuelo de seda que tan bien nos queda. Y atarnos el batín.

c) enchufar la webcam.

d) grabar Scrubs que luego contado no tiene gracia.

e) preguntar a los del quinto si saben algo de Benito que se fue a por uvas y se lo llevó el viento provocado por unos molinos gigantes con bigote y camiseta meyba estilo chicho sibilio.

Ya les digo, aún no se ha dado el caso de tener que usar el calcetín. Y uno se empieza a preocupar, no porque tema que haya perdido su sexappeal con las chavalas, no, sino que porque con el cambio de tiempo, la vuelta del solecito y la llegada de la primavera, uno, que como he dicho es hombre de mundo (se les tiene que repetir todo, ¿eh?) muda su atuendo cual culebra riachuelera y donde antes llevaba batín ahora luce quimono de hilo japonés y donde antes calzaba pantunflas calentitas ahora anda con paso firme con chancleta de las de poner el dedito. Y las llevo sin calcetines, así soy yo de moderno (algunos me confunden con el más homosexual de los de Astrud, no les digo más).

Es por ello que hemos pensado que para evitar malos entendidos y sorpresas desagradables (a la par que elegantes), y aunque ello pueda suponer depresiones primaverales y suicidios varios entre las muchachas con bidones de gasolina que nos leen, vamos a iniciar una época de castidad y abstinencia sexual que se prolongará hasta después del verano, cuando vuelvan los rigores (qué bien traído) del invierno y volvamos en enfundarnos nuestros calentadores estilo Lali Ruiz, que por si no la recuerdan, fue la señora que sustituyó a Eva Nasarre en el programa de gimnasia que veíamos cuando éramos niños mientran todos los demás amigos estaban en las bibliotecas devorando guardianes entre el centeno, metamorfosis y demás morralla.

Y así les ha ido.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Hivernando...

Estimado Capitán:

Espero que al recibo de la presente se halle usted bien. O al menos, tal y como estaba hace unos meses. Imagino que durante todo este tiempo se habrá estado preguntando dónde diantres me he metido que ni escribía ni nada. Me han llegado rumores que insinúan que algunas noches han visto a un joven con gafas de pasta correr desnudo por las calles de Sarrià gritando mi nombre como un poseso. Esa tarea normalmente la hacía yo, pero le agradezco que haya ocupado mi lugar en mi ausencia. Si eso corra unas cuantas noches más y ya me pongo yo después de Semana Santa.

¿Que dónde he estado? ¿Que qué hacía? ¿Que dónde me metía? Uff, si yo le contara. Mire, me ha caído usted bien, le voy a contar.

Todo comenzó el 1 de enero de 2010. Tras levantarme de la cama me senté en el sofá para ver la competición de saltos de esquí. Me quedé traspuesto. Y desperté el 7 de enero, ya sabe cómo soy yo cuando pillo la posturita.

Como todo hijo de vecino, comencé el año con una lista de buenos propósitos, el primero de los cuales era renovarme el carnet de identidad. Así que con una foto tamaño carnet (lo cual, si se me permite, es un error ya que no es tamaño carnet sino tamaño foto que va dentro del carnet) me puse a la cola. Y allí estuve hasta el 17 de enero, fecha en la que me tocó mi turno.

La funcionaria me pidió la foto, un duplicado de la misma, la cartilla de nacimiento, matrimonio, el divorcio, la custodia de un niño que pasaba por allí, una copia compulsada de la orla de la facultad, el teléfono de tres amigos, me hizo decir tres trabalenguas, me mojó el dedo en tinta y tras sellar 6 folios y graparme la mano a los mismos, con una sonrisa en la boca me miró fijamente y me dijo:

- Ya está, acaba usted de ser adoptado por los Pitt Jolie. Enhorabuena.

Sólo una línea después (esta que estás leyendo), formaba parte de un hogar multicultural sito en Beverly Hills. Huelga decir que al principio pensé en sacar a la pareja de su error pero luego, pensándolo, decidí postponerlo: en parte para no quitar la ilusión a mis nuevos padres, en parte porque leí que puede ser traumático para el hijo perder de vista a su madre durante la época de lactancia y en parte porque los Pitt Jolie me ponían unos peuquitos de felpa más calentitos que una camiseta imperio damart termolactil de cuello alto (¡ahí es nada!).

Así que allí me quedé al abrigo de mamá Angelina, creciendo y aprendiendo los colores. Mi madre estaba orgullosa de mí, decía que de todos sus hijos, yo era el 7º más espabiladito. Siempre se me han dado muy bien los juegos de amontonar cuadraditos, como usted bien sabe.

Mas si sabe de psicología, no habrá tardado en adivinar que entre mi padre y yo pronto comenzaron las primeras envidias y malas miradas. Brad (me niego a llamarle papá) nunca me quiso como se quiere a un niño. Y no me refiero a la forma en la que los curas quieren a los monaguillos, sino vestido. Malmetía, el tipo malmetía. Le decía a mami que si yo ya era mayorcito para dormir en su cama, que si no le parecía bien que me duchara cuando ellos, que qué hacía yo vestido con ropa interior femenina (soy un niño, tendré que disfrazarme ¿no?) y sobre todo, que por qué siempre le tocaba a él cambiarme cuando me hacía caca.

Envidioso.

Así que poco a poco fue haciéndome a un lado y queriendo más a mis hermanos, malditos bastardos. Yo me convertí en un muchacho introvertido (a la par que elegante, hay cosas que vienen con los genes) y pasé mucho tiempo en mi habitación urdiendo un plan de venganza.

Un buen día, hará cosa de dos semanas, vinieron a hacernos una entrevista los de la revista Vanity Fair. Lo típico, fotos en el jardín, fotos en la piscina, en el hall, en el dormitorio, etc. Y preguntas a cada cuál más chorra. Hasta que se fijaron en mí:

- Y Vanessa Jonás Pitt Jolie (sí, esto de los nombres modernos es la pera), ¿ya sabe decir alguna palabra?
- No- dijo el imbécil de Brad- el niño nos ha salido un poco retrasado.
- Sí papá, sí sé hablar un poco.
- ¡Ay hijo de mis entretelas!- mi mami habla así en verdad- ¡ay corazón! ¡ay mi querubín que ya se me suelta! ¿Qué sabes decir, fruto de las entrañas de otra compradito por mí?
- Que papá se pasa las noches viendo Friends y tocándose la pilila cuando sale Rachel.

La ira de los dioses fue un eructito de los de después de comer comparado con lo que se montó allí a continuación. Gritos, guantazos, flashes, llamadas a redacción para detener las rotativas, polvareda, insultos, perosiyos, sielputocrío, siyasabíayoque, malpadre, quieroldivorcio, y en ese plan.

En la siguiente escena entraron revistas dando vueltas sobre fondo negro que publicaban la noticia de la separación, de la crisis, de la catástrofe. Pero yo ya no estaba allí para verlo. Salí en silencio de la mansión, monté en mi pony y chano chano volví a España a seguir con mi vida. Al llegar a casa tenía una carta de la Policía diciéndome que pasara cuando quisiera a recoger el certificado de defunción que había solicitado y que si no lo hacía en tres días me declararían vivo de remate y que me atuviese a las consecuencias.

Hace cuatro días que estoy en la cola, no vaya a ser que se me pase el turno y la volvamos a tener.

Pero vamos, por lo demás bien, gracias por esperarme. Seguimos en contacto.

Suyo afectísimo,

El Superintendente Vicente.







miércoles, 23 de diciembre de 2009

Cuento de Navidad







A pesar de ser un 24 de diciembre, la noche en Belén era cálida y estrellada, en una prueba más de que el cambio climático estaba afectando el rumbo de la meteorología, dijesen lo que dijesen los mandamases políticos de Judea.


Como cada día al acabar la jornada, Jeremías el pastor se había reunido con otros compañeros de profesión alrededor de la lumbre para comentar los ajetreos acaecidos (este trabajo, ya se sabe, es un no parar de anécdotas) y gastarle bromas a Abraham el narcolépsico diciéndole que se le había perdido una oveja, que las contara para comprobar que estaban todas.


A un par de centenares de metros, en lo que entonces se llamaba el portal de Belén y que posteriormente se denominaría www.belen.com, un matrimonio discutía mientras la mujer, embarazadísima, comenzaba a notar las primeras contracciones.

- Pues no, María, no me parece bien. ¿No podíamos tener un perro como todo el mundo? O un gato. Pero no, nosotros tenemos que ser especiales y tener un buey y un burro dentro de casa. Si esto es normal, que venga Dios y lo vea…


Los humildes pastorcillos habían cenado lo normal este tipo de noches: unos langostinos de primero, jamón del bueno y una piernecita de cordero, regado con un riojita para ayudar a bajar. Y tras el tentempié, cada uno iba con su tema.


- Vamos a ver, ¿alguien me puede decir en qué año estamos? Yo es que me hago un lío.


- ¿Se puede saber para qué te has traído una zambomba? ¿Qué pretendes, que nos pongamos a cantar o qué?


- ¿Qué os parece si para animar estas noches cada uno compra un regalo a otro y se lo damos pero sin que se sepa quién ha sido? ¿Por qué me miráis así, no os gusta la idea?


- Ja, ja, mira, mira cómo beben los peces en el río. Mira, mira, beben y beben y vuelven a beber.


- Como sigamos plimpando tanto cava, aquí se va a armar la marimorena…


Y en ese plan.


Como quiera que las digestiones nocturnas no son fáciles de hacer y que Jeremías era lo que en cuanto a costumbres fisiológicas se describe como “un relojito”, pronto comenzó a sentir en su estómago cierta inquietud y movimientos de alerta que le llamaban a evacuar parte de lo digerido sin necesidad de ayudas externas en forma de brebajes que regulan el tráfico intestinal y similares.


Así que como quien no quiere la cosa se metió en su chalequito de lana el último ejemplar del “Diario de Nazareth” y alegando que hacía noche buena y que quería respirar un poco del aire nocturno, se alejó del grupo andando cada vez más deprisa y con las nalgas apretaditas por lo que pudiera pasar.


Y allí quedaron los pastores conversando acerca del último combate de hondas cuando de pronto una luz resplandeciente les interrumpió y de ella salieron tres ángeles de dorados cabellos, arpa en mano y alas batientes.


- ¡Sapristi! ¿Quién sois vosotros?


- Buenas noches, pastorcillos. Tenemos una gran noticia que anunciar.


- ¿Anunciar? ¡¡Serán pesados estos de la propaganda!! Ya no saben qué hacer para vendernos el ADSL*. Si no os vais de aquí comenzamos a cantalazos, ¡mangarranes!


- Pero es que somos los enviados para anunciaros que muy pronto y muy cerca de aquí…


- ¡¡Que no queremos nada!! ¡¡Largo de aquí y buscaos un trabajo digno, caramba!!


- ¡Y ponedme el logo más grande!


Y blandiendo un pedrusco del tamaño de un cráneo consiguieron que la luz se disipara y los tres ángeles desaparecieran yéndose con sus arpas (y por consiguiente, con su música), a otra parte.



En una nada decorosa posición se encontraba nuestro amigo Jeremías, agazapado tras un arbusto y haciendo de tripas corazón para a su vez, hacer de vientre cuando oyó por la senda adjunta el sonido de unas voces que delataba la presencia humana. Fue al levantar un poco la cabeza cuando descubrió sorprendido que a ella se le unía la camellil. Tres señores ataviados con corona y largas capas montaban sus respectivos camellos mientras enfrascados en una discusión no repararon que junto a la cuneta, un pobre pastorcillo con los pantalones por los tobillos se percataba de todo al tiempo que trataba de abonar la tierra.


- Es que siempre tienes que ser tú quien dé la nota, Melchor. Siempre tú… ¿No quedamos en que los tres nos gastábamos lo mismo en el regalo? ¿Se puede saber con qué cara pretendes que le demos ahora nosotros la mirra y el incienso?


- Es que me sabía mal, venir de tal lejos y traerle hierbajos…


- Dejad de discutir, la estrella se ha detenido. No podemos estar lejos.


- Suerte de estrella, ¿eh? La llamaré, en honor a mi padre, don Gaspar Patrodopoulos Satrústegui, GPS.


- No, no, esa estrella se llamará “la estrella polar”, en honor a este forro tan calentito...


Y hasta ahí pudo escuchar Jeremías, que los vio alejarse por el sendero que llevaba al portal de Belén, adonde habían acudido también los otros pastores, alertados por los lloros de un niño que acababa de nacer.


No habían pasado ni dos apretones cuando volvieron a interrumpir al bueno de Jeremías que debido a que cuando hacía fuerza achinaba los ojos no había visto venir a una real zagala con más delantera que el Atlético Matusalén. Insinuante, erótica, sensual, susurró:


- Busco a Jacq’s.


- Pues como no se vaya a buscarlo a otro sitio, lo que va a encontrar aquí no le va a oler nada bien, palabra de pastor.


La mujer volvió por donde había venido y Jeremías, ya más tranquilo, depuso. Una vez finalizada su tarea y usado con buen fin los pliegues del periódico, se acercó al río para lavarse las manos, mas cuál fue su sorpresa al descubrir que lo que había en el cauce no era agua sino papel de aluminio.


Cansado y algo aturdido ante tanto acontecimiento decidió volver junto a la hoguera, tumbarse y tratar de dormir, inconsciente de que en el momento más importante de la historia de la humanidad y justo cuando desde lo más alto se estaba tomando la fotografía que pasaría a la posteridad, él estaba acuclillado, dándolo todo y pensando en cómo estaba el mundo que ni en medio de la nada puede uno cagar tranquilo.


*En aquella época, "Aleluya, Dos Sandalias con Lacitos", una marca de calzado que causaba sensación por su eslogan, Just do it, no tanto por su contundencia e impacto, sino porque aún faltaban más de 20 siglos para que se inventaran los eslóganes y unos cuantos menos para que se hiciera lo propio con el inglés, por lo que nadie entendía nada, como en los buenos anuncios





Reconozcámoslo, 2009 ha sido un año de mierda para todos. Por eso en la gente de Sapristi, el gran Miguel de Llobet, el Superintendente Vicente y el Capitán Rumikel hemos querido acabarlo con una sonrisa y con un homenaje al Caganer, que según dicen, simboliza la fertilidad y la buena suerte para el próximo año. Que así sea. Feliz año.




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viernes, 11 de diciembre de 2009

Lujuria


Quizás cegado por la luz de la linterna que el vigilante del museo enfocaba hacia su cara, quizás cegado por la lujuria y los años de incontinencia, al David de Miguel Ángel el único argumento que se le ocurrió para explicar por qué estaba en plena noche encima de la Venus de Milo fue un lacónico "compréndelo, no somos de piedra".

jueves, 3 de diciembre de 2009

Agallas


Imagínese que en pleno sueño siente la llamada fisiológica de la naturaleza. Se aguanta y se aguanta pero llega a un punto en el que es ir ahora o luego, cuando explote la vejiga. Así que se levanta medio dormido a eso de las dos y pico de la mañana y sin abrir los ojos para no despejarse dirige a tientas sus pasos hacia el baño. Y claro, como no quiere dejarlo todo perdido, decide hacer pipi sentado (si es usted chica, esta frase no hacía falta que la hubiese leído, pero me temo que ya es tarde, lo siento). Y que antes de notar el fresquito de la tapa en sus posaderas siente que lo que su piel toca no es el váter, sino las carnes de una persona que está sentada allí. De un salto se levanta y busca apresuradamente la luz. Le da al interruptor y ve que quien está allí sentada es Rita Barberá con el refajo en los tobillos y el pelo deshecho, si es que ese pelo puede deshacerse.

Qué susto, ¿eh?

Todo esto no tiene nada que ver con el post de hoy, es que no sabía cómo empezar y me ha parecido la mejor manera. Imagínense cómo eran las opciones descartadas. Ahora que ya hemos entrado en calor (es un decir) les puedo contar la historia. Todo ocurrió hace unos días. Unos cuantos, no les podría concretar ahora con exactitud, tendría que pensarlo. Ah, o contarlos con los dedos, también podría ser. Pero vamos, tampoco voy a ponerme ahora yo a realizar complicadas operaciones matemáticas que además, el 75% de ustedes no entendería. Así que como si de un adolescente Jordi González me tratase, iré al grano. El Capitán Rumikel y quien les habla (en realidad les estoy escribiendo, pero es que ustedes leen en voz alta y lo confunden) estábamos en la biblioteca de la Universidad de Massachussets leyendo varios números retrasados de la revista "Don Balón" cuando alguien se sentó a nuestro lado. A nosotros ya nos pareció raro porque no había más gente en toda la biblioteca (en USA estarán muy adelantados, pero no se vive la fiebre de España por las bibliotecas, allí apenas va nadie) y porque estábamos en una punta de la mesa y no había donde sentarse.

- Oigan.
-Shhhhiiiiittttt. ¡Por favor, piense en los demás!
- Pero si no hay nadie más. Estamos solos.
- Ah no, a nosotros no nos venga con teoremas filosóficos acerca de la soledad del ser humano en el universo, si somos o no el centro de la creación o si, más allá de la vida hay muerte, más vida o si resulta que el periplo vital está sobrevalorado y concluimos que es todo un largo fin de semana sin fútbol.
- Pero si yo sólo quería...
- ¡Encima! - intervino el Capitán - encima con exigencias. Yo quiero esto, yo quiero aquéllo, yo, yo, yo. ¿Y nosotros qué? Porque si vamos a estar todo el tiempo hablando de usted, nosotros nos bajamos en la próxima. ¿Qué biblioteca viene ahora?
- Si no hay obras por lo del Plan E, ahora viene Cambridge - le contesté.

En la megafonía de la biblioteca se escuchó: "Próxima estación, Cambridge. Correspondencia con las obras completas de Vicente Blasco Ibánez y la Enciclopedia del cuerpo humano visto por un nenúfar."

De un tirabuzón carpado, nos bajamos escapando del pelmazo. Y suerte, porque justo entraba un coro de acordeonistas rumanos y tres equipos de voleibol, pero masculino, sin argumento.

- Desde luego, no puede uno ni leer tranquilo.
- Dígamelo a mí (el Capitán siempre me habla de usted porque soy albino, pero él piensa que soy mayor) que el otro día estaba en el baño leyendo la composición de la pasta de dientes y ¿sabe quién entró medio dormida y se me sentó encima?
- ¿Rita Barberá?
- ¿Me lee usted la mente?
- No, no, lo intenté una vez pero como no pude poner el punto de libro, al día siguiente ya no sabía por dónde iba y lo dejé. Si eso cuando sea mayor y tenga tiempo...
- Ahh, el tiempo, qué cosa ¿verdad? Pagaría por disponer de un utensilio que pudiera ponerse bien en la muñeca, bien en la pared, y que me dijese qué hora es. ¿Se imagina?
- Quién sabe, quizás los hijos de nuestros hijos lo inventen. Ya hemos llegado, aquí me quedo. Mañana quedamos a las 11 en la Complutense, no tarde que nos quitan el sitio, ya sabe la fiebre que se vive en España por las bibliotecas.
- Sí, sí, lo he leído arriba. Descuide, allí estaré.

Y me fui dando saltitos hacia mi casa, ora sobre la pierna izquierda, ora sobre la derecha, en parte por divertirme (soy un hedonista, recuerden), en parte por retrasar la llegada al hogardonde me esperaba la soledad, los programas de telerealidad, la nevera vacía, la cama deshecha y el último disco de Álex Ubago, que lo tengo por si alguien entra con la intención de abusar de mí, al menos que sufra.

¡Jé, menudo soy!




NOTA DEL EDITOR: En vista de que el autor ha olvidado algo tan nimio como darle algún sentido al relato y ya que estaba, relacionarlo con el título del mismo o con la foto, la editorial, reunida en carácter de urgencia, ha creído conveniente informarles de que hay un grupo musical (a la par que elegante) que se llama Galactus y que ha publicado un disco llamado "Agallas" y que el Capitán Rumikel les ha hecho la foto de la portada y más, porque ya que estaba, como sólo es apretar un botón, pues oye. Y quién sabe, luego la gente se hace famosa y nunca sabes por dónde puede salir la liebre. Aunque si hablamos de un grupo de música, lo normal es que salga del trombón, que es donde mejor se está.
Si tienen ustedes un rato y orejas (mín. 1) les recomendamos que los escuchen. O si no, en el próximo post ya lo tarareamos.

martes, 17 de noviembre de 2009

¿Cómo lo veis?

Cuando el capitán me pidió mi opinión acerca de si aceptar o no una oferta para participar en un safari fotográfico en Kenia, le contesté que no se lo pensara dos veces.

- Ya, si dicho así parece bonito. Pero es que la oferta es para hacer de modelo en el documental "Cuánto tardan los leones en destripar a un gafapasta".
- Ítem más, amigo, además de conocer gente y fauna, participas en la labor didáctica y colaboras en la realización de millones de siestas cuando emitan el documental.
- Visto así, márchome.
- Adiós amigo, ojo con lo que me comes en esos poblados.
- No te preocupes, tengo un estómago a prueba de bombas.
- Tú sí, pero piensa en los leones.
- Estás en todo, Vicente, estás en todo.

Y se marchó. Y a su barco le llamó Libertad. Yo, aprovechando que mi barco ya tenía nombre y que ante mí se me presentaba un periodo de tiempo de cierto descanso, decidí que aprovecharía el momento para volar solo.
Ah amigo, cuán ignorante fui al pensar eso, con Iberia hemos topado. Qué desilusión me llevé cuando la azafata me dijo que no podía, que para pilotar un avión hay que ser piloto.

- Ya, pero si no me deja practicar un poco nunca llegaré a serlo. Además, no me diga que no hay aviones disponibles que se los veo por los ventanales. ¿Es por la gasolina? Tome, un zippo y en paz.
- No señor, para ser piloto hay que ir a la escuela de pilotos y estudiar durante 5 años.

Ja, ja, para que luego digan que las señoras con el pelo tan apretado a la cabeza no tienen sentido del humor. Una escuela de pilotos, como si eso existiera. ¿Se imaginan? Ja ja, ¿qué estudiarían? Eso azul es el cielo, eso duro, el suelo, hale mañana examen y el que suspenda, 100 vueltas volando a la ciudad. Vamos hombre, 5 años para ponerse una gorrita de Vacaciones en el mar y apretar el botón de piloto automático.

Si me dijeran que las azafatas sí que estudian, lo entendería: hacer esas cosas con las manos es otra cosa. Pero ¿los pilotos? Vamos anda. Porque vale, aparcar el avión no es fácil, pero ¡ni que lo tuvieran que hacer en un garaje! Hombre, si con una calle entera para ti no lo aparcas, es que eres burro de remate. ¿Qué haces cinco años estudiando para piloto? Va, en serio, geografía no puedes estudiar porque desde allí arriba todo se ve igual. Yo pensaba que se vería como en los mapas, cada país con su color, su nombre y unas líneas para saber dónde estás. Pero es que ni eso, el mundo está mal pensado. Al menos, para verlo desde arriba. Desde abajo es otra cosa, pero tiene menos mérito.

Ah, igual es que dependiendo de los créditos, aprendes a conducir naves espaciales. Así sí que lo entendería porque hay más materia:

- La semana que viene pregunto sobre el infinito.
- ¿Todo?
- Sí. Y no rechiste o le pongo un cero del tamaño de un agujero negro.
- Jo, nos tiene manía.

Así sí, pero vamos, conociendo el afán recaudatorio del Ministerio de Educación, me juego el tupé a que han separado las dos carreras, la de piloto de aviones y el de naves. Y lo de piso piloto debe ser un máster o curso de postgrado, como si lo viera.

- ¿Señor?
- Dígame, noble damisela. ¿Qué cuitas le circunvalan esa peinada testa?
- No quiero importunarlo, pero está usted hablando en voz alta.
- ¿Desde cuando?
- Desde justo debajo de la foto del chico ése con la mirada de locuelo.
- Vaya, me pasa mucho últimamente. No sólo hablo en voz alta sino que además, todo lo que digo queda escrito en un blog.
- Qué mala suerte, ¿no? Todos sus pensamientos al alcance de la humanidad.
- No se crea, apenas entra nadie. Sólo unos cuantos hippies que se imprimen los textos, los llenan de hierbas, hacen como un cilindro y se lo fuman.
- ¿Y vuelan?
- Menos recochineo, menos recochineo.

En ese momento noté que un dedo tocaba mi espalda. Dudé entre describir en voz alta qué tipo de sensaciones me propiciaba el tacto de aquel sarmentoso miembro para mantener la tensión y al mismo tiempo fardar ante los lectores del blog de mi capacidad descriptiva o cortar por lo sano, darme la vuelta de un saltito como si fuese el de rojo de Parchís y desvelar el misterio. Opté por lo segundo, ya que así hacía algo de deporte.

- Capitán, tú por aquí. ¿No te habías ido a Kenia?
- Me lo he pensado mejor. Me da miedo volar.
- ¿Y eso?
- Pues que a ver quién se mete en un aparato de esos pilotado por un tipo sin estudios que vete tú a saber si ha volado antes. Si al menos existiesen escuelas de pilotos o algo así, sería otra cosa.
- ¿Ve señorita, usted ve?
- Oiga, todo esto que yo estoy diciendo, ¿también sale en el blog?
- Nooo, noooo... - respondí temiendo que andase cerca de allí alguien de la SGAE y me pidiese dinero por usar sus palabras.
- Tranquilo, a Teddy Bautista no le dejamos entrar en el aeropuerto para que no nos sablee por decir los vuelos por megafonía. Y deje de pensar en alto.
- Es más, deja de pensar. Se hace tarde, tengo hambre y va a empezar el documental sobre las aventuras trepidantes del día a día de un peajista de autopista.
- ¿Aún estamos aquí? ¡Vamos para casa! ¿Se viene, moza?
- ¡Venga!

Y subidos los tres a un avión de papel, nos fuimos volando y despidiéndonos a la remanguillé del resto de viajeros, porque somos educados, porque hemos estudiado y porque lo cortés no quita lo valiente.

martes, 27 de octubre de 2009

Lucha de clases


Pese a sus más que evidentes diferencias de clase, la baguette y el pan de payés pronto hicieron buenas migas.

jueves, 22 de octubre de 2009

Memoria Histórica (vol.2)


Pensando en cómo sería anunciada en las cenas en sociedad, la entonces soltera Carmen Polo de Franco optó por Francisco en lugar de su otro pretendiente, Don Juan Fresa.


Anexo: Años después, los hijos de Pilar Mazo se alegraron al saber que el affaire que su madre tuvo con el General Mola no llegó a mayores.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Memoria Histórica


Contrariamente a lo que se nos intentó hacer creer durante 40 años, la Batalla del Ebro no comenzó porque los republicanos salpicaron a los nacionales.

domingo, 18 de octubre de 2009

Nosaltres els valencians

Estaba yo en mi despacho, mirando de soslayo por la ventana cómo la aurora esparcía su áureo manto por el valle sobre el que se asienta mi castillo/loft cuando recibí vía sms el encargo del Capitán Rumikel: necesito tu comentario de calidad sobre la situación política en Valencia. Y que me devuelvas el suéter de perlé que te llevaste, que parece que vuelve a refrescar.

Que uno tenga una mente preclara, una inteligencia rayana a lo paranormal y una cultura que haría palidecer a Zaplana no significa que deba ir por el mundo dando su opinión sobre esto o aquéllo con la misma libertad con la que bambolean los senos de una hippye montada en un toro de rodeo.

Mas no soy yo un cualquiera en esto del valencianismo, pues deberían ustedes saber que soy descendiente de una familia de rancio abolengo cuyos orígenes se remontan hasta más allá del año 1232, año en la que el Rey Jaime I y sus tropas de valientes entraron a caballo en el castellonense pueblo de Arles dando así inicio a lo que la historia patria llamó "La Reconquista" y que en los libros de historia de algunos países árabes se denomina "Una somanta de ostias que nos aún nos tiemblan las orejas".

Dentro de esas valerosas y aguerridas tropas tenía un lugar destacado mi antepasado Vicente de Vicentez. No eran la valentía y el arrojo sus principales virtudes, pues su labor consistía en, una vez pasaban los escuadrones destruyendo, aniquilando y quemando los asentamientos árabes, llegaba él junto al moribundo moro y le susurraba a la oreja "quien mal anda, mal acaba"minando aún más la moral de los pobres desdichados.

Cuenta la leyenda que cuando Jaime I llegó primero (de ahí su nombre) a la ciudad de Morella y en viendo que con el fragor de la batalla se habían cargado a todo bicho viviente que tuviera la piel más morena que Iniesta, dijo: "Huy, aquí vamos a tener que repoblar." Y que aún no había acabado la frase cuando mi antepasado llegó saltando por encima de los demás soldados a primera fila con la pilila a modo de estandarte y diciendo "Jaumet, ací estic jo, redeu!". Y así empezó lo que en los libros de historia patrios se denomina como "La repoblación" y que en los escritos hallados a las asociaciones feministas de la época se definía como "lo que aprovecharon los tíos salidos para plimparnos hasta por las orejas".

Era una tarea dura, pero alguien lo tenía que hacer. Y mi antepasado bien pronto fue ganándose fama de repoblador, en parte porque era el único que utilizaba anticonceptivos para ello, en parte porque cada vez que se encamaba con una moza se tomaba luego un tiempo para ir a contarlo a sus amigos y en parte porque como era corto de vista y en aquella época las señoras no tenían excesivo tiempo para dedicar a su ciudado personal, más de una vez hubo de ser reprendido por señores con bigote a los que el bravo militar estaba dando por el culo con su habitual ímpetu.

Fue sin duda un gran trabajo, no sólo por lo placentero del acto sino porque como cada vez que una de las damas daba a luz a él le tocaban 15 días de vacaciones, nueve meses después de comenzar la misión pudo jubilarse aunque él, profesional donde los hubiere, seguía de vez en cuando dándose una alegría con alguna de las lugareñas de las zonas reconquistadas.

Con esta ocupación no fue extraño que Vicente de Vicentez tuviera más hijos que José María Ruiz Mateos, desperdigados todos ellos por todo el Reyno de Valencia. No todos los descendientes, claro, de los Vicente tuvieron un papel tan importante como él en la historia de nuestra Comunidad (¡ni que fuéramos los Fabra!), pero sí que a lo largo de los tiempos algunos de ellos despuntaron, como el maese Sento de Vicent, que acompañó a Colón en su viaje a las Américas y del que se dice que importó los altramuces. O de su hijo Vicentet de Vicent, un luchador por los derechos humanos que en plena Inquisición propuso abolir la pena de muerte o que en su defecto, dejase de llamarse pena para no entristecer a los reos.

Mucho (más de 23 y de 24 años) tiempo después mi abuelo Vicente Vicentétegui (hizo la mili en Bilbao) fue determinante durante el intento de golpe de Estado de 1981 en los que salieron los tanques por las calles de Valencia. Él trabajaba de gorrilla y gracias a su pericia pudieron aparcarlos todos sin rayar ni uno, por lo que se dio un paso importantísimo para la paz.

Hace unos años, mi progenitor Vicente Vicente, camarero en el bar del Ayuntamiento de Valencia, se armó de valor para decirle a Rita Barberá que si al gin tonic le pones tónica sube menos pero que según algunos sabe mejor, con lo que la fábrica de Swcheppes pudo contratar a más de 4.500 personas para satisfacer la demanda.

Como ven, hablo con conocimiento de causa cuando digo que en todo esto del caso Gurtel hay algo que huele raro. O eso o que cuando he ido a pasear a Lisondo, mi perro, he pisado algo.

Pero si una cosa me ha enseñado la historia, Capitán, si algo en claro he sacado de la investigación de mis antepasados y de relacionarlo con los tejemanejes que se traen entre manos los mandatarios de los valencianos es esto: el suéter de perlé te lo devolveré cuando Albelda sea fallera mayor.

Senyor pirotècnic, pot començar la mascletà.

jueves, 1 de octubre de 2009

Sobredosis de letras


- Escribiendo tonterías no llegarás a ninguna parte. Y si no le pones gasolina al coche, tampoco.

La frase que me dijo mi madre antes de despedirse y lanzarse al vacío (es profesora de puenting), tan lapidaria como cargada de razón, me acompañó durante todo el viaje de vacaciones a mi mansión de Marbella hasta que me quedé tirado en la cuneta precisamente por no haberle hecho caso. Luego ella ya siguió, pues había quedado con un refrán y no quería quedar mal. Allá tú, frase, le dije, y levantando el capó me puse las manos en la cintura por la parte de la espalda y me quedé mirando el motor y moviendo la cabeza en forma de negación como si se hubiese roto la tapa del delco y yo supiese qué era el delco, dónde estaba la tapa del mismo, cómo se diferenciaba uno en plena forma de otro averiado y qué hacer llegado el momento de tratar de arreglarlo. En fin, tiempo hasta que llegase la grúa.

Mas lo que a mí me carcomía no era la factura del RACC, sino la primera parte de la oración materna. Y una polilla que se me había atrincherado en mis bermudas veraniegas y me estaba dejando con las vergüenzas al aire, más teniendo en cuenta que en época estival uno se vuelve rebelde y deja en casa los calzoncillos por eso de ser moderno y aprovechar para deshacerse de todo tipo de apreturas.

Lo vi claro: si quería llegar a ser alguien en esto del juntaletrismo, debía dejar de lado los chascarrillos y mi público aficionado a los efluvios del pegamento y convertirme en un escritor maldito, leído por gente con al menos 5 carreras, y que ninguna de las cuales fuese magisterio o publicidad, que no cuentan. Pero, ¿cómo se convierte uno en maldito? Y ¿cómo no se sobrepasa la fina línea que separa al escritor maldito del maldito escritor para que no le pase lo que a Lucía Etxebarría?

Cuando uno se pone a pensar sentando en un mojón de la carretera en agosto a las 3 de la tarde, corre el peligro de que los que pasan con el coche se quejen para sus adentros porque la administración gasta dinero público en esculturas conceptuales en vez de quitar los peajes y de que le pille una insolación. A mí lo primero plim, y lo segundo casi que también, puesto que si son ustedes seguidores de nuestras aventuras sabrán que nunca salgo de casa sin un sombrero tirolés. O sea que si quieren, este párrafo es prescindible, al más puro estilo cortazariano (para que luego digan que este blog no tiene nivel, maribel).

¿Qué distingue a un escritor maldito? Según los libros de literatura de COU de cuando yo estudiaba, tres cosas: una vida disoluta y bohemia, una tormentosa vida interior y una adicción a sustancias prohibidas que le abren determinadas puertas de la percepción pero que al mismo tiempo minan su frágil salud y le hacen apartarse aún más de la sociedad, con lo cual son más bohemios y su vida interior es más oscura, si cabe.

Lo de la vida disoluta y bohemia me daba cierto repelús, ya que cuando uno tiene una edad ir por la calle tocando la flauta con un perro flaco, durmiendo al raso y acostándose con señoritas con el pelo más graso que Leire Pajín me daba nosequé.

¿Puedo tener una tormentosa vida interior? Depende de lo que haya cenado ese día, pero de normal, las 5 horas al día que estoy despierto suelo dedicarlas al baile de salón (con especial predilección por el foxtrot) y a mirar series de dibujos animados, por lo que veo difícil que mi ego y mi superego se líen a mamporros con los traumas de mi infancia y mis ansias de reconocimiento y bla bla bla, sólo de pensar en pensar, ya me entra una pereza que...zzzzzzz.

No había otra, debía tirarme a algún tipo de adicción. ¿Drogas? Ni pensarlo, una vez intenté hacerme un porro y con mi habilidad para los trabajos manuales me provoqué tres esguinces en los dedos al tratar de liarlo. Y anduve 4 años con el papel pegado a la lengua por miedo a morir despellejado al arrancarlo. Y de jeringuillas ni hablar, ¡anda que no cuestan de fumar!

Con el alcohol tampoco podía coquetear. Tengo una especial facilidad para llorar como un bustamante cuando tomo dos anissetes de más y no creo que verme como un imbécil a moco tendido en el Café Gijón me dejara mucho más alto en el escalafón literario que Juan Manuel de Prada, que por cierto, también usa el mismo champú que Pajín. Suponiendo (que es mucho suponer) que usen.

¿Una adicción al sexo? Estaría bien, pero mi cara iba a costarme más dinero del que podría ganar incluso amañando más aún el Premio Planeta.

Sólo me quedaba una salida: explotar literariamente mi adicción a los altramuces.

Me dejé ver por presentaciones de libros con mi bote amarillo, comiendo compulsivamente y haciéndome notar cuando escupía las pieles entre los corrillos literarios.

Escribí un libro "Suenan ya los altramuces" acerca de un altramuzadicto cuya obsesión le hace cometer varios asesinatos guiado por la voz de un altramuz que se le aparece en la oscuridad. En algunas de mis entrevistas declaraba abiertamente mi problema e incluso aparecí en un programa de televisión literario (antes los había, lo juro) completamente ahíto de altramuces. Uno de los mensajes a 7745 que mandaba el público aficionado a las letras decía "Xo est k a tomao? jeminwei te quiero".

"La obra de este altramuzadicto- decía una crítica de mi libro- deja ver un tenebroso mundo interior de un artista movido por los hilos de su adicción. El escritor, que ha empeñado todos sus bienes materiales comprando una fábrica de altramuces, nos deja entrar en su subconsciente en el que luchan a brazo partido el niño que fue y que no imaginaba el lúgubre destino que le esperaba con el drogadicto reconocido, que necesita del dorado manjar para crear sus novelas. Es, sin duda, una cruel paradoja, de la que salimos beneficiados los lectores. Aunque eso le cueste la vida a este escritor maldito."

Lo estaba consiguiendo. Gracias a un libro de poemas, "El lado oscuro del altramuz" gané varios concursos de poesía muy bien remunerados, como todo el mundo sabe ya que la poesía vende, y mucho. Me casé con una hermosa zagala 32 años más joven que yo, aun a pesar de la oposición de su familia, que deseaba que antes de pasar por el altar, tomara la primera comunión y acabara el EGB.

Y debido a mi "problema" y a lo mal visto que estaba el altramucismo en la sociedad (varios cadáveres habían aparecido en los descampados víctimas de una sobredosis), tardé poco en verme vetado en los medios de comunicación. Y claro, las editoriales se negaron a publicar mis libros, que se vendían a urtadillas como rosquillas en las panaderías, aunque eso supusiera imprimir sobre ellas. Sobre las rosquillas, no sobre las panaderías.

Parecía que mi objetivo estaba cumplido, pero no. No era consciente del giro radical que el destino tenía preparado para mí. Estaba muy cerca de probar la parte más amarga del altramuz. Y créanme, un limón verde es mucho más dulce que lo mis papilas gustativas tuvieron que soportar. Maldito...

Continuará...