martes, 24 de febrero de 2009

Espías como nosotros

Cuando comenzamos este proyecto conjunto, allá por los felices años 70, nos pusimos tres normas básicas que debíamos cumplir siempre que fuese posible, a saber: 
- No utilizar palabras soeces, pues aquí entran muchos niños y mayores con severos retrasos en su formación (mejorando lo presente).
- No desvelar secretos que puedan poner en peligro la estabilidad del país.
- Escribir siempre los artículos ataviados con unos manguitos negros y un sombrerito de ala corta en el que destaque una tarjeta con la inscripción "Press".

Y voy a aprovechar esta entrada para cargarme, de un plumazo, los tres preceptos básicos. 

Quiero que sepan que mientras redacto estas letras adorna mi testa un frutero tamaño standard y por único ropaje llevo unas estrellitas negras en los pezones de los que cuelgan dos borlas como las que mi abuela tiene en las cortinas y un tanga de lentejuelas que, aunque está mal que yo lo diga, me queda muchísimo mejor que a Norma Duval. No es un atavío muy práctico para escribir, pero cuando he ido a por el pan he causado sensación. 

Y ahora no se me distraigan, que lo que voy a contar es importante: 

Venía yo de cazar mariposas con unos amigos ministros y jueces cuando de pronto, al llegar a casa vi que en la puerta había clavado un puñal y en la punta, la siguiente inscripción:

"La lideresa ordena que te presentes ante ella lo más rápido posible. Intenta ponerte algo elegante. Aunque nos conformamos con que esta vez te pongas algo. 

P.D. Nota mental: comprar post-its."

Dicho y hecho, una línea más tarde de la post data, ya estaba ante la imperial presencia de ELLA, la mujer más importante de España, con permiso de Elsa Pataky, a la que aprovecho para saludar. Hola Elsa. 

- ¿Da su permiso?
- Sí, Vicente, pasa hijo. Tengo una misión importantísima para ti. 
- ¿Una misión de verdad o una de broma como la otra vez que me mandó a investigar a los líderes del PSOE en Valencia?
- No, una de verdad. Esta vez quiero que investigues a gente que sí que existe. Quiero saberlo todo del jefe de mi oposición. Con pelos y señales. Cuándo sale, cuándo entra, con quién habla, con quién duerme. Todo.
- Soy tu hombre.
- Más quisieras. Fuera de mi vista. 

Así que me puse manos a la obra. Lo primero que hice fue instalar micrófonos en su casa. Como de material voy escaso, en vez de micros instalé varios danones unidos con hilo de lana y un sing star. Pero no descubrí nada. Utilizando el clásico método de un periódico con dos agujeritos me aposté en un banco frente a su casa y vigilé todos sus movimientos. Todo lo que conseguí fue leer las noticias partidas y no enterarme de cómo había quedado el Barça. 

Así que opté por seguirle. Fui con él a misa, a la ópera, a la lavandería, a 15 manifestaciones contra el gobierno y cuando ya estaba cansado de esta maldita misión, por fin di en el blanco. Es lo que tiene jugar a dardos mientras trabajo.  

Nada, el maldito gafotas no parecía darme lo que yo quería. Hasta que cayó la noche. Estaba yo en mi coche apurando el último pitillo cuando un señor vestido de negro y con pasamontañas salió de su casa. Arranqué el coche y anduve tras él chano chano, manteniéndome a una distancia prudencial para no ser descubierto. Bien porque me excedí en mi concepción de la palabra "prudencial", bien porque uno es hombre de costumbres y a ciertas horas le entra lo que los castizos llaman "el sueñecito" y los más realistas lo definen como "quedarse frito como una marmota", la cuestión es que le perdí. La experiencia en estos casos es un grado, y ella me decía que una vez perdido, ya es tontería no seguir sobando, así que apoyé mi testa en el volante y me puse a soñar con botellas de Beefeater desnudas.

La del alba sería cuando me despertó una palmada a mano abierta en mi nuca. Ya estaba dispuesto a responder a tamaña agresión lanzándole una de mis legañas tamaño Torrebruno al osado sujeto cuando me sorprendió verle a él. 

- Llevas días siguiendome. ¿No crees que ya está bien?
- Eres bueno muchacho, eres bueno. Dime. ¿cómo me has descubierto?
- Digamos que tus traje de camuflaje hecho a base de ramas y hojas puede ir muy bien en la selva. Pero en la Gran Vía canta un poco. Aunque sean ramas de madroño.
- Touché, amigo. 
- ¿Me vas a decir quién te manda? ¿Es ella?
- ¿De quién me hablas? ¿Ella?
- La caraliebre. Confiesa. 
- No hablaré si no es en presencia de mi abogado.
- Escucha bien. Todo esto forma parte de un plan urdido por ella. Y tiene un fin.
- ¿Eliminarte?
- Peor. Depilarme las cejas al cero. 
- ¿Qué me dices?
- No me hagas repetírtelo. Lee dos líneas más arriba. 
- Pone qué me dices.
- Ché qué tío más burro. Quiere tenerme controlado para saber en qué momentos del día bajo la guardia. Y en ese momento, uno de sus esbirros corruptos se abalanzará sobre mí y... ¡zas! ¡Adiós cejas!
- Y tú sin cejas eres como...
- No sería nada. Caería hacia atrás y moriría desnucado. Y entonces ella tendría el camino libre para dominar el mundo. Y tú le estás haciendo el trabajo sucio. 
- No, no, es que he comido en el coche, y con el traqueteo... 
- En fin, me voy. No quiero volverte a ver por aquí o diré a mis hombres que ataquen donde más te duele. Sabes perfectamente que puedo volver a poner a Juan Bautista Soler al frente del Valencia.
- ¡¡Ostiaputa!!*
- Pues hale, lárgate. Y si me pasa algo, ya sabes, nos vemos en segunda división.

Y se alejó, dejándome a mí con la cruenta sensación del que ha estado, sin saberlo, trabajando para un fin indigno que podría sumir al país en la más terrible oscuridad. Y lo que es peor, al Valencia. 

Por eso he decidido contar mi historia. Y quién mejor que ustedes, mis fieles lectores, para compartirla. Posiblemente si han leído hasta aquí pensarán que todo esto es una pérdida de tiempo y que estarían mejor en otro blog.

Pero piensen que si se van ahora, quizás se pierdan lo mejor. Sólo les quedan unas pocas líneas y abandonar ahora la lectura puede significar no ver ese giro copernicano, ese doble mortal final que daría sentido a toda esta historia. 

Quizás esté en la próxima línea.

Pues no, en esta no está. Y por lo que parece, tampoco está en las que siguen.

Definitivamente, no está. Así que si eso, ya pueden ir a otro blog o ponernos a caldo en los comentarios. 

¡¡Ah, calla!! Ahí abajo hay un asterisco. ¿Y si estuviese allí el sentido de todo esto?














* Yo sólo soy un asterisco, no me pidan a mí que haga lo que no ha hecho este tío en todo el relato. Mi función aquí está en señalar que, como bien ponía al principio, aquí hay una palabra soez. Con lo cual, objetivo cumplido. 


martes, 17 de febrero de 2009

Desenmascarando la historia: hoy, la verdadera historia de Moisés.



Lo peor de vagar años y años por el desierto sin saber demasiado bien el rumbo no era el sol abrasador, ni el frío de la noche ni el hambre ni la sed. Lo peor de ser el guía del pueblo hebreo hacia la tierra prometida era tener que escuchar sin descanso: “¿falta mucho? ¿y ahora? ¿más de lo que llevamos o menos? Cuando puedas para, que quiero devolver…”.

Moisés, al que muchos confundían con Charlton Heston, había escapado de la tiranía del faraón egipcio Ramsés II y V de Alemania, que la emprendió con los hebreos porque a uno se le ocurrió decir que a sus dibujos les faltaba perspectiva. Para ayudarles, Yahvé (llamado así por la invención del monóculo) mandó a los egipcios las 10 plagas. La primera fue David Meca. Con esa tuvieron más que suficiente y dejaron partir a los esclavos. De hecho, se han encontrado escrituras que narran que el episodio de la abertura del Mar Rojo no sucedió para escapar de los egipcios, sino del nadador catalán que no paraba de pedirles que le cronometraran cuánto tardaba en cruzarlo.

Pero lo que a simple vista prometía ser un plácido viaje a pie durante años por el desierto con un montón de hebreos se convirtió en un terrible viaje a pie durante años por el desierto con un montón de hebreos.

Para aplacar los ánimos de los más exaltados, Moisés se vió obligado a pedir a Dios varios milagros, como hacer llover maná, que brotara agua de las piedras o que les contara qué pasaba en la sexta temporada de Perdidos. Pero al final la gente se cansa y quieras que no, desconfía.

- Oye Moisés – dijo uno - yo no es por ser tiquismiquis, pero ¿me podrías volver a explicar a santo de qué eres tú el enviado de Dios?
- Ya te lo he dicho, me lo dijo él hace años cuando se transformó en una zarza ardiendo.
- Ah bueno, si es así, me callo. Pensaba que era por una tontería.

Y siguieron andando unos mesecitos más.

Hasta que llegaron a las faldas del monte Sinaí. Entonces Moisés, subido a una piedra, se dirigió a su pueblo con unas palabras que pasaron a la historia:

- ¡Voy un momento al monte a plantar un pino y ahora vuelvo! ¡No os vayáis, que no tenemos GPS!

Y así fue como el profeta subió a lo alto de la montaña, donde le esperaba Dios en forma, esta vez, de botijo de diseño.

- Hola Moisés, soy Dios. ¿Has traído boli?
- Pues no, de hecho yo venía a soltar un cagarr…
- Memoriza, voy a darte los 50 mandamientos de la ley de Dios. Si los cumplís, tendréis la tierra prometida. Si no, a Murcia. El primero: los curas no llevarán sotana. Dos, Raúl no irá a la selección. Tres, santificarás las fiestas. Cuatro, no matarás. Cinco, por el culo…
- ¡¡Un segundo, un segundo!! Yo tengo menos memoria que un pendrive de propaganda. ¿No me las podrías apuntar?
- Coño Moi, que si no tienes boli te las tengo que picar en piedra. Y uno es Dios, pero se cansa.
- Ponme aunque sea ponme diez y si eso ya otro día…
- Jopéeeeeeeee, ya sabía yo que tenía que haber escogido a otro. En fin, allá voy.

Y así fue como Moisés, con las tablas de la Ley bajo el brazo bajó a dar a su pueblo la buena nueva. Sin embargo, lo que encontró en la ladera no fue lo que esperaba. Los hebreos habían construido un becerro de oro al que adoraban mientras bebían vino, cantaban Egipto tierra querida y se cortaban los tirabuzones.

Al verlo, Moisés montó en cólera y lanzó las tablas al suelo, rompiéndolas en pedazos. En ese momento, de lo alto del monte una voz abotijada gritó:

- Perotúerestontouqueeeeeeeeeeeeeeé!!!

Moisés y su pueblo habían desobedecido la primera de las leyes escritas en las tablas, que decía: “no romperás estas tablas que me han costado un montón de hacer”, motivo por el cual el pueblo hebreo fue castigado a vagar por el desierto hasta que muriera su profeta. Con tan mala suerte que Moisés duró 120 años, para desesperación de las nuevas generaciones y de los caseros de la cueva de renta antigua donde vivió.

Y eso fue más o menos lo que pasó. Lo que no está tan claro es qué demonios hizo el pueblo palestino para que como castigo, les tocara vivir y morir a su lado.

Pazlestina ya, coño.

miércoles, 11 de febrero de 2009

¡Te parecerá bonito!

Desde luego, hay gente a la que les das la mano y se toman el brazo. Caníbales, creo que se llaman. O banqueros, que para el caso viene a ser lo mismo.

Ah, por cierto, por si no se han dado cuenta, hemos vuelto. Ustedes no lo saben, pero nos habíamos ido a la francesa o como dicen ellos, a la remanguillé. Pero nos sabía mal dejarles a ustedes ahí sin nada que leer y sin fotos que mirar y hemos pensado que bastante mal lo deben ya estar pasando ustedes con todo eso que dicen en las noticias y tal como para que ahora, además, nos vayamos sin decir nada.

Y para eso hemos vuelto, para decirles que vayan haciéndose a la idea, algún día nos iremos. Somos mayores, hemos vivido mucho y los excesos de juventud (imagínense, yo una vez me bebí media botella de anisete en menos de una semana) pasan factura. Y los bancos recibos, maldita sea.

Parece que fue ayer cuando el capitán me llamó y me dijo: mañana es 11 de febrero, a ver si publicas algo que la gente se pensará que hemos muerto. Y ahí fue cuando me di cuenta de que un día faltaremos. Morirnos no, no sean ustedes agoreros, pero faltar, faltaremos. Y ¿qué será de nuestros fans? ¿Y de nuestras fanes? ¿Qué harán? ¿Se tirarán a la bebida? ¿A las drogas? ¿A la religión? ¿Se tirarán a nuestras fanes? ¿Eh? ¿Cómo que si se dejan....?

¡¡¡Ahí queríamos nosotros llegar!!!

O sea, que todo este tiempo comentando nuestras historias sólo tenían un fin: encamarse con las mozalbetas que a nuestra vera crecen, ¿eh pillastres? Les hemos pillado. Les parecerá bonito.

Sí, todo esto ha sido un ardid de los nuestros para cogerles con las manos en la masa, babeantes ante el lujurioso panorama que se abría (con perdón) ante nuestra ausencia. Unos cardan la lana y otros tejen la lana. Al buen callar le llaman Sancho. Cuando el grajo vuela bajo... ¡¡basta!! No me entretengan con sandeces, no desvíen el tema, libertinos.

Espero que ahora, desenmascarados como están, dejen ustedes en paz a las tiernas y sensibles doncellas que acuden a este blog en busca de alegrías visuales y paz literaria. No digo yo que no vengan, pero hombres de dios, vengan a lo que se ha de venir, rediela. Ya sé que están en la edad, que no es fácil resistir la tentación y que ellas leen muy escotadas. Pero es que para eso que quieren hacer ustedes, hay otras páginas.

Y nosotros tenemos un montón de links. Si quieren, hablamos de precios...

martes, 20 de enero de 2009

En la cama con los Obama


- ¿Y qué tal se te presenta el día mañana, vida?

- Bien, bien, tengo que salvar al mundo de la ruina económica, devolver la esperanza a millones de personas, restablecer los derechos de los más necesitados, paralizar las torturas en Guantánamo, limar asperezas con todos los países a los que hemos machacado y tratar de detener el genocidio palestino sin que los que financian a Israel se enfaden.

- ¿Y cómo piensas hacerlo?

- Me levantaré un poco antes...


viernes, 16 de enero de 2009

Buscando a las musas


Definitivamente, se han ido con otro. Me han dejado más tirado que a... más tirado que... eh... maldición, no se me ocurre nada.

Esta mañana he visto una nota en la nevera: "No te aguantamos más, nos vamos. Fdo: tus musas. P.D. Nos llevamos una bolsa de gitanitos para desayunar."

¿Qué haré yo ahora? ¿Cómo me ganaré el pan? Y lo que es peor, ¿y lo de dentro del pan? No puedo volver a mi antiguo trabajo de modelo de ropa interior en los programas de José Luis Moreno porque he descuidado mi cuerpo confiando en que viviría para siempre de mi inspiración literaria. Y ahora que estoy gordo como una foca obesa me dejan en la estacada.

Sin ellas no soy nada, no se me ocurrirá nada sobre lo que escribir. Adiós a mi simpar gracejo, adiós a mis comparaciones increíbles, adiós a mi hilarante prosa. O lo que es lo mismo: adiós a la admiración de mis fans, adiós a las insinuaciones picantonas de señoras operadas, adiós a las fiestas con bombones Ferrero Rocher, adiós a las partidas de paddle en las azoteas de los rascacielos. ¿Y ahora qué diantres hago yo con los polos con la banderita de España en el cuello?

No sé qué haré, porque no se me ocurre nada. Sin ellas no sé ni cómo acabar una frase limones kalashikov durante.

Así pues, aprovecho la ocasión que se me brinda para ofrecer trabajo:

Se buscan musas para trabajo a media jornada. Requisitos: no saber qué es la FAES, saber quién es Arévalo, disponibilidad inmediata, don de gentes, más don de gentuzas y capacidad de reírse de gracias tipo: estira del dedo y verás qué risa. Si tiene cervezas en el bolso, punto extra.

Se ofrece trabajo en contacto con artistas o en su defecto, gente con camisetas con mensaje, posibilidades de ascenso a tomar el sol en la terracita y una remuneración variable, dependiendo de cuánto tenga suelto.

Abstenerse Soraya Sáez de Santamaría.

Razón: pues eso, que las que había antes se han ido, ¿es que no han leído nada?


Y ahora, a sentarse y esperar...





viernes, 9 de enero de 2009

¡¡¡Larga vida al rocanrol!!

Uno tiene que medir muy bien las palabras que utiliza. Y no lo digo porque esté mal visto que en tiempos de carencia haya gente que escribe cosas como circunspecto, anaeróbico y transoceánico sin pensar que las letras se acaban por el cambio climático y tal. Lo digo porque a veces dices cosas como "larga vida al rocanrol" y va Miguel Ríos y decide que es una señal para que no se retire. Como si rocanrol y  Miguel Ríos (Mike Rivers en sus tiempos mozos, nunca lo olviden) tuviesen algo que ver. Y ya que han sacado el tema, ¿por qué canta con la "s" si habla normal? ¿Se cree muy moderno? ¿Nadie le puede decir que se calle? ¿No es muy triste que el gran éxito del máximo referente del rock español sea el himno de la alegría? En fin, en el castigo lleva la penitencia, es amigo de Ana Belén y seguro que se ha tenido que tragar todas sus pelis.

Viene a cuento esta introducción porque lo que quiero contar de verdad se acaba enseguida y si el post es muy corto la gente se me queja. Ah, pero si es largo, ¡ay si es largo! Los lectores se cansan, dejan un post-it en la pantalla como punto de libro y si eso ya otro día seguimos. Y nadie hace comentarios. Si me ven un día por la calle, mándenme un sms y recuérdenme que hablemos un día de cuál es el tamaño adecuado de los post para que ustedes no se me cansen ni se queden con ganas de más. Y ahora, si no les importa, voy a seguir con la historia. Y si quieren volver a interrumpir, levantan la mano.

Allá voy.

Quiso el destino que durante los años 60 yo viviese en Chicago. Jugaba como quarterback en los Cubs y debo reconocer que me costó mucho adaptarme al equipo. Quizás fuese el idioma, quizás el cambio de temperatura, tal vez me cambió el metabolismo o incluso puede que tuvieran razón los críticos deportivos cuando decían que los Cubs eran un equipo de béisbol y los quarterbacks eran jugadores de fútbol americano. No sé, la cuestión es que pasé unos años maravillosos.

De día entrenábamos como jabatos, pero de noche, ah, de noche... nos poníamos el batín y las pantunflas, veíamos la tele y nos íbamos a dormir... Qué tiempos, qué tiempos. Eso sí, a veces salíamos a un jazz club. 

Ahí fue donde conocí a Jaremiah McClorck Peris y él fue quien me abrió los ojos.

- ¡¡Ostris, qué legañas!!
- ¡¡Quítemelas, quitemelas, que no veo nada!!
- ¡¡Spluff! (sonido de escupitajo en mi cara, pero en inglés)
- Uf, gracias

Y al abrirlos, sentí la llamada del rock.

- ¡Usted, eh usted!
- ¿Es a mí?
- No, no, al de detrás.

Al girarme vi a un joven con tupé, patillas y cazadora de cuero con una inscripción: Elvis, the king. 

- ¡Coño, el cantante de los Rebeldes! ¿Me firmas un autógrafo?

Pero el sujeto en cuestión pasó de mí, subió al escenario, se enfundó su guitarra y comenzó a moverse al compás de la música a un ritmo tan frenético que yo pensaba que le había dado algo.

Y efectivamente, entre convulsiones y sacando espuma por la boca murió allí mismo 3 minutos después mientras los demás seguíamos bailando, borrachos como cubas, lo mismo nos daba que hubiera música o que no.

Eso es, más o menos, lo más cerca que he estado yo del nacimiento del rock and roll. Luego volví a España, escuché al Dúo Dinámico y entendí muchas cosas. Sobre todo de las letras, que al estar en castellano, pues quieras que no se te quedan mucho mejor que las de Buddy Holly. 

Quince, años, tiene miamooooooorrrr....
 




miércoles, 17 de diciembre de 2008

GRANDES INVENTOS DE LA HUMANIDAD: LA CROQUETA.


Dedicado a todos los que dicen cloqueta. O cocleta. O rizando el rizo, clocleta.


A pesar del pertinaz pánico que me dan las medusas de biblioteca, decidí zambullirme en la historia y bucear entre los voluminosos y antiquísimos libros que pueblan mi librería estilo Luis XVI para descubrir el verdadero origen de la croqueta, ese pequeño objeto de deseo que ocupa, admitámoslo, un privilegiado lugar en nuestros corazones.

Dejadme que proceda a contaros qué descubrí, pues tiene su miga.

Y empezaré diciendo que todo comenzó gracias al afán de James Croquet, un inventor del siglo XVIII que nació en Segovia en 1578 pero que vivió gran parte de su vida en un pueblecito de los alrededores de París, donde llegó dando una vuelta y se quedó por miedo a volver de noche.

El objetivo de James Croquet siempre fue dar con el invento que le lanzara a la posteridad, y en ello trabajó noche y día, sin descanso, desoyendo los consejos de sus amistades y familiares, que llegaron a pensar que James había enloquecido cuando lo escucharon tararear canciones de Astrud, a quienes dios tenga pronto en su gloria.

Pero un buen día Mr. Croquet salió de su habitación con una fiambrera en las manos y una sonrisa de oreja a oreja que evidenciaba que su trabajo había dado sus frutos. Raudo y veloz montó en su bicicleta y pedaleó como nunca lo había hecho para ir a la oficina de registros y patentes. En vista de que no avanzaba, pedaleó como siempre lo había hecho y bien fuera por las leyes de la dinámica, bien fuera por las de la tradición, llegó mucho antes a su destino.

Con los ojos llorosos por la grandeza del momento, le dijo al encargado:

- Sebastián, lo he conseguido. He inventado la croqueta.
- ¡No jodas! ¿A ver, a ver?

Y James abrió la fiambrera para mostrar al mundo su proeza y, de paso, para que el tal Sebastián certificara su paso a los anales de la historia.

- Ejem, Señor Croquet, con todos mis respetos, esto no puedo patentarlo como la croqueta. Me temo que lo que tiene en la fiambrera ya ha sido inventado antes.
- ¡Pardiez! ¡Mal parto me raya, o como se diga!- contestó iracundo el inventor frustrado - ¿Y cómo se llama el invento, si puede saberse?
- Bocadillo de calamares. Fue inventado en Madrid, y está compuesto por pan, un poco de aceite, calamares a la romana y, para los paladares más exquisitos, mayonesa.
- En efecto, la fórmula es la misma, diantres. Márchome para casa, ya que un simple obstáculo no bastará para vencer mis ansias de fama.

Y tras soltar esta frase tan pedante, emprendió el trayecto de vuelta al hogar, haciendo un alto en el camino para zamparse el bocadillo de calamares, ya que el hecho de que estuviese inventado no era óbice ni cortapisa para que no pudiera ser deglutido como mandan los cánones.

Cumpliendo su propio vaticinio, no sucumbió al desánimo nuestro hombre. Volvió al cabo de un tiempo a la oficina con el prototipo de la nueva croqueta, pero otra vez se le habían adelantado. Fue el segundo en inventar el gazpacho.

Y lo mismo le sucedió con la natilla de chocolate, el higo chumbo, la broca del 15, el gim for 8, el punto de libro con frases de Tagore, la mortadela con trocitos de oliva, la gominola en forma de botella de coca cola, el azulejo con la inscripción dios bendiga cada rincón de esta casa y la melodía de Aserejé para el móvil, que además de copiada, era estúpida porque la invención de las Ketchup no llegaría hasta muchos años después.

Desgraciadamente, apuntillo con musicalidad.

Llegados a este punto, no peco de soez si digo que nuestro común amigo estaba, como se dice en los círculos más modernos, hasta los mismísimos cataplines. Así que decidió darse una última oportunidad. Inventaría una última cosa, y si estaba ya inventada, se dedicaría a la escritura de libros de Ana Rosa Quintana, ocupación en la que no importa si copias, como todos ustedes, excelsos lectores, saben perfectamente.

Ni corto ni perezoso se volvió a recluir en su habitación y entre ollas, sartenes e ingredientes varios se puso a cocinar lo que sería, de una vez por todas, la croqueta. Tres días después, tenía algo. Pero esta vez quiso asegurarse de que no la cagaba, ya que había notado en Sebastián cierto recochineo en sus últimas visitas.

Por tanto, llamó a su mujer y le enseñó su postrera versión de la croqueta.

- James, querido, te quiero mucho, pero déjame que te haga una pregunta.
- Di, querida mía.
- ¿Tú eres tonto?
- ¿Por?
- Pues zopenco, esto que has inventado se llama puchero. O cocido, según ubicación geográfica. Eres menos original que Ana Rosa Quintana- contestó su mujer, poco delicada y poco enterada de que yo había utilizado ya a la presentadora para hacer un chiste unas cuantas líneas antes, con lo cual, la poca gracia que tenía se fue por el desagüe.
- ¿Y ahora qué hago yo con esto?
- ¿A mí qué me cuentas? – contestó jocosa- Si te parece, ja, ja, lo que sobra lo aplastas todo, haces pelotitas, las recubres de pan rallado, las fríes en aceite y te las comes…
Y venga, va, bájate a cenar, que empieza el fútbol.




(Este espacio en blanco denota momentos de tensión creativa…)





- ¡Ah carambos! (James Croquet hubiese dicho eureka, pero le daba la sensación de que ya alguien lo había dicho antes)


Y así, de esta forma tan imbécil, se inventó la croqueta, como quien no quiere la cosa. Y aquí estoy yo, un humilde escriba, rebuscando entre legajos aceitosos para perpetuar el nombre de James Croquet, a quien también se le conoce por su última frase antes de morir apalizado por su mujer cuando lo encontró en brazos del equipo femenino sueco de voleibol:

- Tiran más dos croquetas, que dos carretas.

Bon profit.

domingo, 14 de diciembre de 2008

A vueltas con el capitán



La vida de un hombre de acción como yo está repleta de cambios. Y no me refiero a mi sana costumbre de renovar mi ropa interior cada mes, sino a cambios más profundos y radicales que hacen que la vida no se convierta en un rutinario ir y venir de aconteceres diarios.

Así, cuando era pequeño, decidí cambiar de padres y usando el viejo truco de asirme de la mano de una señora despistada a la salida del colegio, pasé de ser el tercero de once hermanos hijos de una cupletista y un embalsamador de mandriles a ser el hijo único de una pareja de arquitectos celebérrimos. No fue éste el único cambio radical en mi vida, ya que también durante mi juventud decidí darle una bofetada al destino y dejar una exitosa carrera como cuarto trombón reserva de la Orquesta Sinfónica Schewppes para dar el salto a una de las pasiones que me ha acompañado durante toda mi existencia: los coches de lujo. Por eso me hice peajista en la autopista A7, en la salida de Oropesa del Mar, junto a Marina d'Or (Ciudad de vacaciones).

Pero tampoco me llenó, así que un día, ni corto ni perezoso salté sobre un Austin Martin que pasaba por allí, le di dos sopapos de padre y muy señor mío al conductor y me convertí en agente secreto del más alto rango.

Más o menos, lo que pasó desde entonces hasta hoy ustedes lo han ido sabiendo gracias a esta bitácora que comparto con ilusión y ciertos retrasos con mi fiel amigo el Capitán Rumikel.

Ya sabía yo que antes o después tenía que volver a oír la llamada de la selva que me animaba a volver a cambiar de aires. Fue hace un mes. Estaba yo descansando en mi sofá de escay mirando las noticias de Lorenzo Milá y preguntándome qué habrían hecho los padres de estos chicos para tener dos hijos así cuando un brusco ruido de puerta rompiéndose me sobresaltó un poco. Instantes después, en mi salón se presentaron dos señores bien parecidos a armarios roperos ataviados con traje negro, gafas de sol y metralletas. No sé por qué he dicho las metralletas al final, puesto que fue en lo primero que me fijé y señores con las dos primeras cosas se ven bastante mas. Pero ya está escrito. Ojalá alguien invente algún día una herramienta para volver atrás y poder borrar o modificar lo escrito en el ordenador. ¿Imaginan? Nota mental: inventar una herramienta así en cuanto mis quehaceres me lo permitan.

Seguí impasible en el sofá porque estaban poniendo una noticia acerca de la muerte por envenenamiento de Lucía Etxeberría, sucedida al intentar leer sin vomitar un borrador de su próxima novela. Sin embargo, la ráfaga de disparos que los dos angelitos descerrajaron sobre mi televisor con pantalla de plasma me sugirió que quizás era el momento de prestarles un poco más de atención y dejar de hacerme el chulito.

Así que levanté la cabeza y cuando se disipó la humareda pude ver aparecer, entre las dos moles, a otra de la misma anchura pero un metro más bajo. No llevaba traje negro, sino rojo con blusa blanca. Y sobre la cabeza, un cardado con tanta laca que hubiese llevado a la oligofrenia a cualquier defensor de la capa de ozono. Una voz más cascada que la de un catador de cazalla rompió el hielo:
- Hola.
- Osti, si és la molt ilustrísima alcaldesa. Com estàs, geperudeta?
- Senyor pirotècnic, pot escomençar la mascletà.
- Com? A què ve aixó ara?
- Amunt València!Vixca la mare de Deu!
- ¿Y si lo intentamos en castellano?
- Mejor, en este idioma mis posibilidades son mayores.
- ¿Quieres tomar algo? ¿Lo de siempre, un gintonic tamaño Miquelet sin hielo y sin tónica?
- Venga.
- Y dime, vieja amiga, ¿qué te trae por aquí? Porque imagino que para ver la tele no has venido.
- Tú.
- Me lo imaginaba. ¿Otro gintonic?
- Que sean 6 más. Y escucha, porque sólo lo diré una vez. ¿Te dice algo el nombre de James Bond?
- Mmmmmmmmm, quizás un billete me ayude a refrescar la memoria.
- Era una pregunta retórica, ceporro. Como sabes, James Bond está al servicio de Su Majestad la Reina de Inglaterra. Pues bien, yo también quiero tener un servicio secreto propio, para algo soy la reina del Regne de València. Y ahí es donde entras tú, quiero que seas mi agente secreto, que desempeñes para mí las más arriesgadas misiones. Y que seduzcas a las más bellas mujeres, las amordaces y las metas en mi habitaci... eh, quiero que desempeñes misiones, dejémoslo ahí. Te pagaré, ya sabes que los valencianos otra cosa no, pero diners, ¡¡¡ne tenim a cabasaes, cheee!!!
- Tentador, sí señor, tentador. Tal vez mi vida necesite un cambio. Pero eso sí, yo no trabajo solo. Tengo un ayudante sin el cual no voy a ninguna parte salvo a los sitios a los que voy solo.
- No hay problema, ya te he dicho que los ciudadanos pagan lo que sea.
- Es que hay un problema.
- ¿Es gay? No pasa res, mientras no lo diga, no intenta adoptar ni abortar y vaya a misa, aquí se respeta la libertad de cada uno.
- No, es catalán.

Al oír la palabra, los dos guardaespaldas comenzaron de nuevo a disparar, esta vez a diestro y siniestro, llevándose por delante mis pinturas rupestres de un amigo del pueblo y mi colección de vinilos con toda la discografía de Parchís y el incunable de Jesulín de Ubrique. Finalizada la descarga, descubrí que de nuevo me había quedado solo en mi loft y que en la huída habían decidido dejar vacío mi mueble bar, que es más lo segundo que lo primero. Eso sí, tenía más agujeros en las paredes que los virus que viven en los quesos de gruyere (madre mía, la de neuronas que he perdido para encontrar esta analogía, suponiendo que esto sea una analogía).

Salí al balcón para intentar localizar a la Muy Ilustrísima, pero no había ni rastro. Desde entonces he estado esperando una llamada, pero nada. Incluso he visto cada día las noticias de Canal 9 para intentar descubrir en ellas un mensaje oculto, una señal, algo. Pero nones. Eso sí, me sé de memoria la alineación del Valencia para su próximo partido contra el Benejúzar.

Así que he decidido volver a mi vida antigua, con mi capitán, con mi blog, con todos ustedes. Si ustedes quieren, claro.

Y si eso, que cambie Rita, que así como estamos estamos la mar de bien.

martes, 9 de diciembre de 2008

¿Buscas a Vicente?


Nunca pensé que diría esto, pero me aburro sin Vicente.

La última vez que lo vi se dirigía a la tienda de discos de la avenida Borbón, él nunca ha sido muy monárquico pero le gustan los discos de Marisol.

Ayer me acerqué a la tienda a preguntar por él, pero en la esquina me sorprendió un bulldog con gabardina enseñándome sus partes nobles (no olvidemos que estaba en la avenida Borbón, y allí a la pilila la llaman así, cosas de la nobleza...) así que decidí mantener una distancia prudencial, meterme en una cafetería y esperar. Me senté cerca de la ventana y de la puerta, para observar y por si tanía que salir corriendo sin pagar. Cogí un periódico y me casqué una siesta padre sobre las paginas color salmón, el camarero me despertó y me dejó sobre la mesa un cafe con hielo y un bocadillo de sanfaina, no lo había pedido así que pensé que era todo un detalle por parte de él. Mientras el señor con bigote de la mesa de al lado no hacía más que reclamar al camarero su bocadillo de sanfaina, yo me dediqué a mirar por el cristal de la cafetería a ver si averiguaba algo de Vicente. Quizás hubiera ayudado que el cristal hubiera estado más limpio, pero no logré ver nada que lo relacionara con él.

Después de fingir una llamada urgente salí del bar corriendo, esquive otra vez al bulldog que seguía allí en la esquina piropeando a la multitud y me dirigí hacia la oficina, era el último lugar donde se me ocurriría buscar a Vicente, pero teniendo en cuenta que la última vez que desapareció volvió con un hijo, esa era mi última opción a la desesperada.

Llegué a la puerta de la oficina y me percaté que no tenía llaves, nunca las había necesitado antes, yo soy más de bufetes y de bares nocturnos de carretera. Llamé al timbre una vez para no levantar sospechas, el casero tiene el oído muy fino y hace meses que debemos el alquiler. Al cabo de un rato esperando, tiempo para hacerme la manicura con un cortauñas de marca que acababa de encontrar por la calle, apareció Vicente, con su bata de andar por casa, su copita de coñac y su puro a medio gas. De fondo se oía la canción de Marisol "estando contigo" y una voz femenina que intentaba seguir sin éxito la letra de la canción. Me bastó una mirada y un movimiento muy sutil del pie de Vicente contra mi culo para entender que llegaba en mal momento, Vicente tenía trabajo...

Así que si echan de menos a Vicente, no le busquen por la oficina, que allí no esta.

Kapitán Rumikel

Pd. espero Vicente que no te moleste la intromisión, y si le molesta, pues escriba, escriba, que la audiencia le echa de menos! Desde aqui, y si alguien ha seguido leyendo hasta el final, les invito ha dejar un comentario para que Vicente se anime y nos deleite con una nueva entrega de Las aventuras de Vicente y el Kapitán RMK, venga que es gratis.

viernes, 14 de noviembre de 2008

El capitán en su minimundo (vol 1)



Ahora que las obligaciones laborales son inferiores voy a tratar de resumirles a ustedes una de las más importantes cuitas que les han acechado durante este tiempo que llevamos en el aire. Muchos de nuestros lectores, al cruzarse conmigo me solicitan que dé más datos acerca de la persona que me acompaña en mis peligrosísimas misiones que suelen consistir, por lo general, en salvar al mundo de rufianes ineptos que pretenden subyugar a la humanidad. Rutina, vamos.

Bien, comenzaré diciendo que el Capitán Rumikel nació en 1954 en el seno de una familia muy acomodada. Tan acomodada que no le cortaron el cordón umbilical por no levantarse. Su infancia fue feliz, y nos equivocamos si decimos que la pasó jugando. De hecho, a los 6 años se escondió tras un árbol para que no lo pillaran en el escondite y ahí estuvo con la mano en la boca para contener la risa hasta 1975, cuando lo llamaron a filas.

Para evitar la mili decidió enrolarse en la marina, creyendo, infeliz, que enrolarse tenía otro significado más picante y sobre todo, que la marina era la vecina que iba tan escotada al mercado.

Ya que estaba vestido de marinero, tomó la comunión y se embarcó en el portaaviones "¿Y por qué no van volando?", donde comenzó su exitosa carrera militar. Su mayor logro, por el que fue ascendido directamente de grumete a Capitán ocurrió durante una maniobra. El joven Rumikel estaba al mando de un timón de juguete que le habían dado para que no incordiara cuando tropezó y cayó sobre el timonel de verdad, que viró a estribor, con tan mala (buena) suerte que atropelló a David Meca, que en ese momento intentaba hacer una de sus peripecias que tanto interesan a todo el mundo (risas).

Recibido como un héroe y noticia en todos los periódicos serios y en La Razón, el Capitán Rumikel pasó a la reserva. Tras varios años en barrica de roble a temperatura ideal, fue embotellado en un tetra brick de don Simón que yo compré en una tienda de delicatessen porque soy un sibarita, pero también tengo una gran capacidad de ahorro.

Lo recluté para una de mis primeras misiones en la organización: quitarle la peluca a Carrillo. Mi anterior ayudante, el gran Massimoangello García había errado las anteriores 56 veces, no porque Carrillo fuese especialmente escurridizo, sino porque Massimoangello no sabía quién era el líder comunista y trataba de arrancarle el pelo a cualquiera que veía fumando Ducados.

El capitán no necesitó más de 15 intentos y tanto mis superiores como yo decidimos que había llegado el momento de hacerlo fijo. Y por eso probamos con él el rayo paralizante que tan mal nos había funcionado con Michael J. Fox. Tras trabajar como adorno en mi despacho 5 años consideré que era el momento de lanzarlo de nuevo a las calles. Sin embargo, siempre me lo devolvían. Así que no tuvimos más remedio que meterlo en nómina, desparalizarlo y enseñarle todo lo que sabía sobre la profesión.

Cinco minutos después comenzaba la historia de uno de los dúos detectivescos que más páginas de gloria ha dado a la investigación privada.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Crisis. Crisis. Crisis.



No quería tocar el tema, lo prometo, llevo tiempo intentando evadirlo pero finalmente he sucumbido a la tentación. La razón, muy sencilla: la crisis nos ha dado de pleno.

Estaba yo el otro día escuchando el último disco de Jarabe de Palo para ver si me aprendo algún estribillo cuando recibí una llamada en mi nuevo I-zapatophone. Era El Jefe (sí, sí, incluso yo tengo jefe) y quería verme. Así que subí en mi helicóptero y me dirigí al cuartel general secreto. Al llegar, intuí leyendo entre líneas en las palabras de su secretaria que no me esperaban buenas noticias:

- Pasa, pasa, que se te va a caer el pelo, mangarrán.

Sí, sé que he dicho que leí entre líneas y en esta frase sólo hay una, pero mis años detectivescos me dan para eso y para mucho más. Tampoco mucho más, pero algo sí. Sinceramente, me dan para eso y gracias. ¿Puedo ya seguir con el relato o van a estar cuestionándose mis palabras todo el día?

Gracias.

Cuando entré, El Jefe me esperaba con los pies encima de la mesa. De hecho, todo él estaba encima de la mesa. En su cuello llevaba una soga que colgaba desde el techo y trataba infructuosamente de quedarse suspendido en el aire con unos saltitos bastante ridículos, por cierto, para un hombre de su edad.

- ¿Me llamaba, Jefe?
- Hombre, Vicente, pase, pase. Me pilla ocupado, ya ve, pero lo dejaré para luego, no quiero que la última cosa que vean mis ojos sea usted.
- Pues usted dirá. Si me llama por los caramelos de la entrada que faltan, puedo explicarlo...
- No, no, los caramelos son lo de menos. Le llamo porque como usted sabe, el país, el mundo entero, anda envuelto en una crisis galopante.
- Algo he oído, por culpa de un tal Obama o nosequé. La verdad, sólo tengo sintonizado el Canal Teletienda y ahí los informativos no son muy exhaustivos.
- Bien. Pues la crisis nos ha afectado a nosotros. Y hemos tenido que tomar algunas medidas. Desde las más altas esferas de la organización se me ha pedido que le haga saber el descontento con usted debido a lo elevado de sus gastos, algunos de los cuales nos parecen fácilmente evitables.
- Pues me pilla en offside, porque mi vida siempre se ha regido por la austeridad, la no ostentación y el forofismo del Recreativo de Huelva.
- Mire Vicente, para ir al grano: debe tomar una decisión. O prescinde de su mansión en Aspen, o de los servicios de su mayordomo Benito, o del bolígrafo de 10 colores, o del capitán Rumikel.
- ¿El capitán? ¡Pero si él no cobra! Le recuerdo que trabaja día y noche a cambio de que le invitemos a un café de vez en cuando.
- Lo sé, lo sé. Pero se pone tanto azúcar en el café que hace tiempo que dejó de ser rentable.


Maldita sea, estaba en un verdadero aprieto. Tenía que tomar una decisión y no quería equivocarme. Así que repasé mentalmente los pros y los contras mientras físicamente bailaba una polca para entretener al Jefe. Por un lado estaba la casa de Aspen. Sí, me queda un poco lejos para ir y venir cada día, pero me gusta vivir en un lugar con un nombre que se preste a hacer gracietas como "¡Que me aspen si este no es un gran sitio para vivir!" o "¿Aspen sado lo bien que se vive aquí?" Así que no podía prescindir de ella.

Por otro lado, Benito, mi fiel mayordomo. Sin él nada sería lo mismo. Sólo de imaginarme una vida levantándome solo, haciéndome el desayuno yo mismo, duchándome yo, vistiéndome yo solo, defecando sin compañía, sin nadie que me pase las hojas del periódico ni que pasee a mi perro, sin nadie que llame a mis amigos y vaya a tomar cervezas con ellos en mi lugar, sin nadie que pague mis impuestos o que me cuente un cuento cada noche, se me pone la piel de gallina. Pero sin plumas.

En tercer lugar está mi bolígrafo de 10 colores. 10 colores. Con eso está todo dicho. Uno no ha llegado hasta donde ha llegado por casualidad. Quizás han tenido algo que ver mis informes a todo color con dibujitos, corazones en vez de puntos sobre las íes y arcos iris (o arcos írises, como se escriba) en los encabezamientos.

Y por último estaba el capitán. Mi capitán. Alguien a quien conozco desde niños. Los dos crecimos juntos en el orfanato al que me llevaban mis padres todas las mañanas. Habíamos vivido juntos una vida y ahora la maldita crisis trababa de separarnos.

Decidí llamarle:

- ¿Hola?
- Hola capitán, soy Vicente. Quiero hacerte unas preguntas.
- Desembucha.
- ¿Tiene algún sentido decir "que me rumikelen si no da gusto vivir aquí"?
- No.
- ¿Tú serías capaz de despertarme, hacerme el desayuno, ducharme, vestirme, acompañarme mientras defeco, pasarme las hojas del periódico, pasear a mi perro, ir a tomar cervezas con mis amigos, pagar mis impuestos y contarme un cuento cada noche?
- Lo de las cervezas sí. Lo otro, la llevas clara.
- Lo suponía. Una última pregunta: ¿sabes escribir a 10 colores?
- ¿Tú estás tonto o qué? ¿Para preguntarme todo esto me has llamado justo cuando en la tele dan la repetición de los mejores momentos de la misa de los domingos? ¡Enga hombre!
- Alea Jacta Est.
- Tu padre, por si acaso.

Unos minutos después salía del despacho de El Jefe con mi boli de 10 colores en el bolsillo, preparado para irme a Aspen, donde me esperaba Benito con la cena preparada. Al entrar en el ascensor para encaminarme al helipuerto de la azotea, un joven delgado con largos brazos, pelo corto, ojos azules y la camisa llena de logotipos de plátano de canarias se metió en el cubículo con el tiempo justo para que las puertas no le seccionasen ninguna extremidad.

- ¿Es usted Vicente?
- El mismo. ¿Y usted? ¿Le conozco? Su cara me suena.
- Soy David, su nuevo ayudante. Me mandan a sustituir al capitán Rumikel.
- ¿David?¿David Meca?
- Sí. La crisis, ya sabe, me ha obligado a aceptar este trabajo. Ya hemos llegado. ¿Este helicóptero es suyo?
- Sí, sí. Oye David, una cosa.
- Dígame.
- ¿A que no eres capaz de bajar y subir todas las escaleras del edificio en menos de dos minutos?
- Pero si son 56 plantas.
- ¡Va que te cronometro!
- ¡¡¡¡Vooooy!!!!

Y allá que se fue David. Desde el cielo, mientras el edificio donde has trabajado tanto tiempo se hace pequeño, piensas quién llegará antes abajo, o David o el boli de 10 colores que en estos momentos atraviesa nubes buscando el duro acero. Bien mirado, Benito ya es mayor y puede rehacer su vida en el gratificante mundo del cuero sadomaso. ¿Y quién quiere vivir en Aspen cuando tiene una casita la mar de mona en Vic?

Lo único malo es que la casa es del capitán. Pero él comprenderá que hay que hacer alguna concesión para llevar adelante mi nueva empresa de investigación detectivesca en la que él es el segundo de abordo.

Eso sí, ahora cobra en sacarina.

Por la crisis, claro.

La crisis...

martes, 28 de octubre de 2008

Grandes inventos de la historia: el folio en blanco.





Amigos, intelectuales varios, aunque sólo sea por un momento, quitémonos las gafas de pasta, bajemos la música free jazz de nuestros ipods, metámonos el cuello alto de nuestro suéter negro por dentro y sin que sirva de precedente, seamos sinceros: Guttemberg está sobrevalorado. 

Sí, queda muy bien decir que la imprenta fue un gran avance en la humanidad y bla bla bla, pero si antes no se hubiese inventado el folio en blanco, ¿dónde hubiese impreso (o imprimido, oh duda cruel)  sus historias? ¿Eh? ¿Dónde? ¿Eh? ¿Eh? ¡¡¡Contesten maldita sea!!!

En el folio en blanco. He ahí la respuesta a la gran pregunta. Todo está en el folio en blanco. Todo nace de ahí, desde el boceto para el prototipo de una nave espacial hasta la lista de la compra de Barak Obama. Sin el folio en blanco, la humanidad no sería lo que es hoy. Sea lo que sea, que ésa es otra.

¿Quién inventó el folio en blanco? Este humilde (a la par que elegante) escribiente ha estado buceando en los siempre obtusos caminos de la historia y ha realizado interesantes descubrimientos que ahora voy a compartir con ustedes. Nadie descubrió el folio en blanco, del mismo modo que nadie inventó el submarino, sino que fue un logro progresivo, con aportaciones de aquí y de allá. Es decir,  el submarino no tuvo sentido hasta que a alguien se le ocurrió ponerle puertas para poder entrar. Hasta entonces era tan útil como una piedra: sí, si lo tiras se hunde, pero ¿y? ¿para esto te hemos dado la subvención? ¿Quema la hoguera? ¡¡¡Pues haber inventado las puertas, estafador!!!

El primer dato relevante en el camino hacia el folio en blanco data del siglo XI d. C. (tomando a Cristo como al señor de la barba en la cruz, no a Maradona), en la pequeña localidad de Walesia el Sur, a escasos 12.300 kilómetros de Londres. Según parece, James Ribs, un científico pertinaz, llevaba más de 15 años intentando inventar algo que le sacase del anonimato (aunque, como ya hemos dicho, tenía nombre, pero la Historia es caprichosa y de vez en cuando nos sorprende con estas cosas). Algunos decían que era un adelantado a su tiempo, y la prueba es que probando probando había inventado la alfombrilla de ratón, el radar antiradares de la Guardia Civil y un método estadístico para acertar a las quinielas. Todo inútil en aquélla época. Y ahora, si se me permite apostillar, que sí que se me permite porque esto lo estoy escribiendo yo. Sólo faltaría.

Fue por casualidad. Mezclando pastas, virutas, coagulante y prensándolo todo para encontrar un producto que pudieras poner en la pata de la mesa cuando se te queda coja, inventó, así como si nada, el folio. 

Ni que decir tiene que James Ribs (desde entonces, Sr. James Ribs) se hizo famoso casi al instante. Todo el mundo quiso probar su invento y los folios se convirtieron en un producto de lujo que se exportaba a todo el mundo. 

No fue, sin embargo, hasta 500 años más tarde cuando en España, Juan Crisóstomo de Quinteros aportó algo al invento que lo haría aún más eficaz. Este zapatero de Lérida inventó el "tamaño folio", dotándolo de una comodidad de la que hasta entonces carecía por completo. Por poner un ejemplo, se han encontrado datos de folios de más de 52 kilómetros de largo. Claro, metan ustedes eso en un sobre. (risas) 

(Más risas, que ha sido muy bueno)

(Ji ji ji ji)

(Ya vale, que parecen ustedes yenas) Ya teníamos el folio. Y el tamaño folio. El 80% del camino estaba resuelto. Pero, ¿sabes cuando tienes algo que está bien pero que sabes que en el fondo (y no lo digo por lo del submarino) te falta algo? Pues sí, con el folio pasó lo mismo. Y tuvieron que ser los chinos, los malditos chinos, los que sacaran a los engreídos europeos del oscuro túnel en el que se habían metido para perfeccionar el folio tamaño folio. Sí, desde diversos lugares de la geografía continental se habían realizado propuestas: que si el folio tamaño folio con esencia de lavanda, que si el folio tamaño folio con cierre centralizado, que si patatín, que si patatán...

¿Y qué, qué me dirían si les dijese que nadie había inventado el canto del folio? Pues claro, almas de cántaro. Fue Lee Sun Park quien pensó que igual cortándolo en tranchetes podías aprovechar mejor el paquete de folios tamaño folio, porque hasta entonces sólo te venía uno. Y así fue como el folio tamaño folio con cantos (que cortan, sí, pero para lucir hay que sufrir) llegó a ser lo que es en nuestros días. 

Luego vinieron otros avances menores, como que el folio fuese blanco (en realidad, este avance no puede considerarse menor, pero es que durante el expolio nazi se quemó toda información relevante sobre este asunto, lo cual indica que el inventor del folio blanco debió ser judí0, y por tanto, se le ha dado menos importancia, no por lo de judío, sino porque no hay informes que lo demuestren. Me he liado, si no les importa, voy a cerrar este paréntesis antes de que se me acuse de antisemita, sea lo que sea el semitismo), también se inventó el folio blanco tamaño folio con cantos en los folios y que si lo miras al trasluz ves un galgo o el folio tamaño folio con cantos en los folios pero que no es blanco por vete tú a saber qué y le llaman reciclado. 

Pero vamos, que en esencia, el invento, el gran paso para el hombre y para la humanidad, estaba dado. La historia que viene después, todos la conocemos: el folio pasó en poco tiempo de ser un lujo reservado sólo a la aristocracia a democratizarse y llegar prácticamente a todo el mundo. Quevedo, Joyce, Capote, Cela, los guionistas de Escenas de Matrimonio, todas, prácticamente todas las grandes obras literarias de la humanidad han salido de un folio.

Quizás por eso, sólo quizás, esto lo estás leyendo en la pantalla del ordenador. 

Guttemberg, gilipuertas. Si no lo digo, reviento. 

martes, 21 de octubre de 2008

Renovarse o morir


Estos días hemos recibido bastantes cartas, correos electrónicos, mensajes en botellas, palomas mensajeras y yogures unidos con un hilo de lana en los que se nos animaba a renovar el blog más frecuentemente, pues llevamos un ritmo últimamente que da, como dice J. Pérezllopis de Calatayud "puto asco".

Nos ha hecho especial ilusión la carta de Luboslav Mladenov Spenkik, de Moscú, que con un acento andaluz que para sí quisiera Chiquito de la Calzada, nos decía:

Queridos amigos, desde hace un tiempo sigo vuestras andanzas vía internet. Me río mucho con vosotros, incluso he pensado varias veces en leer lo que escribís. Pero no me hago a la idea. Aquí en Moscú, la vida es muy fría. Sobre todo en invierno. Y sobre todo en invierno, y en la nevera. Y si vas en chanclas y bermudas, más fría aún. Por eso está bien imprimir vuestras historias, porque si enciendes los folios, te da calorcito.


Os escribo porque he notado que ya no sois los de antes. De un tiempo a esta parte noto cierta apatía en vuestro proceder y quería enviaros estas letras para daros ánimo: k, l, r, ç, w, h. A mí son las que de mejor humor me ponen. Y por si esto no fuera suficiente, os diré que he hablado con amigos míos que por circunstancias de la vida están viviendo en la costa levantina y he hecho un trato con ellos que veréis qué risa os da: si pasa una semana más sin que escribáis vuestras estupideces, malditos gañanes, recibiréis su visita y a golpe de palo de golf os romperan unas piernas.

Creo que este aliciente os servirá de motivación para poneros manos a la obra y volver a ser lo que érais.

Atentamente,

Luboslav Mladenov

Al acabar de leer estas líneas, una lágrima emocionada surcaba mis mejillas: me había vuelto a cortar un dedo con el canto del folio. Como sabemos que hay muchos luboslaves mladenoves por el ancho mundo, y como quiera que de otras cosas vamos bien, pero de piernas bastante escasos, hemos decidido renovarnos, que mola más que morir. Al menos, podemos hacerlo más habitualmente.

Y a ver si otros se aplican el cuento, ¿eh Miguel Bosé?

jueves, 9 de octubre de 2008

La belleza está en el interior.


Hay gente para todo. Menos para ver películas de Garci. Aunque tengo que reconocer que una vez vi un trozo de una. La parte de la izquierda de la carátula. Pero no es de cine ni de señores con barba (¿o no lleva barba Garci? ¿Qué lleva, qué diantres es eso?) por lo que he acudido a mi cita semanal con ustedes, sino para hablar de el desmesurado culto al cuerpo y a la belleza física que domina hoy la sociedad. 

Debido a mi profesión y a mis sedentarias aficiones soy un tipo que puede presumir de tener los músculos muy bien definidos: completamente fofos. Tengan en cuenta ustedes que la última vez que hice deporte estaban muy de moda los calcetines blancos con dos rayitas horizontales, una roja y una azul, en la parte de arriba. 

¿Adónde quiero llegar con esto? Pues no lo sé. Para serles sinceros, me he quedado atascado en el párrafo anterior y no se me ocurre nada gracioso para seguir escribiendo. Así que uso el truquillo aprendido en el curso de escritura para mequetrefes consistente es meter algo así como si fuera un pensamiento (¡un pensamiento! ¡yo!) en medio del relato y así haces tiempo mientras se te ocurre algo.

Ya lo tengo. Hay que ver lo bien que viene descansar de vez en cuando. Ahora lo veo todo mucho más claro, dónde va a parar.


Pues no, no sé cómo seguir.

Sé que quería decirles algo sobre lo mal mirado que está ser feo y asqueroso, sobre que la gente le da más importancia a que caigan chorretones de tu pelo y emitas un hedor corporal que tumbaría a las mofetas que a que te guste coleccionar aviones de papel. ¡Si es que nos quedamos en lo superficial! Y quería contar, a colación de todo esto, una anécdota divertidísima de un señor feo, pero feo feo, que le pasó nosequé que es que lo cuentas y todo el mundo se parte de risa, pero ahora resulta que no me acuerdo.

De hecho, no sé quiénes son ustedes y qué hago aquí. Y por qué estoy desnudo.

Lo que sí sé es que si se quedan en lo visual y no profundizan, si no dan una oportunidad al verdadero yo de las personas, puede que dentro de muy poco estén rodeados de top models y hombres musculosos, envueltos en vorágines sexuales y con el lujo y el desenfreno como motor de vida.

¿Y quién quiere eso, eh, quién lo quiere?

¿Eh?


¿Hola? ¿Hay alguien?








martes, 30 de septiembre de 2008

España se va a la mierda





No quiero ser un apocalíptico ni un agorero, pero creo que ha llegado el momento de que pongamos los puntos sobre las íes. Yes, ha llegado el momento.

Este país se desvertebra, se cae a pedazos, se hace añicos, se nos va al garete, sé muchos sinónimos, ¿eh?

En esta santa tierra que me vio nacer y que me verá morir salvo que fallezca practicando salto de altura o subiendo unas escaleras a saltitos, se confunde libertad con libertinaje, querer con poder y a un amigo mío también lo confunden muchas veces con el que hacía de malo flaco de “Érase una vez el hombre”. Y no me estoy refiriendo a la crisis de valores, a la crisis bursátil o a que del trinomio “Sexo, drogas y rocanroll”, lo tercero sea casi tan difícil de encontrar como lo primero.

No, señores míos, no. Yo siempre digo que a quien dios se la dé, san pedro se la bendiga. Pero como lo digo siempre, sin venir a cuento, pues la gente no me hace caso. También digo más cosas, los que me conocen bien lo saben, si es que hoy en día puedes decir que conoces a alguien. En cuanto te descuidas, te llevas una desilusión que ni Zaplana cuando descubrió que los rayos uva producen cáncer.

A lo que iba, ¿han visto ustedes la televisión últimamente? ¿Eh? ¡Contesten, maldita sea! ¿Sí? Bueno, pues ya está, ¿ven qué poco cuesta? Es que si tengo que hacerlo yo todo, apaga y vámonos.


A partir de ahora, lean esto a oscuras…


¿No se han fijado en que hoy día, el 99% de los productos que se anuncian en la tele sirven para lo mismo? Hay yogures, hay galletas, hay cereales, incluso hay zumos. Y todos sirven para lo mismo. Para cagar. Y perdonen que una persona de mi alcurnia, mi cultura, mi inteligencia y mi don de gentes se ponga tan escatológico, pero es que me hierve la sangre.

Ah, no, es que había vuelto a confundir la bañera con la freidora.

Ellos lo llaman de formas más sutiles: ayuda a tu regularidad, irás mejor, andarás mejor de ahí… No estoy en contra de este tipo de anuncios, siempre y cuando no nos muestren con pelos y señales (sobre todo con lo primero) cómo actúa el producto. Pero yo creo que es un factor fundamental para determinar el estado del país. Un país que no defeca es un país que no avanza. ¿O es que ustedes pueden estar más de un día sin ir a hacer de vientre? Sólo de pensar que por dentro estoy relleno de zurullos, me siento como un locutor de la COPE. Por no decir del retroceso cultural que ello supone: en los países sin hábitos cagamenticios se lee un 86% menos que en los países con ellos, aunque un 59% más que en los países en los que a la gente se le ha arrancado los ojos para gastarles una broma.

Algo falla, señores. ¿Qué les pasa? ¿Se puede saber qué diantres comen ustedes que no quieren soltarlo? Caguen, hombres, caguen, que eso es bueno, ayuda a relajarte, te congratula con el mundo, te enseña de qué ingredientes está compuesta la pasta de dientes y sobre todo, sobre todo, te muestra que la mierda, mejor soltarla por ahí, porque si no, luego sale por la boca cuando hablas por la tele, por la radio o en la barra del bar.

Y limpiarse así es mucho más difícil. Se lo digo yo, que de excrecciones sé un rato.