jueves, 29 de mayo de 2008

LA GOTA QUE COLMA EL VASO



Yo seré como seré, pero me gusta llamar al pan pan y al vino vino. Sí, sí, sé que ahora está de moda llamar al pan Juanbautista y al vino a los que tienen las pestañas blancas, pero yo soy de la vieja escuela. De los Maristas, sin ir más lejos. Allí me dieron la exquisita educación de la que hago gala en las recepciones a las que, debido a la importancia de mi cargo me invitan día sí día también. Y ésa es la razón por lo cual se me caducan siempre los danones en la nevera.

Todo esto viene a colación porque de alguna forma tenía que empezar el escrito y porque mi forma de ser me ha traído más de un sinsabor o como algunos lo llaman, más de una cervezasinalcohol.

Todo esto viene a colación porque con algo tengo que rellenar los segundos párrafos, que son los que peor se me dan y porque así puedo explicarles que estos días he estado más liado que la conciencia de Santi Santamaría.

Todo comenzó una fría y lluviosa noche de invierno, hace dos semanas. Estaba yo practicando una voltereta hacia atrás para mantenerme en forma cuando de pronto una llamada telefónica turbó mi concentración.

Benito, mi mayordomo, me dijo que era una señora, que quería hablar conmigo.

- Pues que me llame- le respondí.
- Eso ha hecho, señor. Lo que pasa es que contesto yo porque soy el mayordomo. Pero el teléfono es suyo.
- Y cuando quieren hablar contigo, ¿dónde llaman?
- A mi teléfono.
- Entonces, siempre que llaman a este, ¿es para mí?
- Sí, señor, aquí no vive nadie más.
- Está bien, puedes retirarte. Te haremos un partido de homenaje.
- Gracias señor. Aquí tiene el teléfono.
- ¿Dígame?
- ¿Señor?
- ¿Sí?
- Que eso no es el teléfono. Es mi mano. El teléfono está en la otra mano.
- Benito, me lías. ¿Hola? ¿Hola? Vaya, han colgado.

Ésa fue la gota que colmó el vaso.

Que alguien se atreva a molestar a una persona de mi importancia y luego cuelgue el teléfono como si tal cosa me irritó tanto que se me puso la cara roja. ¿Y si estaba pensando en algo? ¿Y si me hallaba a sólo unos instantes de resolver un caso?

La gente no tiene ningún respeto por nada. Ya no tenemos valores como los de antes. Como los que nos enseñaban en los Maristas, sin ir más lejos. Allí nos decían que si llamabas a alguien, tenía que ser por algo. Y que no se cuelga a la gente. Salvo que hayan pecado. Entonces sí, a esos malditos pecadores sí que se les puede colgar, sin dejarse llevar por la indulgencia. Si por ninguna otra palabra rara. Porque se empieza con un pecado pequeño, como matar a un señor bajito. Y se sigue por matar a un equipo de voleibol o plantear un referéndum para la independencia, y luego otro pecado, y otro y otro y ya es un no parar. Incluso se comenta que ha habido gente que no ha honrado a su padre y a su madre o que ha utilizado el nombre de dios en vano. Y ésa sí que es la gota que colma el vaso. Por eso yo cuando llamo a alguien, nunca cuelgo. Por eso y porque no tengo teléfono. Uso el de Benito, mi mayordomo, al que aprovecho para saludar.

Hola Benito. Esta noche sí que iré a cenar.

P.D. Por lo demás, todo bien.

jueves, 15 de mayo de 2008

Un poco de poesía

LA RESIDENCIA
(Extracto del capítulo del libro "Al final me muero. Mis memorias" escrito por el poeta Marcelo de Andrade, miembro poco conocido de la generación del 27)


Los años que pasé en la Residencia de Estudiantes fueron maravillosos. Sin duda, los mejores de mi vida. Entrar en ella fue difícil a causa a lo raquítico de mi historial académico anterior. Y no crean ustedes que ello se debió a que no estaba capacitado para las altas calificaciones. La razón fundamental de mi poca dedicación al estudio en mis mozos años fue que siempre pensé que entre un libro abierto y una bella mujer en la misma posición la segunda era preferible. Por decirlo de un modo más épico, seguir fiel a mis ideales repercutió negativamente en mis notas.

En fin, que con un cinco raspado de media en mis anteriores estudios pude entrar en la Residencia de Estudiantes, pero de F.P., situada justo al lado de la famosa, a la que accedía a la hora del recreo siempre que podía, pues allí se acercaban mozas en busca de algún eminente hombre de letras que le regalase los oídos con fermosos poemas.

A mí eso de la poesía siempre había parecido, hablando en plata, una mariconada de mucho cuidado. Pero uno es muy hombre y como tal, hace lo que sea por llevarse al catre una buena compañera. Para poder perfeccionar mi técnica con la pluma híceme amigo de Federico, que con garbo y salero me enseñó a rimar en el lago en el que pasábamos largas tardes. Al menos, a mí así me lo parecían, pues tengo miedo al agua y el vaivén de la barquita me producía vómitos. Pero era un esfuerzo que debía hacer por poderle echar a una muchacha unos versos como Dios manda. Bajo el amparo del granadino hice mi primer poema: "Mi vida sexual".

Sin saberlo, inventé el surrealismo.

Mi segundo poema fue un soneto dedicado a la sordera que titulé, con el gracejo que me caracteriza, "Sonetone". Y ahí empezó todo. A Federico y a mí se nos unieron Aleixandre, Dámaso, Alberti y otros artistas como Dalí, Buñuel, Picasso y Baremboin, que se fue distanciando del grupo porque tenía que volver cada día a su casa de Buenos Aires y quieras que no, uno no encuentra tiempo para quedar con los amigos. Si a eso le sumamos que aún no había nacido y que siempre que decía su apellido nos partíamos de risa, no es extraño que numerosos estudiosos hayan decidido no incluirlo en "Los Araña", que es como nos queríamos llamar nosotros en realidad y que fue cambiado por el de "Generación del 27", un nombre más comercial, por expreso mandato las editoriales de poesía que ya entonces ejercían su poder mediático con el que hoy dominan al mundo.

Fueron, sin duda, tiempos irrepetibles que la guerra seccionó en dos mitades a causa de una estúpida batalla fraternal que bla bla bla, pero que la historia volvió a poner en su lugar, aunque sólo en parte.

Y lo digo (sin rencor, pero lo digo) porque yo nunca tuve el reconocimiento del público, salvo cuando estuve a punto de entrar en la Real Academia de la Lengua y ocupar el sillón "ç minúscula cursiva". Por desgracia, me reconocieron y me echaron de una patada en salva sea la parte.

De cómo sobreviví desde aquel momento escribiendo libros para una presentadora de televisión es algo que podrán leer en el próximo capítulo.

lunes, 5 de mayo de 2008

MAYO DEL 68




Si bien mi aspecto actual indica que soy un hombre maduro al que el paso del tiempo no le ha restado ni un ápice de su atractivo o un niño con una severa enfermedad degenerativa que le hace parecer un hombre maduro al que el paso del tiempo no le ha restado ni un ápice de su atractivo, deben ustedes saber, queridos lectores y lectoras también queridas, que aquí donde me leen, yo he sido joven.

Pero no se confundan, amigos. No hablo de juventud como la entendemos ahora: seres unicelulares, con los pantalones medio bajados y pechos operados, practicantes de un excesivo culto al cuerpo y culpables del total abandono de sus capacidades intelectuales, con la única preocupación que encontrar a algún otro ser de su misma edad para, si es del sexo contrario, practicar el coito y si es del mismo, darse de golpes y/o practicar el coito.

No señora, los jóvenes de ahora no son como los de antes. Nosotros teníamos ideales bellos, nobles, universales, eternos. Admito que el fin último también era la práctica indiscriminada del coito, pero no me negarán ustedes que había maneras y maneras.

Retrocedan ustedes conmigo en el tiempo. Barcelona, mayo del 68. Tanto el Capitán Rumikel como yo éramos ya por aquéllos tiempos, unos líderes. Nuestro campo de actuación eran las aulas. Nos reuníamos los estudiantes de filosofía, literatura, historia, filología, derecho y nosotros, que en aquel entonces estábamos tratando de sacarnos el carnet de conducir B1.

El capitán vestía a la moda de entonces: no le faltaban las largas melenas, las patillas, los chalecos, las camisas floreadas y los pantalones de campana. En cambio, servidor, como siempre he sido una persona con estilo propio y no me dejaba influenciar por las masas, iba vestido con un tutú de ballet, sombrero de copa, lanza grecorromana, adusta mirada, bigote zapatista y una falda pantalón que, modestia aparte, me quedaba fetén fetén.

Pronto nos hicimos famosos en los círculos intelectuales por nuestras ideas revolucionarias. Por ejemplo, propusimos que en vez de correr delante de los grises, lo hiciésemos detrás de ellos, y que cuando se girasen, nos escondiésemos detrás de los árboles, para desorientarlos. Otra de nuestras aportaciones tenía que ver con una nueva concepción del amor libre, pero fue rechazada por estar demasiado adelantada a su tiempo y porque las mujeres no se atrevieron a dar el paso con la excusa de que “eso te lo va a hacer tu señora madre, listo de los cojones”. Estaba claro, España aún no estaba preparada para nuestras preclaras mentes.

Y esa fue la razón para que marcháramos a París, en busca de La Sorbona. Qué sorpresa nos llevamos cuando descubrimos que era una Universidad. Allí nos dejamos imbuir del pensamiento que estaba dando un giro copernicano a la historia contemporánea: leímos a Sartre, escuchamos a Bressons, vimos las obras de Godard… y nos decidimos: teníamos que aprender francés.

En aquel entonces, París era una fiesta. Recuerdo una noche, el Montparnasse, habíamos bebido más absenta de la cuenta. Brigitte Bardot acariciaba la entrepierna del capitán, pensando que era una foca. Yo, en cambio, hablaba con Picasso sobre el cubismo, el surrealismo y el puntillismo. En cambio, él se empeñaba en hablar de pintura. En eso vino Heminway y preguntó por Ezra Pound. “Se ha ido con Scott Fitgerarld, papá pitufo”, le dije yo. Me levanté dejando a Pablo con la palabra en la boca (eran tiempos de carestía, apenas teníamos para comer) y me fui andando por la orilla del Sena, acompañado de Carla Bruni, que ya por aquel entonces me parecía una buscona. De pronto, sin saber por qué, llegué a la plaza de Tian’anmen. Frente a mí, un tanque trataba de sofocar unas revueltas estudiantiles que protestaban porque los libros de texto estaban en chino, lo cual provocaba un alto porcentaje de fracaso escolar fuera de China. Cuando me di la vuelta, descubrí que estaba solo: ni Carla, ni Pablo, ni Proust, ni Camus, ni Ismael Serrano, ni Aznavour, ni Hinault… ninguno de los líderes de la revolución juvenil se atrevió a llegar donde llegué yo. De un puntapié rompí el tanque y fundé el movimiento punk.

Mientras tanto, el capitán había dado buena cuenta de Brigitte Bardot y se encontraba en plena discusión ideológica con un jovencito idealista y utópico llamado Jean Marie Le Pen. Tras aquella charla, cambió su opinión acerca de los extranjeros.

Cuando el capitán y yo cruzamos las miradas, un cóctel molotov sobrevoló nuestras cabezas. Algunas porras aterrizaron sobre las espaldas de nuestros camaradas. Con lágrimas en los ojos provocadas por la emoción y por el gas mostaza, entendimos que nuestra primera misión había concluido. Volvimos a España, que vivía los últimos estertores del franquismo.

Junto con unos amigos de las barricadas, nos hicimos cantautores, formando un grupo al que la historia puso luego en el lugar que merecía. Nos llamamos, en honor a nuestra juventud, Mocedades. Luego, problemas intestinos y la mala asunción de la fama por parte del resto del grupo nos obligaron a separarnos e irnos con la música a otra parte, creando ambos el prestigioso grupo “Sergio y Estíbaliz”, en homenaje a la canción de Jim Morrison “Riders in the Storm”. Nuestro sonido revolucionó de nuevo el espectro sonoro patrio.

La muerte del dictador, la aparición de los tocadiscos sonoros, la pérdida de las cuerdas vocales por parte del capitán en el casino de Torrelodones y la tristeza que supuso en mí descubrimiento de que la guitarra se tocaba por la parte de los seis hilitos nos llevó a dejar de lado la música y a buscar nuevos retos que nos permitiesen una vida más holgada.

Entonces, imbuidos por nuestras ideas anarco-comunistas, fundamos Alianza Popular junto a un amigo que conocimos en la playa de Palomares.

Y lo que pasó entonces, es la historia que ya todo el mundo conoce…

miércoles, 30 de abril de 2008

Sant Jordi


Manual del buen ladrón, lección 1:

"Los libros robados deben leerse de un tirón".


Post dedicado al gran Miguelón, que cumple años y sigue sin parecerlo.

lunes, 28 de abril de 2008

Flortografías (o un título aún peor)


Ahora que mis huskys siberianos se habían acostumbrado a tirar del trineo por las calles de Barcelona respetando las normas de tráfico, va y resulta que llega la primavera. Así que los dejé libres para que volvieran a su Siberia natal y yo me vine para casa dando un garbeo a la pata coja para hacerme el interesante.

Por el camino descubrí tres cosas muy interesantes:

a) Que con las subidas de temperaturas, las mozas y doncellas salen a las calles como dios las trajo al mundo, pero un pelín más vestiditas.
b) Que los huskys siberianos no saben esquivar a los autobuses de la EMT cuando van sueltos.
c) Que si entras en un bar y pides una caña, el Capitán Rumikel tarda menos de 2 minutos en aparecer por la puerta.

- Capitán, ¿qué haces por aquí?
- ¿Me invitas?
- Sí, sí. Camarero, un agua del grifo.
- Ahhh, qué sed tenía.
- Oye, ¿me estabas siguiendo?
- No, no, ¿por qué lo dices?
- Porque no es normal que cada vez que entre en un bar te encuentre y porque tienes un husky mordiéndote la nuca.
- Lo primero es casualidad pura y dura. Y lo segundo, llámalo equis.
- Equis, suelta al capitán. ¡Hale, busca! Capitán, nos conocemos. Sé que quieres algo. Desembucha.
- Este… Superintendente, necesito que escribas algo sobre la primavera. Es que he hecho una foto de una flor lila que te cagas y molaría enseñársela a la gente.
- Pero, ¿por qué no la pones en tu flick? De una flor no se puede sacar una historia. Ya sabes qué dice el refrán.
- ¿Qué dice?
- De una flor no se puede sacar una historia.
- Pues yo quiero que escribas sobre eso. Siempre escribes de lo que tú quieres. Sin embargo, si a ti se te ocurre una foto de un señor afgano, me tengo que ir allá con la cámara. No es justo. Al menos, págame el bonobús.
- Tienes razón, veré qué puedo hacer. ¿Quieres más agua?
- No, no, que he venido en lancha y ya casi no me quedan puntos.
- Haces bien. Oye, deja lo de la flor en mis manos. Intentaré escribir algo.
- Pero no hagas la típica historia en la que salgo yo, ¿eh? Es un recurso fácil que no merecen tus lectores. Imagina algo, piensa, estrújate las neuronas.
- Oye, ¿te digo yo a ti cómo has de hacer tus fotos?
- Sí.
- Sólo te dije qué botón debías apretar. El resto es cosa tuya.
- ¿El resto? La fotografía es eso: el arte de apretar un botón. Y más con una flor, que no se mueve, no sonríe, nada. Tú vas, la ves, miras por el agujerito, aprietas y ya está. Foto hecha. Si entras en mi flick, verás que soy monotemático.
- En eso tienes razón. La fotografía está sobrevalorada.
- Y la de flores, más.
- Y ahora con las digitales, quien no hace una exposición es porque no quiere.
- Malditos fotógrafos.
- Cabrones.
- He puesto tantos guiones que ya no sé si esto lo estás diciendo tú o yo.
- Lo estás diciendo tú. Yo estoy diciendo lo de este guión.
- Para que luego digan que la literatura es fácil. ¿Has visto alguna vez a un fotógrafo contando guiones?
- No, no, ellos simplemente hacen la foto y dicen que entre las olas del mar y el personaje se establece un diálogo interno que se entiende sólo con la mirada. Y se quedan tan anchos.
- Malditos fotógrafos.
- Sin ellos, el mundo sería mucho más sencillo.
- Y mil palabras valdrían lo que tienen que valer.
- Y yo no tendría que escribir sobre una maldita flor.
- ¿Tú? ¿Pero no tenía que escribir yo?
- Se me ha subido el agua a la cabeza.
- Anda, vamos, súbete a mi husky, que te llevo.
- ¿Es nuevo?
- No, es del huskying. Un servicio nuevo que ha puesto el Ayuntamiento.
- Eres demasiado local con tus gracias. ¿No ves que los que no vivan en Barcelona no lo entenderán?
- El humor, si es bueno, se entiende en todo el mundo.
- ¿Y?
- No, nada, por dejar claro ese punto.
- ¿Te hago una foto?
- No, no, que en primavera me salen granos.
- No hay forma de acabar este post.
- Córtalo de raíz.
- ¿Cómo a tu flor?
- ¡Ché, qué bien traído!

miércoles, 23 de abril de 2008

Una explicación a muchas cosas


Dénia, una tarde a finales de 1976. En el interior de una casa modesta, una mujer joven y bien reguapa acaba de limpiar los platos en la cocina (dónde si no). De pronto, una música la sorprende. Viene de otra habitación. La del niño recién nacido. Suena una guitarra y una voz de hombre que dice algo así como mocita dame un clavel, dame un clavel de tu boca, que paeso no hay que tener mucha vergüenza ni poca.

¡¡¡¡Dios mío, mi hijo!!! - grita, tan fuerte que todas las vecinas la oyen por el patio de luces y sacan sus cabezas por las ventanas para ver qué pasa con tanto alboroto.

A toda velocidad, la mujer corre por el pasillo y de un portazo abre la puerta de la habitación del querubín, que está llorando en su cuna. Mientras, un señor hecho y derecho (y bien reguapo, no se me vaya a enfadar), vestido de negro, con una capa de la que cuelgan unas cintas, unas mallas que dejan poco a la imaginación y una guitarra con pegatinas de la Universidad de Granada se muestra sorprendido ante la violenta entrada de la mujer.

- Mujer, ¿qué te pasa?

- Pero, pero, ¿se puede saber qué demonios haces con el niño?

- ¿Yo? Pues, tú... me dijiste que...

- ¡¡¡De cuna, te dije de cuna!!!

martes, 22 de abril de 2008

Culpa


La culpa es de las madres, que los visten como tunos.

miércoles, 9 de abril de 2008

Como niños


Ganar la maratón de Nueva York está bien, pero debo reconocer que un poco sí que cansa. Por eso, cuando acabaron los parabienes y el confeti me vine para casa dando una vuelta, me duché y me tumbé en el sofá, decidido a pasar la tarde sin otra ocupación que rascarme las gónadas que me compré en el bar de enfrente.

En eso sonó el teléfono. Era el Capitán Rumikel. Parecía exaltado. Siempre lo parece. Es un histérico, un exagerado, un maldito anormal que siempre llama a la hora de la siesta de doce horas. Pero la gente le quiere por cómo es por dentro y por el dinero que tiene y que se deja robar. Y porque siempre tiene cervezas en la nevera. Y la nevera en mi casa. Mientras pensaba todo esto que estoy escribiendo ahora, el Capitán hablaba y hablaba de algo que seguro que para él era interesante, pero que es obvio que para mí no, porque estaba pensando en esto que está leyendo el ínclito lector. Pero como soy un tío educado, decidí darle un poco de coba y, sin dejar de pensar en este párrafo, le comenté:

- Ajá.

(Viene del párrafo anterior del “ajá”) Y el tío, nada, dale que te pego, contándome algo que vete tú a saber de dónde se había sacado. Yo seguía tumbado en el sofá. Y viceversa. Tenemos una relación muy liberal mi sofá y yo. De pronto, mi increíble capacidad cerebral me permitió seguir absorto en mi yo interior y escuchar de soslayo unas palabras que me llamaron la atención por estar con los pies encima de la mesa:

- … y el muy zangolitino deslizóse zigzagueante entre los zánganos y las zarigüellas...
- Perdón capitán, ¿qué has dicho?
- A ver si prestamos un poco de atención, que mientras hablaba parecía que estuvieses pensando en los párrafos cortados por un ajá que hay ahí arriba. Te comentaba que “… y el muy zangolitino deslizóse zigzagueante entre los zánganos y las zarigüellas...”
- Ah, vale, es que había entendido que “… y el muy zangolitino deslizóse zigzagueante entre los zánganos y las zarigüellas...”
- Pues eso, he dicho que “… y el muy zangolitino deslizóse zigzagueante entre los zánganos y las zarigüellas...”.
- ¿Y para eso me llamas?
- Hombre, pensé que te interesaría saberlo.
- Pues no, no quería saberlo. Ya me has destripado el final. No quiero volver a verte. Al menos, no con esa camiseta sin mangas.
- Pues aquí termina nuestra relación. Es más, ahora mismo me coso la boca y así no te diré que en el blog de Ice Cream for an I Scream nos han nombrado uno de los 5 mejores blogs de la historia mundial. Y parece ser que el premio consiste en un viaje a Mahón con todos los gastos pagados para dos personas, seis millones de euros y dos quintos de cerveza.
- ¿San Miguel?
- Sí.
- Lástima.
- Ya.
- ¿Entonces qué, decimos que no podemos aceptarlo?
- Es que es San Miguel.
- Ya. Y mira que me hacía ilusión el premio.
- Y a mí, y a mí. Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
- Imagina que nos ve alguien bebiendo eso.
- Calla, calla, que aún nos oirá alguien y pensará mal.
- Ché, ché.
- ¿Y los otros cuatro blogs?
- Parece que a ellos les da igual. Han dicho que sí.
- Si es que la gente, por un premio es capaz de cualquier cosa.
- Son como niños.
- Nefecto.

Y nos despedimos, con la satisfacción de haber sido leales a nuestros principios. Qué dura es la vida del utópico, rediela, qué dura es.

miércoles, 2 de abril de 2008

El final más feliz de la historia de la humanidad



DAVID MECA: Te quiero. Y quiero irme contigo. Lejos, muy lejos. Donde nadie nos conozca. Y que nunca, nunca, se sepa más de nosotros. Imagina, sólos tú y yo, perdidos en un recóndito lugar de este mundo. Dejemos nuestros trabajos, dediquémonos el uno al otro. ¿Te vienes?


LUCÍA ETXEBARRÍA: Sí, quiero.

lunes, 31 de marzo de 2008

jueves, 27 de marzo de 2008

La vida de David Meca (1)


D.M: Mamá.
Madre de D.M: Sí hijo.
D.M: ¿Qué puedo hacer para no ser tan sumamente repelente y pesado, para que la gente no me odie y desee matarme y para no ser, en definitiva, el tío más imbécil del mundo?

Madre de D.M.: Nada, hijo, nada.

martes, 25 de marzo de 2008

El inconstante




Desde luego, tienen razón los que dicen que soy un inconstante. Y es que siempre lo dejo todo a medias. De hecho, yo era gemelos, pero sólo nací yo.

Mi vida no ha sido fácil. Quise ser jugador de fútbol, pero lo dejé cuando Michael Jordan y sus Nike Air. Luego pasé del básquet cuando me entró la vena punky, que dejé porque me dan miedo los alfileres. He sido católico, ateo, agnóstico a jornada parcial, budista, musulmán, nihilista y dependiente en unos grandes almacenes. Todo lo comencé con ilusión, pero al final lo dejé.

Tuve una época en la que quise ser escritor. Me apunté a un curso de narrativa, a uno de escritura creativa y a uno de mecanografía. Leí a los clásicos, a los contemporáneos e incluso libros que aún no se habían escrito. Pero no me decidía a escribir. Cuando no era por una cosa era por otra: que si no tenía papel, que si no tenía boli, que si ya estaba todo escrito, que si sin portátil no mola, que si este mundillo literario está corrompido, que si no sé escribir… Total, que lo dejé.

Y me vine a Barcelona con la ilusión de ser diseñador. Logré que mis padres se gastaran un pastón en un Mac y me plantifiqué en la ciudad del diseño. Me dejé coleta, perilla e incluso me dejé gafas de pasta. Me imbuí de diseño, supuraba diseño por los cuatro costados: Lucas, Juan, Mateo y Sur. Hice mis pinitos en el váter de la escuela de diseño. Pero acabé dejándolo, porque el diseño ya no es lo que era, hoy quien no diseña es porque no quiere, eso lo hace todo el ordenador y hasta el más tonto hace relojes.

Y me hice relojero. Pero lo dejé porque no tenía tiempo.

Y porque descubrí el maravilloso mundo de los blogs. Este mundo es maravilloso, tú escribes o diseñas lo que quieras, a la hora que quieras, y lo cuelgas. Y la gente entra, te dice cosas bonitas que aceptas y contesta, te dice cosas feas que borras de la lista de comentarios. Me lancé de lleno y creé no uno, sino quince blogs. Y me hice famoso, la gente me paraba por la calle: oye,¿tú eres el de los blogs? Y yo les decía que sí, les firmaba autógrafos y a algunos les daba azotes en el trasero, formando mi logotipo.

Vosotros habéis sido testigos de mi ascenso. Vosotros sabéis que no es que se me hayan subido las burbujas del éxito a la cabeza. Sabéis que sigo siendo el mismo de siempre. Pero que soy un inconstante. Por eso no escribo tanto. No porque no os quiera, no porque me aburra, no porque no tenga tiempo, no porque haya perdido los brazos en el casino, no. Es porque soy inconstante. Y me tenéis que querer así. Como soy.

Inconstante.


Estoy intentando quitarme, pero es lo único que no consigo dejar.

miércoles, 5 de marzo de 2008

VIVIR PARA VER




Desde luego, no se puede ser bueno. La gente es así, les das la mano y se te llevan el brazo. Y no lo digo por mi acceso de lepra, sino porque nos hemos visto obligados a incorporar en el programa político lo que llamaríamos “mano dura”. Izquierda, sí, pero dura. Ya está bien de tanto libertinaje, carambos.

Está claro qué es lo que quiere España, un partido de izquierdas que haga políticas sociales y progresistas que nos lleve al bienestar mediante la erradicación de un problema llamado inmigración.

El JPG en el anexo 2.8 titulado: “No somos racistas, pero…” nos hacemos eco de la preocupación que existe entre la gente ante la avalancha de señores y señoras de otras etnias que nos roban el pan y lo de dentro del bocadillo a los españoles. Y eso no puede ser, inmigración sí, pero hasta cierto punto. Hasta el punto, por ejemplo, de la frontera.

El JPG propone que todos los inmigrantes puedan entrar en España siempre y cuando se queden ahí, en el borde con Francia o en el estrecho, haciendo una muralla humana, entrelazando sus manos y cantando “somos ciudadanos de un mundo que necesita el vuelo de una paloma…” o cualquier otra canción de los Juniors. Así cuando pasemos por encima con el avión, los veremos ahí como hormiguitas.

Eso por lo que respecta a los que aún no están aquí. Para los que ya no nos podemos sacar de encima (los llamaríamos garrapatas, pero la corrección política y nuestro ideario izquierdoso nos lo impide) tenemos medidas de excepción. A saber:

- Los inmigrantes se dividirán en dos: los extranjeros y los moros/panchitos.
- Los extranjeros se distinguen por ser rosas de piel, tener dinero, calcetines, sandalias y chalets en la costa. Ellos son iguales a los españoles o incluso superiores, todo depende del dinero que puedan poseer. Si por un casual se quedasen sin dinero, pasarían a la figura legal denominada “puto guiri borracho” y sería expulsado del país tras haberle hecho tragar 5 litros de lo que ellos piensan que es sangría.
- En cambio, los moros/panchitos se distinguen por ser más morenos que nosotros, tocar instrumentos en las ramblas o pasar costo. Ellos serán tratados como culpables de algo salvo que se demuestre lo contrario. En este segundo grupo se centrará la labor social integradora del JPG.
- Todos los m/p deberán integrarse en la sociedad que les toque vivir. Los catalanes, que olviden hablar castellano. Los gallegos, que toquen la gaita y no contesten a las preguntas, aunque se las haga la policía. Los vascos, que sepan desactivar bombas lapa. Y los que estén en Valencia, que aprendan que allí sólo hay un partido: el PP.
- Para evitar el “efecto llamada”, los inmigrantes no extranjeros no podrán tener teléfono móvil ni acceso a las cabinas. Para no incomunicarlos, el Ministerio de Igualdad les dará dos yougures y un hilo de lana a cada uno, previo pago de una módica cantidad.
- Tema del velo: no estamos dispuestos a admitir discriminación ninguna por razones de sexo. Así pues, los extranjeros no tendrán derecho a sexo. Un problema menos.
- Para evitar la delincuencia, el JPG propone encerrarlos a todos durante un tiempo, basándonos en la creencia común de “algo habrán hecho”. Si durante este tiempo disminuye la delincuencia, no saldrán. Si aumenta, serán deportados para poder meter en la cárcel a los gitanos, que serán los que habrán cometido el robo para pagarse los vicios.
- Si por un casual, un moro o panchito resultase ser estrella del fútbol, subiría a primera división ciudadana y sería un ejemplo de integración, dejándole jugar en la selección siempre y cuando no se cambie la camiseta al final del partido, que no está la cosa como para ir dándole una cada semana.
- Los m/p tienen los mismos derechos que los españoles. Es decir: a pagar impuestos. Y los mismos deberes. Es decir: pagar impuestos.
- Los m/p pueden votar para no sentirse discriminados. Sin embargo, sus votos no serán contabilizados porque vaya usted a saber a quién querrán votar esos terroristas.


Estamos convencidos de que estas medidas alegrarán a las masas electoras que demandan más seguridad y que han visto cómo sus derechos se han visto reducidos por la llegada de gente de otros lugares. Que una cosa es no ser racista y otra dejar que vengan aquí a violar a nuestras hijas y sodomizar a nuestras mujeres.

De este modo, nuestros hijos podrán ir a las guarderías, no habrá tanto inmigrante en la cola de la seguridad social, no se apuntarán los moros al paro y eliminaremos el top manta.

Es decir: educación, sanidad, empleo y cultura. Qué, ¿somos o no somos de izquierdas?

viernes, 29 de febrero de 2008

Estamos en campaña




Queridos camaradas: el JPG va viento en popa. Según las últimas encuestas, somos la tercera fuerza política del país y nuestro líder está entre los más valorados por su familia, que lo encuentran de lo más reslao y un chico excelente, aunque sigue dejándose la habitación desordenada (tenemos que mejorar en ese aspecto para ganarnos el voto de las madres con hijos díscolos). Tengo que reconocer que aún estamos a mucha distancia de PP y PSOE, pero no tiramos la toalla, está prácticamente nueva y eso con lavarlo se arregla.

Desde que anunciamos nuestra candidatura no han parado de llovernos parabienes. Para que luego digan del cambio climático. El JPG ya tiene su propio batallón de famosos dispuestos a luchar por un cambio en la política del país. Jaimito Borromeo, Fernando Esteso, Karmele Marchante y dentro del mundo de la física y la química, personalidades como Pocholo o Maradona ya han dicho que podemos contar con ellos para la fiesta del día 9. Por supuesto, estáis todos invitados a ella. Se celebrará en el mismo sitio que la celebre el partido que gane. Como de presupuesto vamos escasos, nos colaremos en la fiesta y montaremos la nuestra propia sin que se den cuenta. Si nos veis por la tele, nos reconoceréis si os fijáis en estos detalles:

Si gana el PP: seremos los que no llevemos la banderita de España en el cuello del polo, no llevaremos pulserita hippy en la muñeca y trataremos de morrearnos con Espe aprovechando la efusividad del momento.

Si gana el PSOE: nos reconocerás por no llevar chaqueta de pana, estaremos robándole a Ramoncín la cartera para repartirnos su parte del canon y trataremos de morrearnos con Espe aprovechando la efusividad del momento.

Si gana IU: ja ja, ja, tenemos una gracia que paqué...

De todos modos, reconocemos que nuestra entrada en el circo electoral ha sido tardía, por lo que nuestro propósito es hacerlo lo mejor posible y dar la campanada en las elecciones de 2012. Esa sí que será una campaña dura: por el PSOE, Pepín Blanco, para aprovechar la cada vez más creciente cantidad de gente que vota en blanco. Por el PP, Zaplana, para aprovechar el tirón de Obama y ser el primer presidente negro. Y por Izquierda Unida, que no quede.

Y allí estaremos nosotros, debatiendo, dando besos, prometiendo menos impuestos y más derechos. Confiamos que por esos días la niña de Rajoy tenga ya 18 años. Y conociendo el talante del Capitán, no nos cabe la menor duda de que se irá calentita para casa...

Buen fin de semana. Nos vemos en los mítines.